Las empresas del Estado (feliz Navidad)

Las empresas estatales en México, en especial las relacionadas con la energía, cuya importancia económica y estratégica las hace insustituibles, tiene varias cosas en común. La principal, su estado ruinoso.

Petróleos Mexicanos, la apuesta mayor de este gobierno, es un desastre incalificable, se diga cuanto se quiera para disfrazarlo. Acumula una deuda en verdad impagable. Cientos de miles de millones de dólares cuyo pago será imposible mientras se siga aumentando el déficit financiero.

Lo más simplón en el caso de Pemex es achacarle la ruina a la corrupción, al sindicato y a la casta divina desde cuya incapacidad se condujo la empresa durante años. Pero eso es apenas una parte de la verdad. El problema radica en haber convertido a Petróleos Mexicanos en un cliente del fisco y ordeñarla hasta matar la vaca de las ubres de oro, o la gansa de los huevos dorados.

A la fecha nadie puede controvertir la decisión ya legendaria de haber expropiado la industria petrolera nacional. Ésa fue una reivindicación, no de los recursos o de la soberanía nacional sobre el subsuelo, sino de la capacidad de gobernar México desde México. Pero no fue una decisión económica, fue una postura ideológica y nacionalista. En buena hora.

 Fue una respuesta a la insolencia imperial; no un rescate de las riqueza nacional. No confundamos, no querrán aplicar las soluciones de ayer a los problemas de hoy. Los recursos del subsuelo ya eran propiedad de la Nación desde muchos años atrás. Y se habían consagrado en la Constitución de 1917.

Hoy —como estrategia para poner a flote las finanzas del gigante petrolero—, se quiere recuperar la producción de crudo cuando ya no hay tanto, pues los veneros se han agotado y secado. Y no se advierte en ese sinsentido el fondo del problema: exportar petróleo para el uso posterior en productos después importados, es un camino a la eterna condición  de exportadores de materias primas. No importa si son aguacates o chapopote.

Una nueva refinería cuando las existentes son carcachas de media capacidad (cuando bien les va), es prolongar el error. Si las existentes son insuficientes, excepto si se les repara, la nueva no tendrá capacidad. Sólo servirá para incurrir en una ilusión de desarrollo regional en el sureste, tan caro a los afectos y oriundez del Señor Presidente. Dos Bocas no refinará crudo, refinará discursos.

Y la negativa a competir en condiciones iguales en el mercado de la gasolina, lleva a la empresa a otro esquema de proteccionismo, a través del, dumping,  por el cual dislocará las nuevas reglas del juego internacional.

Y por cuanto hace a la Comisión Federal de Electricidad las cosas no son  distintas. Esa empresa —autocalificada “de clase mundial”, vil eslogan creado por una agencia publicitaria—, tiene una deuda monstruosa, aunque un poco menor de la de PEMEX.

La primera debe 3.75 billones de pesos y la otra 60 mil millones de dólares. Saque usted la calculadora, por favor.

Su condición de empresas paraestatales, sustituida por su definición de empresas productivas del Estado, es un chiste. Y malo.

Por eso estas palabras suenan  lindas, pero no se ve cómo convertirlas en hechos económicos tangibles.

“…Nosotros estamos pensando en fortalecer todo el sector energético. La inversión pública tiene como prioridad apoyar al sector energético, a Pemex, para tener petróleo, tener gasolinas, no estar comprando la gasolina en el extranjero y tener energía eléctrica… vamos a apoyar con inversión pública suficiente…

“…Ciento ochenta millones de dólares es el ahorro este año en la compra del gas para la generación de la energía eléctrica, porque ya no hay corrupción. Se va a acabar la corrupción. Me canso ganso”.

Y en cuanto a las condiciones laborales esta anécdota presidencial es digna de memoria y archivo:

Los petroleros ofrecieron subir la edad de las jubilaciones…”Y los mandé al carajo, lo que se hizo fue quitar los privilegios para los dirigentes, no aumentar los años de trabajo para la jubilación…”

Pero hay otros datos fuera de las jubilaciones.

“La demanda de electricidad en el noroeste y zona peninsular del país ha superado la capacidad de las líneas de transmisión. Ello ha llevado a que Quintana Roo, Yucatán y Campeche acumulen más de 200 días en condiciones de congestión, encareciendo en más de 25% el precio de la energía que se vende en el mercado. Con un presupuesto público 24.5% menor al aprobado en 2018, la transmisión eléctrica recibe en 2019 cinco veces menos recursos que los ejercidos en subsidiar tarifas eléctricas (CIEP).”

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

elcristalazouno@hotmail.com

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