La perversidad de los medios

Una y otra vez el Señor Presidente se compara con Francisco Ignacio Madero, a quien todos conocemos como el “Apóstol de la democracia”. Si Don Panchito fue el apóstol, ¿quién habrá sido el Cristo de la democracia?

Quien sabe, a lo mejor no hubo ninguno con tal estatura, al menos no en aquellos tiempos. Ahora sí, indudablemente.

Ha dicho con frecuencia Don Andrés Manuel: soy el más atacado desde los tiempos de Madero. Y en el encadenamiento de sus argumentaciones, siempre surge el fantasma golpista; como si la crítica –abundante, insistente, machacona o no–, fuera forzosamente el preludio del cuartelazo.

También nos ha dicho el Ejecutivo; si Madero hubiera tenido la defensa de las conferencias matutinas, como su “mañanera” nuestra de cada día, quizá hubiera impedido el golpe.

Pues sí, y si no hubiera nombrado a Huerta, y no se mete la embajada gringa y mi tía hubiera nacido con ruedas de triciclo…

Yo no se cómo reaccionaba Madero ante la crítica. Supe, por ejemplo, cómo trató a Ernesto García Cabral, quien lo zahería con el lápiz. Lo mandó becado a estudiar artes plásticas a Francia, donde “El chango” se quedó colgado de la rama cuando el dinero dejó de llegar. A algún monero de la 4 T le va mejor en la calle Madero.

Lo cierto en este extraño caso es la naturaleza de los señalamientos. Yo no he leído insultos en las columnas de los diarios en contra del Señor presidente. Sí he leído insultos muy soeces en las redes sociales, pero él a pesar de todo, las bendice.

Por eso su queja es contra la prensa, lo cual es muy extraño.

Si los medios impresos, prácticamente desplazados por los digitales, sobre todo ahora en los pandémicos tiempos del encierro son tan precarios en atención, tan escuálidos en circulación y tan rejegos al entendimiento de la Transformación, ¿por qué darles tanta importancia?

Total si son diez o quince orates con columna los obstáculos para la marcha nacional rumbo a la historia dorada del futuro regenerado, nada podrán contra esta nueva fuerza renovada y bien orientada de los días actuales.

“Porta inferi non prevalerebunt adversus eam”.

Bien podrían tirarlos de loco y dejarlos hablando solos. Total, si uno quiere información docta, equilibrada y bien escrita, pues ahí están todos los talentos moleculares y conexos de nuestro tiempo. Con esos basta.

Con facilidad se encuentran cosas notables, como esta, por ejemplo:

“(*)…Jesús M. Rábago publicó “El Mañana” dos veces por semana, entre junio de 1911 y febrero de 1913.

“El objetivo principal de la publicación fue “señalar en la historia, la época sombría de la democracia plebeya […], la pesadilla maderista que los malos, los perversos hijos de México, hicieron en ruina y agotamiento de la patria…

“Ciertamente el asunto no fue nuevo, Francisco I. Madero había sido criticado desde su papel de opositor e ideólogo de un movimiento creciente y sin futuro,] como economista nimio en asuntos nacionales] y embaucador de liberales, “mocho anti-Reforma, fingido amigo del pueblo, miserable delator de los revolucionarios”.[]

“Sin embargo, es durante el interinato de Francisco León de la Barra y a lo largo del periodo presidencial de Madero que, encubiertos en la libertad de prensa, los ataques velados, directos, descarados o insolentes de los diarios opositores se manifestaron plenamente…

“…La primera querella de “El Mañana” hizo referencia a un comunicado de la Secretaría de Hacienda, cuyo titular, Ernesto Madero, señalaba que no habría más subsidio a la prensa del país. La publicación de Rábago, después de tachar a los Madero de prusianos, apuntó: “los señores Madero [son] totalmente desconocidos en los gremios sociales, políticos y administrativos”, aunque estuvo a favor de frenar el dispendio de recursos… dentro de un régimen de moralización”.

Como se ve las cosas han cambiado poco. Cada etapa nacional va en pos de la moralización, cada tiempo tiene su dogma y su apóstol cada vez la prensa es un recurrente villano con la mirada puesta en la preservación de sus impuros intereses, cada ocasión le permite al político bañarse en agua bendita y alejarse de los azufrosos aromas de la maligna prensa.

Quizá a Madero lo tundían más, pero hasta donde he leído, se quejaba menos.

Así es la vida, así ha sido y quizá así será por los siglos de los siglos. Total, cuando de la faz de la tierra haya desaparecido tofo, hasta las cucarachas, uno de nosotros estará ahí para contarlo.

(*) Jesús Méndez Reyes.

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