La cruz es la mejor arma para matar… a curas que abusan de menores durante años

PARIS.- La cruz es un arma útil no nada más para alejar a los demonios.

Un joven identificado como Alexander V., de 19 años, fue el instrumento que utilizó a un sacerdote que había abusado de él durante años, desde que era niño.

El ministro católico fue identificado como Roger Matassoli y estaba asignado a la parroquia de Oise, en Aignetz (Francia) y sobre él pesaban muchos señalamientos.

Tantos como para haberlo movido de templo cuando era joven.

En 1957 “fue transferido en 1967 a Saint-André porque tocó a niños en su otra parroquia en Clermont”, revelaron varias fuentes confirmadas por la agencia Franceinfo.

Confesiones de violados y familiares suyos dieron algunos detalles de cómo actuaba Matassoli a lo largo de su vida.

Primero se ganaba la confianza de ellos o la de sus familias, a los primeros los veía en el templo o los llevaba a su domicilio donde se bañaban desnudos y los acariciaba.

O bien iba a los domicilios de los niños y ahí, tras comer y en confianza, los sentaba en sus piernas mientras les acariciaba los genitales.

UNA VIEJA DEUDA

En el caso de Alexander V., el joven que lo mató, la información disponible es que el Matassoli abusó de él cuando era niño y por su edad y locas fuerzas no podía defenderse.

Al momento del crimen tenía 19 años.

No se revela cómo ingresó al templo, tomó un crucifijo, torturó al cura de 91 años, intentó estrangularlo y al final le metió la cruz por la boca hasta acabar con su vida.

Luego huyó de la parroquia de Oise y al salir fue detenido por la policía, la cual fue enterada de inmediato sobre el crimen y montó una vigilancia para evitar la huida.

Aun así, Alexander V. abordó el automóvil del religioso, pero fue aprehendido justo cuando pretendía evadirse de la justicia, al parecer dolido por sus actos.

Al momento de ser interrogado, dijo que no recordaba nada.

Sin embargo, hay un antecedente: luego de las violaciones infantiles, cuando tuvo conciencia de ellos, intentó suicidarse y por ello se le recluyó en un hospital psiquiátrico.

Al parecer no quedó sanado, pues esperó pacientemente una venganza durante años y dispuso de un anciano indefenso, sin fuerzas y quién sabe si ya retirado de sus perversiones sexuales.

Lo sorprendente es la pasividad de la Iglesia Católica, en este caso del cuerpo episcopal de Francia, pues entre 1960 y 2000 se le acreditaron cuatro abusos.

Se le intentó procesar, pero precisamente el clero jerárquico salió en deanes suya con un argumento evasor: fueron “errores accesiásticos”.

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