El inútil intento de buscar un nuevo pacto fiscal y el equilibrio presupuestal de la nación

  • El deseado acto fiscal y las oportunidades perdidas
  • En 1989 pudieron crearse nuevas bases y acuerdos
  • La minería va a otra revisión por falta de productos

El 2 de septiembre de 1989 se abrió una gran oportunidad.

Como todos los años, ese día el presidente Carlos Salinas reunió a gabinete, gobernadores y jefe del Departamento del Distrito Federal (DDF).

Tras la comida en un salón aislado, todos pasaron a los jardines del restaurante San Angel In para los digestivos y tratar asuntos en corrillos.

Cada mandatario estatal se acercó con el secretario de confianza o al presidente para hacerle solicitudes de obras y giras.

Pedro aspe, secretario de Hacienda llevó un equipo de colaboradores para presentar un documento a los representantes estatales.

Era la extensión anual del convenio de coordinación fiscal.

Todos firmaron sin ver.

Inquieto y sin amigos en torno, el flamante gobernador de Baja California, Ernesto Ruffo Appel, veía a sus colegas.

Nadie se le acercaba.

-¿Usted también va a firmar sin ver? -le pregunté.

-¡No, qué va!… Yo sí lo voy a leer.

Todavía hablaba yo con él cuando llegó Pedro Aspe con una sonrisa:

-Gobernador, ¿cuándo se regresa a Mexicali?

-Mañana en el primer vuelo… es de madrugada.

-Hágame un favor –Aspe se puso serio-: váyase hasta la tarde y platicamos en la mañana en mi oficina.

Concertaron la hora, no gustó el convenio y negociaron otro.

Luego ese fue un problema y, ante la falta de recursos federales, Ruffo Appel utilizó el amago de romper con la federación si no le daban más dinero.

La relación fue tensa.

EL NUEVO MOVIMIENTO

Fue el primer riesgo de ruptura.

Después, ya Vicente Fox presidente, dos gobernadores –José Murat (Oaxaca) y Ricardo Monreal (Zacatecas)- lideraron la creación su Conferencia Nacional.

Uno de los reclamos era cambiar las reglas del reparto del dinero y, sobre todo, establecer un nuevo pacto.

Hasta convocaron a una Conferencia Nacional Hacendaria donde se habló de repartir 50 por ciento para la federación, 25 a estados y 25 para municipios.

Hoy, cuatro gobernadores –Miguel Riquelme (Coahuila), Francisco García Cabeza de Vaca (Tamaulipas), Jaime Rodríguez (Nuevo León) y Enrique Alfaro (Jalisco)- plantean lo mismo.

Suman adeptos pero vaya un pronóstico:

Dada la intransigencia superior, no habrá separatismo y puede ser otra oportunidad perdida para hacer de México una república federal.

LA MINERÍA EN ASCUAS

1.- Está por conocerse el fallo a favor de ampliar las operaciones de mineras en México.

La razón es simple: no nada más produce vidrios y metales para Santa Lucía, Dos Bocas y el Tren Maya, sino para gran cantidad de industrias.

Y una de ellas atañe a la salud: sus insumos son fundamentales para equipo médico, batas de doctores y enfermeras recubiertas de plata, barandales…

La prioridad del país es mayor a la presidencial

2.- Puede verse como un triunfo de Jaime Bonilla.

Clausuró a la empresa fabricante de respiradores artificiales Smiths Medical, de Tijuana, por negarse a venderlos al gobierno del estado.

Tras muchas negociaciones, la firma aceptó proveer al país y de esa forma contribuirá a salvar la vida a miles de mexicanos.

Y 3.- la matanza de periodistas lleva un ritmo de muerte.

El guerrerense Víctor Fernando Alvarez es el octavo comunicado caído en el presente año, lamenta y nos recuerda la Fundación Fernando Mora Gómez.

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