La tangente y el contingente

La tangente y el contingente

Por RAFAEL CARDONA

El tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha hecho uno más de sus ridículos en el siempre provechoso campo de la ambigüedad acomodaticia. Ha dicho, sí pero no; o viéndolo bien, no pero sí.

Rehusarse a juzgar los hechos y salir por la tangente en busca de una palangana para lavarse las manos como Poncio Pilatos, lo exhibe en la profunda necesidad de no meterse en problemas. 

Si la sanción impuesta por el Instituto Nacional Electoral a la candidatura de Félix Salgado Macedonio estaba alejada de todo derecho, bastaba con sentenciarlo de ese modo. Para eso son los tribunales.

Por el contrario, si ha estado apegada al canon, por muy severo y exagerado como este esa, también era suficiente con ceñirse al texto legal. Eso es lo jurídicamente correcto y no se necesita llegar a tan anhelada magistratura en un tribunal de término en tan delicada materia para saber leer y escribir.

Sin lo escrito después de estas interrogantes existe en verdad, todo lo demás es jugarle al Tío Lolo. 

¿Es Salgado Macedonio un candidato con trabajo de precandidatura? Sí.

¿Entregó sus informes de campaña? No. 

Entonces esto es suficiente. Regresar el proceso al Instituto Nacional Electoral, cuyo dictamen produjo la querella, es perder el tiempo o repetir como el estudiante lerdo:

–¿Me repite la pregunta?

Esto dice la ley. La pobre ley a quien todo mundo patea y viola, como si fuera novia del toro furibundo cuyas hordas avanzan desde Chilpancingo.

Artículo 229 (de la ley electoral). 

“3. Si un precandidato incumple la obligación de entregar su informe de ingresos y gastos de precampaña dentro del plazo antes establecido y hubiese obtenido la mayoría de votos en la consulta interna o en la asamblea respectiva, no podrá ser registrado legalmente como candidato. Los precandidatos que sin haber obtenido la postulación a la candidatura no entreguen el informe antes señalado serán sancionados en los términos de lo establecido por el Libro Octavo de esta Ley. 

“4. Los precandidatos que rebasen el tope de gastos de precampaña establecido por el Consejo General serán sancionados con la cancelación de su registro o, en su caso, con la pérdida de la candidatura que hayan obtenido. En el último supuesto, los partidos conservan el derecho de realizar las sustituciones que procedan”. 

Así pues, el TEPJF miente por la tangente.

Y los ofendidos morenistas, también, sueltan sus diagnósticos defitivos ante algo no definitivo todavía:

Dice Mario Delgado:

“Qué bueno que el Tribunal le corrija la plana y que no permita este robo que pretendían algunos consejeros empleados del PRIAN hacerle a nuestro movimiento. Vamos a tener en las boletas a Raúl Morón en Michoacán y a Félix Salgado en Guerrero”.

“No (le) pueden quitar la candidatura a Félix Salgado y a Raúl Morón por lo que ellos pretendían, supuestamente actos de precampaña que en ningún momento se registraron. Ahí están los hechos, unas cuantas publicaciones en Facebook de Raúl Morón y de Félix Salgado, que tienen que tomarse en consideración, estos hechos y sancionarse en proporción”.

La ley no habla de proporciones. Eso es otra falsedad. Si las publicaciones de Facebook o los mínimos actos de proseltismo costaron un peso, un peso debieron haber reportado.

No se juzgan los montos; se juzga el incumplimiento. Nada más.

Pero Morena, desde sus orígenes ha jugado siempre en el filo de la ley. Es una organización de masas sustentada en la movilización de contingentes y la compra de votos.

Su ADN es la protesta, la queja, el chillido, la victimización.

Por eso Mario Delgado dice: “…este robo que pretendían algunos consejeros empleados del PRIAN hacerle a nuestro movimiento…”

Pero Morena pide a Dios y pega con el mazo. Por eso la caravana de la protesta viene en camino.Por eso van a sitiar el INE como si fueran Calleja en Cuautla, sin un Morelos para defender la plaza.

Los consejeros no tendrían, en rigor, ninguna revisión posible. Podrán analizar lo analizable, como les manda el tribunal y llegar a la misma decisión anterior, tomada, supuestamente de manera ponderada, exacta, justa y a la letra de la ley. Lex dura lex

Si no lo hacen así, si se rajan del mero asiento y salen con su batea, solamente probarán la intenso y eficaz de las presiones y su debilidad para resistirlas.

Primero, las hordas de Salgado Macedonio, como tropas de Genghis Kan, y como remate, pronto, las auditorías y los congelamientos bancarios de la autoridad de Inteligencia Financiera.

Como dijo el filósofo, estamos ligeramente jodidísimos.

–p0–

¿Quién es, ante esos amagos, el guapo bien plantado incapaz de rectificar y negar hasta la cruz bendita?

LO vamos a ver muy pronto.

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