La embestida contra la educación amenaza la autonomía de las universidades y de la enseñanza superior

  • El adoctrinamiento amenaza a la educación superior
  • Su prototipo son las universidades para el Bienestar
  • Sin examen de admisión, sin cuota, sin certificación

Por JOSÉ UREÑA

Los profundos propósitos del cambio educativo agitan un temor:

Pasarlos de la enseñanza básica a la superior, a la universitaria.

La educación no será doctrina completa si no se incluye a normalistas, bachilleres y por supuesto doctorados y postgraduados.

Lo avizoran lentes lúcidas de UNAM, donde se acerca la sucesión del rector Enrique Graue Wiechers.

La carnada es pegadora: educación gratuita y universal, lo cual significa no cobrar siquiera cuota de inscripción ni exámenes de admisión.

En varias ocasiones el discurso presidencial ha atacado no nada más a instituciones privadas, sino a la máxima casa de estudios.

Su alma mater y otras de supervivencia pública donde existe el requisito acreditar conocimientos y prueba final para una profesión.

Otro elemento discursivo es la democracia y esa sacaría del control de la Junta de Gobierno de la UNAM la decisión de designar a su nuevo rector.

¿Cómo?

Por ejemplo, una consulta a la comunidad universitaria -maestros, alumnos, trabajadores- para ver a quién prefieren.

LAS UNIVERSIDADES PATITO

El modelo sería universal.

La tentación del poder -o los temores de académicos- parte de las llamadas Universidades para el Bienestar, encomendadas a Raquel Sosa.

Su norma es dar espacio a jóvenes y adultos excluidos de su derecho, subraya la leyenda oficial- de cursar estudios superiores y alcanzar una profesión.

No puede cuestionarse su regionalización: de septiembre de 2021 a junio de 2022 ese programa operó en 145 comunidades de municipios “en situación de vulnerabilidad, rezago o exclusión”.

Se han usado sedes alternas pero todas, indica la señora Sosa en reporte para el informe, “con el equipamiento básico de mesas, sillas y pintarrones”.

Hay un dato negro:

Para el ciclo pasado se registraron 32 mil 553 estudiantes, algo así como 13.4 por ciento menos del anterior y muy por debajo de la capacidad instalada: 126 mil 824.

Contra la estadística está la calidad y sobre ésta subraya la señora Sosa:

“No existe otro condicionamiento para registrarse en la sede que contar con bachillerato o equivalente terminado, cumplir con las actividades académicas y mantener relaciones de respeto de las instalaciones”.

Pero éstas son inexistentes en muchos casos.

¿SIN OPCIÓN PARA NOBEL?

1.- No son universidades ambiciosas.

Sólo hay 107 concluidas o en vías de terminarse con apenas dos módulos de aulas, núcleos sanitarios, auditorio y oficinas.

Otras 30 están al 18 por ciento.

Quién sabe a dónde irán esas universidades surgidas y tiene premios, reconocimientos y egresados muy calificados por no exigir aprendizaje calificado.

Tres de la UNAM, para no delirar: Alfonso García Robles, Octavio Paz y Mario Molina, los orgullosos premios Nobel mexicanos.

 Y 2.- las improvisaciones y los propósitos ahorros del gobierno han incrementado las responsabilidades de los maestros.

Hoy 29 millones de alumnos de enseñanza básica regresarán gracias a los reportes magisteriales sobre las condiciones escolares.

El SNTE de Alfonso Cepeda ha sido muy escrupuloso en esta labor y tanto educadores como padres de familia han sido solidarios en esta tarea.

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