El viento rugía, los árboles se doblaban, se fue la luz y fue rezar toda la noche… hasta que amaneció y se vio el desastre de Delta

CANCÚN, QR.- La fuerza de Delta inició como a eso de las dos de la madrugada de este 7 de octubre, y por mucho que estuvieras resguardado, causó temor.

Fueron horas de escuchar en silencio su rugir, su viento azotar maderas y ventanas, de observar cómo se doblaban y caían gigantescos árboles, apenas asomándote por lo peligroso.

Delta llegó, categoría 4 y se fue la luz, el Wi-Fi y los datos móviles.

Y de pronto, te quedaste solo ante el fenómeno y por mucha cultura de prevención, el no saber, es una sensación que solo sufre un sobreviviente de un huracán después de que para de llover.

La única opción es buscar sin mucho encontrar la calma y esperar, esperar, esperar, rogando al cielo que la furia del fenómeno no transgreda tu hogar y haya más destrozos.

Por fin amaneció, no hay luz, no hay Wi-Fi, no hay datos… y la incógnita de si estás en el ojo, de si ya se fue, de si regresa es algo que corroe a todos. Pero hay que seguir y sin apoyo de la autoridad –porque no se puede llamar al 911–, los vecinos vuelven a ser vecinos al dejar guardado el celular y salen a apoyarse.

Esta vez, Delta se dio el lujo de tirar un árbol gigante, tenía más de 20 años erguido, era el orgullo de la calle, la casa de decenas de pájaros y el que hacía bonita la vista. Con machetes, hachas y afortunadamente, una motosierra, se ayudaron los vecinos mujeres, hombres y niños.

¿Tapabocas? Ja al principio se sacaron, luego se olvidaron.

Había un solo objetivo: que tres familias dejaran de estar encerradas, el ramaje cubría sus puertas.

Sobre la avenida pasó una patrulla del Mando Único, lenta, pero sus oficiales como que no vieron “¡Se siguió de frente!, ¿cuál ayuda?”, lamentó un vecino, mientras los demás, como podían quitaban troncos y ramas, también colaboran niños.

Una reja tirada, basura, grandes charcos de agua… CFE

Por ahí dicen que alguien se enteró de que ya había pasado el huracán.

Nadie sabe nada. Otros comentaro que en las calles de atrás “les fue peor”, mientras en el cielo, gris, solo se observaba la velocidad con que pasaban las nubes y crecía la angustia de no saber.

La calma chicha tras Delta solo deja sinsabor, y el esperar, esperar y esperar hasta que restablezca CFE la luz a veces es algo agobiante.

Por la calle no se ven vans o camiones públicos, ni siquiera taxis y pues como los Ubers “son ilegales” dice Imoveqroo.

Lo único real es que estamos completamente acostumbrados al Internet y Delta nos ha recordado que hay otras formas de vivir y de reconvivir, al menos por unas horas.

Afuera muchos se pusieron a platicar, otros hasta se dijeron salud con barrilitos y conforme fue oscureciendo vino la desesperanza. Alguien vio pasar una camioneta de CFE pero nada. Otros, de plano, prendieron Noa luz de sus autos y la radio.

Puf miles de casas sin luz, se enteraron.

De pronto llegó el camión de basura. Ya era hora las bolsas se habían comenzado a acumular.

Y ya cuando todos habían perdido la esperanza. Vino un “aaaaahhh” como los de cuando el Tri mete un gol. Llegó la luz y los sobrevivientes del Delta retornaron felices a su móvil para ahora sí enterarse qué tantos daños había dejado Delta.

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