Creo que se llama IFETEL.

El 8 de mayo de 2020, un reportero preguntó al presidente López Obrador cómo evitaría que los neoliberales y la corrupción regresen al poder. En su respuesta, el presidente señaló que antes la corrupción no era parte de la agenda y que, en cambio, se hablaba de las llamadas reformas estructurales que simulaban en cuanto a la transparencia y la eliminación de monopolios, pero que desde luego no se avanzó. En referencia expresa al sector de las telecomunicaciones, el primer mandatario señaló que con la reforma en dicha materia “se creó también un organismo, creo que se llama Ifetel o algo así ¿no?”.[1]

Me llamó la atención que quien dirige este país se refiera de esta manera ­­–casi menospreciando– a un órgano del Estado mexicano, cuya estructura se supone debería conocer a cabalidad. Pero voy más, el problema no es que el presidente no conozca el acrónimo apropiado del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), lo grave es que dedique parte de su valioso tiempo –no es sarcasmo– para restar importancia a un órgano cuya autonomía deriva de la Constitución. En mi opinión, si tuviéramos que hacer un listado del legado positivo del sexenio de Enrique Peña Nieto, indudablemente habríamos de incluir la reforma en materia de telecomunicaciones aprobada. Dicha reforma introdujo importantes cambios para el funcionamiento de un sector históricamente monopolizado y que se encontraba regulado a través de la extinta Comisión Federal de Telecomunicaciones, un organismo que, entre sus muchas limitaciones, encontraba una de origen: su naturaleza de órgano desconcentrado de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.

La creación de una autoridad con la autonomía necesaria para tomar las acciones indispensables para marcar un viraje en el rumbo de un sector tan importante para el desarrollo de cualquier Estado y sociedad resultaba impostergable. Impostergable era la necesidad de que no fuese el ejecutivo federal quien decidiera a quien, y cuando se le asignaban concesiones de radio y televisión y, también impostergable, era la necesidad de un órgano con la experiencia técnica indispensable para regular una industria millonaria y ampliamente especializada. Por ello, la creación del IFT implicó un parteaguas para la dinámica de las telecomunicaciones en nuestro país.

El presidente incurre en un afirmaciones falaces y temerarias para demeritar la importancia de órganos como el IFT. Por ejemplo, en la misma conferencia afirmó que la creación del IFT no ha evitado que existan actores preponderantes y que tampoco ha logrado eliminar los monopolios del sector. Si bien la actuación del instituto ha dejado que desear en ciertos ámbitos de su competencia, es lógicamente incorrecto asumir que dichas deficiencias son un argumento válido en favor de su desaparición. Con todo y los errores que pudieran atribuirse al IFT, sería bueno recordar que, por ejemplo, el mercado de televisión abierta en México se concentró al menos desde 1972, año en el que Telesistema Mexicano y Televisión Independiente de México se fusionaron para crear Televisión Vía Satélite, mejor conocido como Televisa. Es decir, el presidente de la república estima que el IFT no sirve para prácticamente nada si en 6 años no logra eliminar un monopolio de casi 50 años de antigüedad. El primer ciudadano pasa de largo los datos sólidos que sugieren un abaratamiento en los costos de las telecomunicaciones en nuestro país. Hace apenas 4 años, el acceso a datos celulares era cosa impensable para la gran mayoría de los mexicanos; sin embargo, actualmente, es ya muy raro que algún mexicano no tenga acceso a internet y redes sociales desde su teléfono celular. Claramente la política regulatoria del IFT puede y debe criticarse, pues como todo, es perfectible. Sin embargo, su importancia institucional no debe juzgarse a partir de simplismos retóricos. La pretensión de que no necesitamos del conocimiento técnico para regular un sector tan especializado esconde, en primer lugar, una actitud profundamente soberbia, pues implica negar la necesidad de regular con base en evidencia y conocimiento sólido y, en segundo lugar, involucra involución: un retorno a un esquema superado, en donde las decisiones de política pública en las telecomunicaciones –con todos


[1] Versión estenográfica de la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador, disponible en: https://lopezobrador.org.mx/2020/05/08/version-estenografica-de-la-conferencia-de-prensa-matutina-del-presidente-andres-manuel-lopez-obrador-317/

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