Como Porfirio Díaz en 1883, López Obrador va a Estados Unidos con el sueñuelo de las inversiones

Con E.U., el insuperable valor del olvido oportuno

Por RAFAEL CARDONA

Hace apenas unos días, los Estados Unidos de América cumplieron doscientos cuarenta y cuatro años de vida. Durante ese lapso construyeron el imperio  más grande la historia humana. 

Conquistaron cultural y tecnológicamente el mundo entero y emprendieron el dominio del cosmos; llegaron a la Luna, se apoderaron de las comunicaciones satelitales; construyeron bases espaciales, impusieron sus costumbres y sus instituciones, su música, su cine y sus instituciones  y sometieron militarmente a la mitad del planeta. 

En esa mitad está México. 

Ulises Grant, quien sería el XVIII presidente de la República participó en la guerra contra México. Y lo hizo con apego al honor militar, aunque años después diría contrito:

“…No creo que haya habido una guerra más perversa que la que emprendió Estados Unidos contra México. Lo creía entonces, cuando era solo un joven, pero no tuve el suficiente valor moral para renunciar…”

Muchos años después de la guerra, en 1883, Porfirio Díaz fue a los Estados Unidos. Ahí fue agasajado por el gran general Grant a quien le dijo:

“…la simpatía que siente la república mexicana por su república hermana, la Unión Americana, se debe a los héroes de la industria que este país ha producido, héroes eminentes en la lucha que sostiene el hombre contra las fuerzas de la naturaleza…”

El viaje de Porfirio Díaz a Estados Unidos en el año dicho, fue promovido por las empresas ferroviarias, Missouri Pacific y Wabash. St. Louis and Pacific, y como toda actividad política sólo perseguía la creación de un ambiente propicio para los negocios. 

En ese tiempo la globalización no existía ni se pensaba en tratados trilaterales de libertad comercial, como ese cuyo inicio se pretende festejar, así sea con  la ausencia de una de las tres partes, lo cual comprueba y exhibe el pretexto para una visita cuya finalidad es el respaldo electoral de nuestra figura presidencial entre los votantes mexicanos emigrados.

Pero si Grant estaba  arrepentido de la guerra, hasta el punto de merecer palabras elogiosas de un general del país vencido, el actual presidente de los Estados unidos es un racista contumaz cuyas palabras de odio solo pueden diluirse entre la incongruencia y la amnesia.

”…Nosotros decidimos enfrentar la xenofobia y defender a los migrantes”; decía nuestro actual presidente en 2017, tras un recorrido por varias ciudades estadunidenses en la promoción de su libro “Oye Trump”, cuyas palabras no se han borrado.

Pero como no es igual repicar las campanas a caminar en la procesión; el Presidente de México dice hoy:

“…La verdad es que a nosotros nos ha ido bien en la relación, nos han tratado con respeto tanto demócratas como republicanos, de manera muy especial hemos contado con la colaboración y el respeto del presidente Trump y no es un asunto personal, no es cómo me trata como presidente de México, sino cómo trata a nuestro país, esto va más allá de la amistad…»

Pues sí, la política –lo dijo Winston Churchill, entre otros—produce extraños compañeros de cama. Todo se olvida cuando hay una razón suficiente para colocar el pragmatismo por encima de “tiquis miquis” como el patriotismo, la soberanía y otros valores trasnochados, inservibles e inútiles.

Se puede olvidar a los combatientes de una guerra injusta o a la ofensiva política de una campaña sustentada en la criminalidad de los mexicanos o la sumisión de su gobierno para contener la marabunta centroamericana con un ejército de seis mil o más soldados de la Guardia Nacional, sucedáneos de una fuerza de ocupación. 

Todo es posible en la simulación  política y la conveniencia. 

“…Quiero agradecer al presidente López Obrador de México por la gran cooperación que estamos recibiendo y por poner ahora mismo 27 mil  tropas en nuestra frontera sur”, dijo Trump. “México nos está mostrando gran respeto y yo les respeto a cambio… estamos usando a México…”

Así pues el presidente de México se va a Washington a recibir las palmadas en la espalda (seca, no mojada), del presidente de los Estados Unidos, quien  desplegará su “charming best”; lo mejor de sus encantos, para seducir no al visitante sino a quienes allá creen en él, y le pueden otorgar el voto en tembleque campaña electoral amenazada por 200 mil muertos de Coronavirus y más de treinta millones de desempleados, cuyo volumen echó abajo la ilusión del “mejor presidente de la historia americana”, calificado así por él mismo. como no.

De seguro volverá con una pelotita  firmada por los “Yanquis” de NY. 

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