Por Eleazar Flores

QUÉ TAL CUANDO SEAN-. En las reglas antiguas del periodismo, los maestros recomendaban “no meterse en la vida privada de nadie” con algunos “asegunes”, como el hecho de que él o los protagonistas no les interese ocultar o incluso sean los primeros en propalar o hasta presumirlo.

Este puede ser el caso de la boda de César Alejandro Yáñez Centeno Cabrera y Dulce María Silva.

Lo raro es que aun con la gran difusión del hecho en la prensa rosa, -incluso internacional-, el presidente electo todavía afirme que son los enemigos ajenos a su MORENA, quienes tratan de buscar, ¿buscar?, las fallas o el prietito en el arroz. Hasta los más cercanos colaboradores del tabasqueño saben que AMLO miente y todo por defender a su sempiterno jefe de prensa.

En honor a la verdad e incluso entre gente ajena a la política, nadie hizo el menor esfuerzo por enterarse de la boda del año de César Yáñez con Dulce María Silva la semana pasada, dado que como eficiente vocero desde hace más de tres lustros del hoy presidente electo, César supo desde antes, qué hacer para enterar a los medios de todo lo relacionado a la boda. Nada de imprevistos.

Conductores de noticieros radiofónicos, columnistas de diarios e incluso en algunos tiempos de televisión hablaron de es boda, por lo que nuestro presidente electo está un poco norteado cuando dice que algunos “buscan fallas” para atacarlos. Tantos reflectores tuvo la boda que el hecho de que el tabasqueño haya firmado como testigo de la misma, pasó a segundo término.

Procurando observar la vieja regla del periodismo de no meterse en la vida privada de nadie, aquí no se escudriñan antecedentes nupciales de la novia ni del novio, ni de la variada vestimenta de la contrayente. El acontecimiento seguro ameritaba todo, incluyendo el costo millonario del evento, estimado entre 10 y 13 millones de pesos según reportaje de la revista PROCESO.

Sin embargo es imposible marginar este espacio de la “boda política del año” pero mal pensado como es inevitable, pudiera ser que el resbalón de César Yáñez le afecte ante su jefe, tan amante de la austeridad republicana juarista cuya frase remata con la “sana medianía” en la vida. Sólo el tiempo dirá de qué están hechos Yáñez y López, de mentiras o de consistencias.

Esto porque si