Venezuela: ¿Qué sigue?

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El pasado domingo, en “Fórmula Fin de Semana” con Manuel Feregrino, (como bien lo apuntó Roberto López al principio del programa tuvimos “casa llena” y de lujo agregaría yo) desde Barcelona con escala en el Salvador donde estuvo realizando reportajes sobre Derechos Humanos, nos acompaño, Majo Siscar, colaboradora del programa; y también hubo oportunidad de escuchar in situ el testimonio sobre la situación imperante en su país, de Oliver Blanco, dirigente de Acción Democrática, partido Socialdemócrata venezolano, quien además de ser vocero en algún momento de la Asamblea Nacional, viajó a otras naciones para concitar apoyos, terminado en México; encontrándose con la sorpresa de que al pretender retornar a Venezuela, el gobierno de Nicolás Maduro no le permitió el ingreso. Paradójicamente, al día de hoy puede entrar a cualquier lugar del mundo, hasta que venza su pasaporte…menos a su propia patria.

Oliver describió la situación que se vive en Venezuela; el desabasto de alimentos y medicinas, este último que ya ha cobrado cientos, por no decir miles de víctimas que no pudieron continuar tratamientos de cáncer y VHS; la represión permanente de la protesta que ya ha rebasado el ámbito político para convertirse en una auténtica insurgencia social, con un saldo fatal de más de setenta muertos; a su juicio, la oposición a Maduro ha trascendido el terreno de los partidos, hoy –aseguró- es el pueblo el que está en las calles protestando; en lo jurídico precisó la ilegalidad de las decisiones adoptadas por el Tribunal Supremo controlado por Maduro, que por decreto canceló la facultad de legislar a la Asamblea Nacional aún ante la férrea oposición de la Fiscal General, que de ser funcional al régimen se ha convertido en puntual defensora de la legalidad constitucional; con énfasis destacó la intención de desaparecer el sistema democrático a través de la convocatoria a la “constituyente”, que totalmente manipulada y controlada, pretende formar un sistema de gobierno paralelo; se refirió también a los vínculos de amplios sectores del ejercito con el narcotráfico; en suma la narrativa de Oliver se asemeja a la de una guerra civil; finalmente ponderó la importancia de la solidaridad internacional y la posibilidad de que en la reunión de la OEA que se iniciaría al día siguiente –antier lunes- se llegara a adoptar una resolución que “llamara” –en términos diplomáticos no se utiliza el concepto “obligar”- al diálogo entre el régimen de Maduro y la oposición bajo supervisión internacional.
Ya en las conclusiones y coincidiendo con Omar Sánchez de Tagle que planteaba interrogante de cara al futuro; le expresé a Oliver mis dudas de que la reunión de la OEA saliera con cosas concretas, más conociendo la posición de Maduro que prefiere dialogar con los animales del establo y hacerle caso al “pajarito” que le habla asumiéndose como el espíritu de Chávez; le pregunté si tenían claro hasta cuándo y hasta dónde podrían resistir, así como cuál es la percepción que se tiene respecto a la posibilidad de un golpe de estado a Maduro, por parte de los sectores –se dice en voz baja- del Ejército, vinculados al chavismo histórico; o en su caso un autogolpe por parte del mismo Maduro, que se convertiría en un Pinochet –sin uniforme-; y ya para despedirnos me permití advertir lo interesante que sería –al día siguiente- ver debatir a nuestro flamante Canciller –nuevamente aspiracionista a la candidatura presidencial- y Delcy Rodríguez, Ministra de Relaciones Exteriores del gobierno venezolana.
Ya en la necia realidad del encuentro de cancilleres de la OEA presidida por Luis Almagro, la propuesta planteada al pleno por Luis Videgaray que expresaba “la profunda preocupación por la situación política, económica y social en Venezuela” denunciaba la “creciente violencia y polarización entre el gobierno y oposición”, llamaba al Gobierno de Venezuela a “respetar los Derechos Humanos y la separación de poderes, reconsiderar la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente” y proponía la reanudación inmediata del diálogo; a la que se sumaban Brasil, Colombia, Argentina, Perú, Estados Unidos –entre otros países-, no alcanzó los 23 votos necesarios, se quedó en 20; ocho países se abstuvieron, entre ellos El Salvador, Trinidad y Tobago, República Dominicana; cinco más votaron en contra liderados por Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Por su parte y antes de que fuera presentado y votado el proyecto de resolución, Delcy Rodríguez, la canciller de Venezuela, se retiró de la reunión advirtiendo que cualquiera que fuera –la resolución- su país la desconoce; agregó que mientras Venezuela sea un país soberano “no volverá” –a la OEA-, acusó de intervencionista y violador del derecho internacional a Luis Almagro actual presidente; defendió las facultades en que Maduro se apoyó para convocar a la “Constituyente” como única solución para superar la actual coyuntura; rechazó tajantemente que Venezuela atraviese por una crisis humanitaria, dijo “es la falsaria más grande de todas las más grandes e insólitas falsarias le excusa para proceder a la intervención, lo cual no permitiremos”.
Mientras esto ocurría en Cancun; en tiempo real, en Caracas, en un enfrentamiento de jóvenes con la Guardia Nacional, se contabilizaban un muerto y tres heridos; la marcha había sido convocada para protestar ante la sede del Consejo Nacional Electoral.
Como se advertirá la polarización de posiciones es total; aún sumida en el caos la Venezuela de Maduro, resiste amparada en la “diplomacia petrolera”; en el sentido opuesto, ayer Javier Lafuente y Jacobo García escribían en El País “El resultado es un fracaso para la diplomacia mexicana y su canciller Luis Videgaray. México se había erigido en los últimos meses como la voz altisonante de la región ante la deriva del gobierno venezolano, como antes lo fueron Argentina, Colombia o Perú. ‘En Venezuela no hay democracia’ dijo hace algunas semanas Videgaray, La diplomacia mexicana otrora capital en la solución de conflictos en la región, se quedó a las puertas de lograr una resolución histórica. No obstante, no logró siquiera recabar el respaldo al resolutivo de un país centroamericano como El Salvador”.
Por mi parte, considero que es un fracaso de todos, de las visiones excluyentes y maximalistas; de la diplomacia a rajatabla; en contraparte el pueblo venezolano seguirá aportando su cuota de sufrimiento, heridos y muertos, para que unos se cierren a cualquier negociación que suponga perder espacios de poder y otros sean candil de la calle y oscuridad en su casa; la gran interrogante es ¿Qué sigue en Venezuela?..
¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh

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