Cuando uno mira la poca eficacia con la cual, los seguidores de Juan Guaidó creyeron en una insurrección generada sólo por sacar de la prisión domiciliaria a Leopoldo López, cuya presencia iba a desatar una oleada incontenible, con fuerza para arrastrar a Nicolás Maduro al abismo, se da cuenta de lo inútil de la ingenuidad en este tipo de asuntos.

Organizar una rebelión o dar un golpe de estado no es cosa de párvulos. Y lo peor, un fracaso de este tipo termina fortaleciendo a quien se quería debilitar. Hay muchos ejemplos. Veamos:

(TS).- El 15 de julio de 2016, en Turquía, se llevaba a cabo un intento de golpe de Estado, que resultó fallido dejando muchas interrogantes abiertas dentro y fuera del país, sobre quién estuvo detrás del golpe y qué líderes políticos querían derrocar los conspiradores en caso de haber logrado el plan.

“El gobierno de Recep Tayyip Erdogan alegó que el plan golpista consistía en un intento de los seguidores de Fettulah Gülen de hacerse con el poder. Por su parte el líder Fettulah Gülen puso en tela de juicio la posibilidad de que fuera un golpe escenificado, no uno real, indicando que ha podido ser una obra de teatro para que Erdogan alcance más poder”.

Con cualquiera de esas razones hoy Erdogan es el hombre fuerte de Turquía. Sus enemigos han sido arrasados del mapa político; sus diferencias con Rusia se han aliviado gracias a su condescendencia hacia los dictados del Kremlin y el reconocimiento de la realidad geopolítica por encima de su cabeza.

En España, el 23 de febrero de 1981, la figura de un militar con tricornio y ademanes de zarzuela, con gritos de nadie se mueva y al suelo todo el mundo, marcó un intento de golpe militar reforzado en las cortes españolas contra la incipiente democracia de la era post franquista.

El grotesco intento, perpetuado por la imagen de Antonio Tejero, incorporó al lenguaje político la palabra “tejerazo”, como sinónimo de lo mal hecho, grotesco y canalla, ahí quedó con algunos ejemplos de dignidad heroica en contra.

Los pocos tiros, la falta de coordinación en un ejército de arrepentidos de última hora y una participación monárquica nunca aclarada del todo, frustraron el golpe y alentaron, hasta la fecha, a la democracia española.

En diciembre de 1990 El País publicaba esto:

“El coronel Eduardo Herrera, un antiguo oficial de las fuerzas de Noriega estrechamente vinculado con Estados Unidos, protagonizó ayer en Panamá el primer levantamiento militar contra el Gobierno de Guillermo Endara. La frustrada acción del golpista, fue controlada desde el principio por la intervención del Ejército norteamericano estacionado en territorio panameño”.

Antes, Omar Torrijos resistió un golpe cuando (cosas del tropicalismo caribeño), estaba en México viendo correr a su yegua favorita en el Hipódromo de las Américas:

(La Prensa) .- “…Rubén Darío Paredes lo recuerda bien. Junto con Armando Contreras y Demetrio Basilio Lakas acompañó a Torrijos a México…

“…El hotel Camino Real fue el escenario de la inusual reunión. En pijama, los militares fueron a la suite donde, según Paredes, hallaron a un Torrijos frustrado, pero con actitud serena, quien les narró toda la conversación que sostuvo con el coronel retirado José María Pinilla, quien era miembro de la Junta de Gobierno.

“Oiga, comandante Pinilla, ¿ustedes están seguros de lo que están haciendo?”, dijo Torrijos tras el anuncio.

“Pinilla ripostó. “Es que hay indicios muy fuertes, y confirmados por el servicio de Inteligencia norteamericano, de que está [Torrijos] entregado a las izquierdas… que es un procastrista y eso está preocupando al Departamento de Estado y a la sociedad en Panamá…”.

“Ustedes están cometiendo un grave error. Ese pueblo no soporta más improvisaciones, tiene esperanzas ambiciosas, ha estado muy mal guiado”, añadió Torrijos”

Torrijos volvió y años después el gobierno americano (Carter) firmó los tratados para devolver la soberanía del Canal de Panamá. Sin embargo, Torrijos fue asesinado tiempo después, en 1981, en un inducido accidente de aviación.

Hoy, cuando uno mira por la televisión las tanquetas antimotines y la blandura del discurso de Guaidó, se da cuenta de algo simple: sin una eficaz labor de organización interna, ni todo el dinero del mundo o las intervenciones del exterior, sirven para un golpe de Estado.

El tirano se fortalece con un pretexto más en la faltriquera.

HIROSHIMA

¿Y si de paso exigimos la recuperación de los cuerpos de la explosión atómica de agosto de 1945?

 

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