Vandalismo; paridad y culebras con brasier

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RAFAEL CARDONA

Los estallidos de violencia, en la Ciudad de México entre los cultos simpatizantes de Morena y los no menos ilustrados miembros del Partido de la Revolución Democrática –sillas voladoras, proyectiles, señoras infartadas hasta la muerte y demás lindezas– nos permiten avizorar un clima de alto riesgo para los siguientes meses, pues si esas pendencias pétreas (el mejor argumento es la pedrada), necesitan ser resueltas mediante la convocatoria a firmar pactos de civilidad entre incivilizados, las cosas no podrían parecer, ni ser peores.

Cualquiera podría decir con simplismo que se trata de choques entre antagonistas “ideológicos”, pero lo más insólito en todo esto es la identidad fundamental de unos y otros.

Son hermanos gemelos y llevan el mismo ADN.

Nacieron de la expresión callejera, de la leva de inconformes a la cual llamaron lucha social, falsos redentores a quienes Andrés Manuel López ha llamado “rebeldes con causa” y la expresión mayor de su rebeldía ha sido la violencia o al menos la presencia impuesta por la fuerza del tumulto, del montón; por la contundencia física. Son los fabricantes de bloqueos, marchas manifestaciones excesivas, plantones con los cuales media ciudad se paraliza hasta la desesperación. Así se han abierto espacio y logrado dominio en esta ciudad y en otros lugares del país.

De la toma de pozos a la toma del poder. Esa es la ruta.

Y hoy, entre ellos, se enseñan los colmillos y se tiran tarascadas feroces. Así son ellos, montunos y cerrilles, y a fin de cuentas inciviles, tanto como para recibir el paternal consejo del jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera quien les dice por favor pórtense bien, como personas civilizadas, educadas, respetuosas, todo lo cual se debería dar por hecho y descontado, pero no es así.

Estos mismos son quienes han hecho de las delegaciones (Imaz y Sheinbaum en Tlalpan, hasta en tiempos conyugales; Toledo y sucesores en Coyoacán) interminable botín en pos de cuya administración –y la de la ciudad entera con sus ciento sesenta o setenta mil millones de presupuesto jugoso–, pleitean a pedradas las tribus y ahora los partidos.

La lucha por la urna comienza con la lucha física por la calle, la plaza, la presencia, la campaña.

Son manifestaciones pacíficas, ha dicho siempre, pero eso es relativamente cierto. Cerrar una calle e impedir físicamente el paso de los demás es un acto intrínsecamente violento. Y de ese comportamiento Crónica sabe y ha padecido. A las puertas de esta casa editorial han llegado los mismos hunos al comando de los mismos Atilas (de bolsillo) a tirar tabiques y lanzar mentadas. Todos en la ciudad los conocemos.

Imponer una presencia para hacer o evitar un mitin es un acto intrínsecamente violento. Lo demás son matices leguleyos. La pactada civilidad, una pretensión.

Pero en otros campos la caldera hierve y la presión sube.

El Instituto Nacional Electoral, celoso de la equidad en las contiendas, se pone igualitario hasta en asuntos donde no hay contienda, y les dice a los coligados del PRI, el Verde y el Panal, no le pueden poner a la alianza ni el nombre ni el apellido de su candidato presidencial ( el señor Meade), pues eso actúa en contra de quienes dentro de esa misma agrupación buscan posiciones legislativas o de administración, lo cual es una maravillosa forma de ponerle brasier a las culebras, afán en el cual el señor Benito Nacif, director de prerrogativas del INE, se ha doctorado “magna suma cum laude” y demás distinciones, pues ¡ah!, cómo le gusta el cuento, y severo les da a los “meadistas”, un plazo de diez días para cambiarle de nombre a la mentada sociedad de emblemas partidarios.

Y desde su esquina neutral el consejero presidente, Lorenzo Córdova, advierte con un muy visible dedo admonitorio: aplicaremos la ley sin distinciones, sin excepciones, sin condiciones. Lo mismo a los independientes o a los partidos registrados.

Implacables, severos y serenos, serán en esta contienda los organizadores electorales, los árbitros y nadie saltará por encima de las trancas.

Obviamente el vandalismo urbano nada tiene en relación con la autoridad electoral nacional, es un asunto local, urbano de la CDMX, pero nadie puede ahora garantizar su inhibición en otros casos en los cuales las esferas entre lo electoral y lo vandálico se rocen en perjuicio de la tranquilidad pública.

Hasta ahora nadie ha procedido legalmente contra los rijosos.

¿Quién se atreverá, por ejemplo, a detener a algunos de los precandidatos o candidatos por la violencia de sus simpatizantes, como en una época ya pasada fue encarcelado, en plena campaña, el señor Luis Humberto Álvarez (PAN) quien le disputaba el poder a López Mateos?

Recordemos.

(La política, júbilo y esperanza. FCE.2014):

“…En 1958 contendió (LHA), por esa fuerza política para la Presidencia de la República. Su campaña sufrió hostigamiento; en Chihuahua asesinaron a un joven activista de su campaña y durante su paso por Zacatecas, fue detenido y pisó la cárcel por el ‘delito’ de ser candidato de oposición.

“En 1983, fue electo presidente municipal de Chihuahua, cargo que desempeñó hasta 1986. Durante su gestión como alcalde, realizó una marcha por la democracia, que comenzó en su estado y terminó en Querétaro. En esa movilización pacífica denunció cambios sesgados a la legislación estatal en materia electoral…”

Pero ahora sin otros tiempos. Por fortuna, dirían algunos; por desgracia pensarán otros. Pero las cosas son así y así seguirán, de tumbo en tumbo, de ocurrencia en ocurrencia, mientras la realidad se expresa en el más duro y cruel de sus lenguajes: la sangre, el reguero de cadáveres por todas partes, pues cuando no son diez aquí, son cinco allá y la cosecha de los fiambres (diría Mike Laure), nunca se acaba, nunca se acaba…

Mientras tanto, con aplicación y dedicación, los “independientes” se acercan a la meta: reunir los casi 800 mil simpatizantes con cuya firma garantizarán su honrosa condición de candidatos ciudadanos a la Presidencia de la República, y con ella –en algunos casos–, una beca vitalicia, un honor dudoso pero eficaz, en un país donde cacarear el huevo es tan importante como ser gallina.

Después de un arranque incierto y suspensivo, quizá para no hacer tan evidente el éxito de los acarreos virtuales derivados de sus muchos años en el PAN y simular (como en el Teletón, el riesgo de no llegar a la meta), la señora Margarita Zavala de Calderón nos entrega, por fin, como regalo de reyes, la noticia de su gozo infinito: ya tiene las firmas, ya tiene los registros, ya puede ir a ver a Lorenzo y decirle aquí estoy, mira nada más.

Al menos eso decía al periódico de ayer:

(El financiero).-“A 47 días de que concluya el periodo para que los aspirantes independientes a la Presidencia reúnan los apoyos para obtener su registro, Margarita Zavala registra un avance de 94 por ciento de las más de 866 mil firmas que necesita.

“El último corte del Instituto Nacional Electoral (INE) sobre el avance de los independientes reportó que la exprimera dama suma 814 mil 572 apoyos, distribuidos en cinco de las 17 entidades, de los cuales ya han sido identificados en la Lista Nominal 544 mil 442.

“De acuerdo con el reporte, la exmilitante del PAN todavía necesita reunir 96 mil 734 firmas y cumplir con el requisito del uno por ciento de la Lista Nominal de otros 12 estados, pues hasta el momento alcanzó el 100 por ciento en Aguascalientes, Campeche, Colima, Chiapas y Oaxaca.

“Por su parte, El Bronco registra un avance de 157 por ciento, con un millón 359 mil 49 firmas, de las que 742 mil 577 se encuentran en la Lista Nominal”.

Pero os magos de Oriente han sido benévolos con los independientes quienes son, como todos sabemos, la esperanza de la democracia, pues cuál sería el destino de México sin Margarita o El Bronco. Ya no digamos del Jaguar o Ferriz, Dios guarde la hora de vernos sin ellos en las boletas.

Por ahora dispensemos la mirra y el incienso; llevemos el oro y elevemos, para quedar bien con las feministas, una protesta de principio de año:

–¿No se dan cuenta cómo la Natividad, la leyenda de los Magos y la rosca misma de Reyes incumplen con la paridad de género?

“El niño en la rosca…”, ¿y la niña cuando?

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