Un hombre sabio

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El domingo se celebra el “Día del Padre”. Si bien no faltan quienes asocian estas festividades con cierto aroma de mercadotecnia, al igual que otros festejos; en lo personal me parece justo que por lo menos un día del año, aún por inducción, reflexionemos sobre el ser humano que aportó el 50% de su ser para que nosotros andemos transitando por la vida. Sin duda, cada uno de nosotros tiene su propia visión de su padre; los hay quienes los perdieron a corta edad y no pudieron disfrutar de su presencia; no faltará quien solo conserve su figura en la bruma de los recuerdos, por no haber convivido con él, por alguna de las tantas razones que en ocasiones solo son sinrazones; otros más afortunados pudimos abrevar de su sabiduría, compartir una a una las diferentes etapas de nuestras propias vidas, en la que, en ocasiones discrepábamos de sus consejos, esa etapa en que pensamos que nos podemos comer al mundo sin consecuencia alguna; no faltó el tiempo en que, incluso llegó a incomodarnos su presencia en virtud de que ya nos sentíamos “grandes”; para luego, con el transitar de los años reconocer cuánta razón tenía, al advertirnos sobre algún riesgo.
Pasados, los años, generalmente tarde ya, en ocasiones cuando ya no se lo podemos decir, por lo menos en esta vida terrenal, es cuando alcanzamos a comprender la dimensión de su ausencia, el vacío que nos dejó su partida, la falta que nos hace su sonrisa, la palabra de aliento; en este contexto, viene a mi memoria una noche de lunes de aquellos los ochenta; llegamos tres amigos al Stelaris del Fiesta Palace donde se presentaba Raúl Vale, por ser lunes había poca gente; esperamos un rato para que saliera al escenario, pasaba el tiempo y no salía; finalmente apareció, tomó su guitara y con una inocultable expresión de dolor y tristeza, comentó que horas antes le habían comunicado de la repentina muerte de su padre; imposibilitado para partir a su país de origen, como homenaje le había compuesto una canción, que quería compartir con los escasos bohemios de aquella noche y sin más comenzó a cantar:
“Cómo recuerdo cuando de niño, siempre contaba, siempre contigo, y yo pensaba…que hombre más sabio, que tanto sabe, que es tan amigo. Y me llevaste por tu sendero, que poco a poco hiciste camino, con la paciencia de tu experiencia, me fuiste dando tu mejor vino. Y poco a poco te fui aprendiendo, y saboreando tu mejor tiempo, de tus consejos me alimentaba, de tu sapiencia todo tomaba. Se me hizo largo el pantalón, y de repente algo cambió, porque pensaba que a veces te equivocabas. Yo fui creciendo y ya de joven, mi pensamiento no te encontraba, no era tu época, no era tu orden, yo no sabía que te pasaba. Así seguimos algo lejanos, para mi forma de ser no te entendía, para mis años tú eras anciano, tú no podías entender lo que quería. Y así estuvimos por algún tiempo, yo fuego joven tu en el invierno, y al caminar solitario ya mi sendero, volví a sentir necesario algún consejo. Y empecé a darte la razón, necesité tu comprensión, volvió de nuevo la brisa a unir al viento. Y ahora que quiero contar contigo, y platicarte que estoy siendo tú mismo, ya no caminas mis pasos porque te has ido, qué tarde vine a entenderte mi sabio amigo. Solo deseo, poder tener la virtud, con el correr de los años y el rumbo fijo, poder llegar al final, pudiendo ser como tú, UN HOMBRE SABIO PARA MIS HIJOS”; Raúl Vale concluyó y todos llorábamos en silencio; conceptos válidos en cualquier tiempo, los suscribo a plenitud, cuánto te extraño querido amigo.
Historias de vida en las que un padre llega a cualquier sacrificio por sus hijos las hay desde el principio de la humanidad; en particular viene a mi memoria “La Vida es Bella” una película basada en una historia real; es 1945, Guido y Dora tienen un pequeño hijo, Giosue, son felices, tienen una librería y ella es profesora; el día del cumpleaños de Giosua son detenidos por su origen judío y enviados a un campo de concentración, el resto de la familia es enviada directamente a la cámara de gases; Guido oculta a su hijo la terrible situación haciéndole creer que solo es un juego en el que hay que ganar puntos, el premio un tanque auténtico; una noche se presenta una gran confusión, en realidad los alemanes se están retirando ante la llegada de los aliados, pero antes comienzan a fusilar a todos; Guido esconde a Giosue y para distraer la atención y salvar a su hijo, se pone a marchar y es fusilado”.
Mi padre murió hace casi dos años, no pude acompañarlo más que a la distancia, es el único dolor que no olvido ni perdono; fuimos grandes amigos, lo recuerdo siempre optimista, le gustaba cantar, Quiza, Quiza, Quiza, era su preferida, con ella enamoró a mi madre; de nobleza probada, con el padre José Miguel Pérez García y otros notables del barrio de la Merced fundaron “La Ciudad de los Niños”; trabajador incansable, con él conocí y me enamoré de nuestro mágico estado, vendiendo “dos jabones por un peso” en calles y plazas públicas; cuando bajábamos o subíamos de la región de Tuxtepec siempre le encantaba detenernos en Cerro Pelón a contemplar los amaneceres; cuando andábamos en la costa prefería –así lo llamaba- el “Hotel Cuatro Vientos Cuarto Número Sin Cobija”; colaboró con el Ingeniero Jorge L. Tamayo en la Papelera Tuxtepec atendiendo las relaciones con las comunidades; luego fundó con mi hermana y hermano un Laboratorio de Análisis de Suelos del que fue Director hasta el final; amigo de afectos y lealtades absolutas no le conocí adversarios; dos eran sus consejas recurrentes “la mayor parte de nuestros fracasos nos vienen por querer adelantar la hora de los éxitos” y creyente siempre “Cristo y tú mayoría aplastante”.
Por eso y por muchos más, amor y honor a nuestros padres; a los de ustedes, a los de todos, por siempre y para siempre; y decirles evocando al trovador “solo deseo poder tener la virtud, con el correr de los años y el rumbo fijo, poder llegar al final, pudiendo ser como tú, un hombre sabio para mis hijos”…
Es Viernes ¡hoy toca! Diría Germán Dehesa..
¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

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