Por Eleazar Flores

ANSIAS DESMEDIDAS-. Olga Sánchez Cordero, la afortunada pensionada con un cuarto de millón de pesos al mes, más lo que gane a partir del primero de diciembre, como egresada de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es amante del derecho, pero lo viola a las primeras de cambio.

“El presidente electo”, dijo refiriéndose a López Obrador, en una de las muchas entrevistas dadas el día de ayer. Olguita sabe muy bien que lo de presidente electo aún no le llega al tabasqueño.

Seguramente los medios contribuyen en mucho a nombrar a López Obrador como tal; pero también el propio candidato con la mayoría de votos obtenidos hace exactamente 33 días. Y como los comunicólogos de carrera aprendieron que una mentira dicha mil veces se convierte en verdad, pues ni modo, pero de ahí a que sea lo correcto dista mucho o poco, pero dista.

Será el Tribunal Federal del Poder Judicial de la Federación, creado en el último lustro del siglo XX, la instancia que declare la legalidad de las elecciones y por ende, el resultado de las mismas. Es ese resultado el que por ahora tiene a Andrés Manuel López Obrador como el candidato del mayor número de votos obtenidos el pasado primero de julio.

Mientras no se agote esa instancia, que casualmente es la de mayor importancia desde el punto de vista legal, el tabasqueño, en estricto apego a derecho, es el candidato con el mayor número de votos, no más. Doña Olga Sánchez Cordero podría señalar a este escribiente de prurista y pudiera ser, pero prefiero el calificativo a ignorante del derecho “como ya saben quién” o quiénes.

Todos o para no caer en generalidades, casi todos los cercanos y futuros integrantes del gabinete de la “cuarta transformación” con la mayor naturalidad del mundo llaman a López Obrador como el presidente electo. Es entendible que muchos de ellos no conozcan a fondo el uso del lenguaje jurídico, pero sería una ofensa para doña Olga incluirla en ese grupo.

Tunc Ergo, dirían los latinistas del derecho, la futura secretaria de Gobernación debería ser ejemplo a seguir no solo en eso del lenguaje político en el que todos se mueven como peces en el agua, sino sobre todo en el lenguaje jurídico, tan importante para quienes insisten en que a su llegada, el país va a cambiar, para bien o para lo contrario, el tiempo lo dirá.

Además, si estamos a días de que se dé el último paso por parte del TEPJF, los futuros gobernantes no deberían comer ansias, como lo demuestran en los hechos, diciendo, haciendo y declarando al por mayor.