Sheinbaum, las pistas del orgullo

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Rafael Cardona

En octubre del 2014, hace tres años apenas, la comunidad judía miraba con orgullo la carrera de Claudia Sheinbaum.

El Diario Judío de entonces (1 de octubre del 2014) le dedicó un amplísimo espacio en su sección sobre las personas destacadas de ese eminente grupo social. Esto decían de ella y ella de sí misma:

“…Autora por contribución del último reporte del Panel Intergubernamental de Cambio Climático de Naciones Unidas. También es investigadora titular del Instituto de Ingeniería de la UNAM. Claudia Sheinbaum fue galardonada con el Premio Jesús Silva Herzog en versión Problemas del Desarrollo. También obtuvo el prestigiado Premio Joven Investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México en Innovación Tecnológica. Autora de diversos artículos y libros en los temas de energía y medio ambiente.

“Miembro fundador del Partido de la Revolución Democrática. De 2000 a 2006 fue Secretaria de Medio Ambiente del Gobierno del Distrito Federal en las administraciones encabezadas por Andrés Manuel López Obrador y Alejandro Encinas; durante este periodo fue también la responsable del llamado Segundo Piso del Periférico y del ‘Metrobus’, renunció a este cargo en 2006 para integrarse al equipo de campaña de López Obrador como su vocera. A finales de 2006 se integra al Gobierno Legítimo encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

“Claudia es (era) esposa de Carlos Imaz Profesor de Tiempo Completo de la UNAM y autor de diversos libros sobre historias de vida de guerrilleros mexicanos y latinoamericanos. En el 2004, Imaz fue acusado por delitos electorales y exonerado un año después.

“En 2007, el Premio Nobel de la Paz (le) fue otorgado al Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU del cual ella es partícipe en su sección mexicana, junto a otros 10 destacados científicos mexicanos de la UNAM, incluyendo a Mario Molina, Premio Nobel de Química.

“En 2008, junto con otras dirigentes, coordinó el Movimiento en Defensa del Petróleo, formando brigadas de mujeres a las que se les llamó ‘Adelitas’. En el 2012, Andrés Manuel López Obrador la incluyó en su propuesta de gabinete para ocupar el puesto de Secretario de Medio Ambiente en caso de ganar las elecciones presidenciales de este mismo año”.

Y en la misma edición, Claudia habla de sí misma:

“Mi familia es de origen judío. Por parte de mi padre, mis abuelos llegaron a México desde Lituania y por parte de mi madre eran sefaraditas y venían de Bulgaria. Mis abuelos paternos emigraron a México a principio del siglo XX por razones económicas, pero también por cuestiones racistas y políticas.

“Del lado de mi madre llegaron a México debido a la Segunda Guerra Mundial. Mis abuelos maternos hablaban español del siglo XV, pues se quedaron con ese idioma, el sefaradí, porque recordemos que los judíos fueron expulsados de España en 1492 y algunas comunidades que se quedaron en el centro de Europa no perdieron la lengua de esas épocas. Mis padres ya nacieron aquí en México”.

Quizá estos datos simples sirvan para señalar algo a lo cual yo mismo me he referido: su pertenencia a una comunidad y su relación —como la misma nota del Diario Judío refiere— con los constructores de obras públicas de la Ciudad de México. Y conste, relación no implica ni sociedad ni compromiso, implica sólo eso.

No se vean moros con tranchete, si ya estamos en levantinas condiciones.

Pero sigamos con la información ya difundida por el diario comunitario:

“…Yo viví un gobierno muy golpeado y el trabajo y el ambiente fue (fueron) de muchas tensiones para mí. En este sentido, yo me animaría a regresar al servicio público dependiendo de las circunstancias porque esa vocación no se pierde.

“Pero debo aclarar que desde este escritorio, en mi pequeño cubículo, también puedo hacer muchísimas cosas, porque en primer lugar yo soy muy feliz en el Instituto de Ingeniería.

“Aquí tengo proyectos con el GDF como el de escenarios de emisión. Tengo proyectos con el Instituto Nacional de Ecología y con otras dependencias. Desde este lugar que ocupo ahora también se puede hacer mucho porque el Instituto de Ingeniería es un lugar privilegiado”.

Así pues, quienes han acusado al autor de esta columna de antisemitismo por hacer un señalamiento simple, están equivocados. La presencia de esa comunidad en la industria de la construcción y la obra pública y privada en la Ciudad de México no es una invención ni un ataque, es simplemente la alusión directa a un hecho real y visible. No cabe tanta susceptibilidad de parte de Zuckerman, Chertorivski, Krauze y quienes más se han manifestado.

Mi relación personal con muchos integrantes de esa comunidad es cosa pública. Además de mi amistad (de larga data) y sociedad (por más de una década) con Abraham Zabludovsky, por ejemplo, existen otras relaciones más allá de lo profesional, como la sostenida durante años con Teodoro Césarman, quien conoció hasta los secretos de mi corazón, o con Mario Lasky, pediatra de mis hijos o sus descendientes David y Daniel.

Y si la expresión “etnia opulenta” ha causado molestia, pues la retiro con las debidas disculpas.

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