Rafael Correa: el síndrome de la abstinencia de poder

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Antes de partir a Bélgica (país natal de su esposa y donde curso estudios de postgrado), Rafael Correa decidió dinamitar la relación con su delfín. Más allá del motivo oficial de la ruptura (la entrega de un edificio por parte de Lenin Moreno a la Confederación de Nacionalidades Indígenas) no queda claro si su exabrupto responde a una diferencia de fondo con el nuevo presidente (su hijo putativo), a su protagonismo crónico, o a uno de los síndromes más frecuentes que afectan a los ex presidentes de cualquier lugar del mundo: el de la abstinencia de poder.

En México conocemos de sobra los reverendos ridículos a los que han llegado quienes han ocupado “La Silla de Krauze” (versión Peña FIL de Guadalajara); a partir de la independencia y después de la Revolución las diferencias se arreglaban a balazos, la traición fue el signo distintivo, ahí están los asesinatos de Francisco I. Madero, Venustiano Carranza y del entonces recién reelecto Álvaro Obregón; a partir del gobierno del General Lázaro Cárdenas, a pesar de las candidaturas alternas que surgieron e intentos de rebelión, los relevos se dieron con cierta normalidad. Ya en los cincuenta del siglo pasado, la que podemos llamar la etapa plenamente institucional que corre paralela a nuestra vida, la transición de Ruiz Cortines a López Mateos se dio sin sobresaltos, el Presidente Caballero como se le conoce a Don Adolfo se retiró de la vida pública, sin hacer jamás comentario alguno sobre las habilidades donjuanescas de su sucesor; al que cuentan los anecdotarios de la época el FBI le llamó la atención cuando los Kennedy visitaron nuestro país.

Como lo registra la historia del alguna vez “partido casi único” (Salinas dixit) la designación del entonces Secretario de Gobernación Gustavo Díaz Ordaz (dicese y rumorase de origen oaxaqueño) como candidato presidencial, se dio con el mayor consenso de la clase política; de su controvertida gestión marcada por la represión del Movimiento Estudiantil de 1968, López Mateos jamás formuló critica alguna, en gran medida apuntan sus biógrafos por el aneurisma que lo afectaba desde finales de su presidencia y que finalmente lo llevó a la tumba el 22 de septiembre de 1969. Es a partir de la sucesión de Díaz Ordaz cuando las contradicciones comenzaron a hacerse públicas; sin haber testimonio escrito, las crónicas apuntan que el candidato de don “Gustavo” (a quien sus compañeros del Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca conocían con el sobrenombre de “El Patotas”) era el General Alfonso Corona del Rosal y en segunda opción Emilio Martínez Manatou, quienes quedaron marcados y la perdieron, el primero por cargársele en buena medida le represión del movimiento estudiantil y el segundo, por lo contrario, por haber sido uno de los pocos interlocutores con los líderes del movimiento; el ganador fue Luis Echeverría, su Secretario de Gobernación, a quien entre otras cosas se le atribuye haber planeado el 2 de octubre desde las sombras.

Los desencuentros entre ambos (Díaz Ordaz y Echeverría) se dieron desde la campaña. El más álgido y conocido, cuando el “candidato” guardó un minuto de silencio por los estudiantes muertos en Tlatelolco en la Universidad Nicolaita de Morelia; hecho que enfureció a Díaz Ordaz quien mando “acuartelar” al entonces presidente del PRI, Alfonso Martínez Domínguez previendo un cambio de candidato, lo que finalmente no ocurrió; lo que sí pasó fue, que ya presidente, Echeverría le cobró la afrenta a Martínez Domínguez endosándole la matanza del 10 de junio de 1971; la relación entre ambos jamás se recompuso y aunque Díaz Ordaz guardó silencio durante seis años, siempre fue evidente su enojo y crispación contra su sucesor que lo menos que hizo fue cambiar la “línea” política del gobierno; silencio que rompió el 1 de diciembre de 1976 día en que Echeverría dejó el poder al sentenciar “Ahora ya podemos respirar tranquilos”; finalmente al ser nombrado efímero Embajador de México en España, al llegar y al botar (literal) el cargo doce días después, volvió a dedicarle irónicos juicios a Echeverría; Don “Luis” escogió a su camarada de correrías juveniles José López Portillo para relevarlo; además de la “entrañable” amistad que los unía, es evidente que lo ungió apostándole a ser el “poder tras el trono”; como suele suceder esto no sucedió y el rompimiento fue total, López Portillo citando a Cesar le dedico un “!tú También Luis!” y lo mandó de embajador a las Islas Fidji;

López Portillo, acosado por la historia, por sus hijos y por sus parejas no tuvo tiempo de pelearse con Miguel de la Madrid que lo menos que hizo fue revertir su nacionalización de la banca; Miguel de la Madrid, muy en su carácter un tanto flemático mantuvo una relación tersa con Carlos Salinas de Gortari; en cambio este, producido el “error de diciembre” y la detención de su hermano Raúl, se declaró en “breve” huelga de hambre y hasta la fecha mantiene una ríspida polémica con Ernesto Zedillo; de los panistas de la “docena trágica” sus desencuentros son evidentes y al actual, Peña Nieto ya desde ahora hay que desearle la mejor de las suertes.

Pero volviendo con Rafael Correa; en el contexto de subirse al ring a la menor provocación; a poco más de mes y medio de haber dejado el poder ya anda imitando al fascista de Trump lanzando tuits envenenados; a propósito del hecho mencionado líneas arriba escribió “Entrega de sede por 100 años a Conaie, otro innecesario desaire a mi Gobierno. Estrategia de ‘diferenciarse’ no sólo es desleal es mediocre”; y para rematar acudió a sendas entrevistas para golpear a su delfín y volvió a escribir “Todos creemos en el diálogo, nuestra revolución es una revolución de amor, pero jamás debemos olvidar con quién nos sentamos a la mesa, a riesgo de legitimar a los que nos saquearon”.

Hay quienes dudan que quien fue durante diez años amo y señor de Ecuador no regresará por la revancha en 2021. A mí no me cabe la menor duda de que lo hará. ¿A qué otra conclusión puede llegar en las frías caminatas que le depara Bélgica?. Lo que no queda claro es si Lenin Moreno dejará que eso suceda. Su gobierno apenas comienza y es muy temprano para vislumbrar qué actitud tomará frente a su mentor; hoy por hoy afectado por el Síndrome de la Abstinencia de Poder…

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

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