PRI 2018: ¿primero qué?

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PRI 2018 ¿PRIMERO EL MÉTODO, EL PROGRAMA, O EL CANDIDATO(A)?

La “fuga” de Andrés Manuel en las encuestas ha aumentado el nerviosismo en sus adversarios. Por si algo faltara, la convocatoria directa que con su clásica adjetivación AMLO le formuló a Alejandra Barrales para ya dejar de andarle haciendo el juego a la “mafia del poder” y sumarse a su candidatura, le pone el dedo en la llaga a las cúpulas del PRD sobre cómo jugar la que puede ser su última ficha de peso antes de pasar a la irrelevancia electoral.

En este contexto se inscribe también el discurso del presidente Peña el pasado 4 de marzo en el 88 aniversario del PRI; una intervención para levantar la moral, diría el analista José Antonio Crespo, con dedicatoria a sus opositores: “Hoy como hace seis años resurgen riesgos como la parálisis de la derecha o el salto al vacío de la izquierda demagógica”.

Saliendo al paso de las especulaciones de que se cocina un pacto con el partido del “Niño Fidencio” de la mafia azul, aclaró que “El PRI es un partido que sabe acordar, que pacta para gobernar y para transformar, pero que quede bien claro: nunca pero nunca pactará para dejarse derrotar. Nosotros los priistas y está en nuestra genética, siempre salimos a ganar”.

Definición que mostró nuevamente la mala memoria del líder moral del partido fundado por don Plutarco; o por lo menos –para él- las concertacesiones de Baja California, Guanajuato, San Luis Potosí y varias más de menor calado realizadas por Carlos Salinas son “cosas del pasado”; aunque a su “siniestra” se encontrará la heredera política del salinismo, la despedida canciller y ahora rehabilitada como Secretaria General, Claudia Ruiz Massieu.

Ya en la política real, en el PRI, muy en su estilo soterrado, palaciego, de golpes bajos y sobre todo de intentar ganarse el favor del “gran elector” (que no disimula tener ya su Delfín), se libra una disputa real por hacerse de la candidatura presidencial del 2018. Sabiendo que en política no hay nada escrito, algunos le apuestan al desgaste del Delfín y otros a los resultados electorales de este año, particularmente al del Estado de México.

“Si perdemos en el Estado de México la rebelión contra Peña será inevitable”, me dijo recién un destacado priista. No falta quien nada de “muertito” esperando ver los cadáveres pasar; en contraparte, hay otro al que ya lo han dado por muerto varias veces y ahí está como la “puerta de Bucareli”. Por su parte, los oportunistas, como debe de ser en un partido que se precie tener clase social, colocan alfiles en posiciones y para completar este juego de tronos, hay quien piensa emerger como doncella maya de un cenote sagrado.

Así las cosas, al día de hoy seis son los posibles precandidatos que han manifestado abierta o veladamente su intención de aspirar; cada uno (a) trae sus fichas y su estilo: Ivonne Ortega, el pasado 2 de febrero en entrevista con Yuriria Sierra, afirmó que buscará la candidatura de su partido ya que cumple con los requisitos. Ese día presentó ante la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados una Iniciativa Ciudadana denominada “firma por tu bolsillo” avalada por 404 324 firmas para reducir el precio de la gasolina y solicitó licencia para dedicarse a su precampaña. Con la iniciativa no pasó nada (hasta sus propios compañeros de partido la ignoraron); con sus aspiraciones (hasta hoy) tampoco ha pasado nada significativo.

Luis Videgaray, como es del dominio público, es el ave de las tempestades en esta puja. En su momento el personaje más repudiado por sus arreglos en lo oscurito para hacerle la tarea a Trump; con la victoria pírrica de este, el presidente Peña lo reinventó y en los hechos lo ungió como Vicepresidente de este país; no sólo controla, define y decide sobre economía, finanzas y política interna, sino además su activismo es patente en todo el mundo. Lástima que no se traduzca en resultados concretos.

El pasado jueves, Videgaray viajó a Washington a reunirse con Jared Kusher, así como con sus asesores. La noche anterior, el mismo Videgaray, cuestionado sobre por qué iba a la Casa Blanca y no al Departamento de Estado (responsable de las relaciones exteriores), respondió que le había informado ampliamente a Rex Tillerson de su llegada. Sin embargo, el mismo jueves, el portavoz de dicha Secretaría, Mark Toner, en conferencia de prensa dijo que “Desconocía que Videgaray estuviese en Washington”. Así la descoordinación del gobierno fascista y la tolerancia al maltrato permanente que le dispensan a nuestro Canciller. Quien hasta parece que lo disfruta.

Miguel Ángel Osorio Chong es posible que esté al borde de un ataque del corazón. Reposicionado con la salida de Videgaray, con su retorno volvió a perder impulso y aunque lidera las encuestas referentes al PRI, es evidente que está ya lejano al afecto presidencial. No obstante, como buen político no pierde el entusiasmo, sus actos son más de campaña, procura el intercambio de opiniones y por supuesto pondera la vocación de estadista de su jefe; hay quienes ya lo ven en poco tiempo fuera del gabinete, otros en campaña por la libre; no falta mucho para conocer el desenlace.

José Narro, con prudencia, no ha dicho “Esta boca es mía” pero se deja querer, apapachar y en corto acepta que no le disgustaría, aunque no la está buscando ni le obsesiona –la candidatura-. Rector de la UNAM, lo que no es poca cosa, su candidatura sería una alternativa real frente a López Obrador; en contrario, es muy complejo que los poderes fácticos y los grupos de interés que controlan las decisiones del PRI lo dejen pasar.

La lista la completan, Emilio Gamboa, coordinador de los senadores priistas; fullero profesional, lo definió un analista que conoce su ya larga trayectoria; por lo que se ofrezca ha ido copando puestos y encargos en la dirigencia nacional del PRI, dicen que juega golf con el Presidente y que en “corto” es un encantador de serpientes; finalmente Eruviel Ávila espera otra muestra del pragmatismo de Peña.

Sin embargo, al margen de especulaciones algo es real, en la definición de su candidato el PRI se juega las pocas posibilidades que al día de hoy la mayoría de analistas y encuestas le conceden de conservar la presidencia de la República; y ahí cobran especial relevancia el método de selección y el programa, la oferta política frente a los grandes temas, en los que hasta hoy, lo menos que podemos decir, se ha visto errático, lento y cortesano.

Tendrá que definir, ¿primero el método, el programa o el candidato (a)?

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

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