Y AUN HAY MÁS-. Sin entrar en detalles pues ni el mínimo interés para conocer la realidad patrimonial de muchos funcionarios de la cuarta transformación, doña Olga Sánchez no resultó ser ningún cordero en eso de amasar fortunas, así haya empleado cien años en formar patrimonio.

Torruco de Turismo, Bartlet de la CFE además de Romo y “dos que tres más”, superan con mucho lo que usted se pueda imaginar como patrimonio personal y familiar. Los chicos madrugadores de la fuente presidencial ya tendrán tiempo de preguntar. Al tiempo.

No es envidiable la considerable fortuna de la primera secretaria de Gobernación Olga Sánchez Cordero, pero sí la forma autoritaria y por ende irrespetuosa de contestar a los reporteros de la fuente desde la comodidad del asiento de su vehículo. No palabrotas del tipo de su jefe o del intelectual standar Taibo II, pero sí apresurada y a punto de arrancar el auto en marcha.

Esa actitud “prudente” de la señora Cordero no es digna de una persona que se le identifica como la segunda política más importante del país después del presidente de la república. Los críticos preferirían a una secretaria de estado bajándose de su vehículo, escuchar pacientemente a los traviesos chicos de la fuente y después contestar con sabia prudencia.

Máxime que se trataba de esclarecer o explicar lo relacionado a su departamento tipo Infonavit en la Unión Americana, valuado en millones de pesos, comprado con los ahorros de cien años, -50 cada uno-, de ella y su esposo, por lo que nada que ocultar. Dando por cierto esto último no tenía motivo para enojarse, máxime que la falla de no enlistar la fortuna no fue suya.

Sin entrar en adivinanzas que no viene al caso, bueno sería conocer las fortunas del titular de Turismo Miguel Torruco o del propio director de la Comisión Federal de Electricidad cuya vida pública de primerísimo nivel lleva casi cuarenta años, pasando por las secretarías de Gobernación y Educación, gubernatura de Puebla, senador y quién sabe cuántos cargos más.

Conste que todos esos cargos los desempeñó Bartlet Díaz cuando las limitantes salariales de 108 mil pesos mensuales no habían aparecido y la cuchara grande dominaba, sobre todo en la alta burocracia. Por eso no procede escandalizarse con el caso de doña Olga a quien habrá que recomendarle tomar te de tila o de pasiflorine para enfrentar a los chicos de la prensa.

Por lo demás, ni se preocupe por las fortunas de la cuarta generación pues si el presidente dice que sus colaboradores son blancas palomas así será no obstante dudas y evidencias en contra.