Hace algunos años Gabriel Zaid, quien ha hecho del aislamiento y la discreción personal, una forma segura de arribar al generalmente ansiado puerto de la fama social, el prestigio, la influencia y la importancia, publicó sus ensayos en el libro Cómo leer en bicicleta; despojado de los enigmáticos signos de interrogación, los cuales en inglés se llaman question marks, lo cual nada tiene de cuestionable, en el sentido castellano de la palabra cuestión.

La único cuestionable en la vida contemporánea de este irremediable país llamado por algunos, México; por otros República Mexicana y Estados Unidos Mexicanos por algunos más, es la reiterativa y monotemática materia de conversación, crítica, análisis o elogio: el gobierno.  Y en casos más recientes, el desmañanado gobernante.

Por eso en la Semana Santa, periodo algunas veces dedicado al recogimiento y ahora (en memoria de doña Lourdes Ruiz, la reina tepiteña del albur y el calambur) oportunidad para otras actividades y actitudes poco relacionadas con la espiritualidad, esta columna quiere dejar por la paz la mañanera (y también “El mañanero”), para ofrecer al lector algunas sugerencias de lectura.

Son libros de reciente adquisición. No pretenden ser novedades editoriales, ni están dedicados a promover ni editoras,  ni editoriales, ni amistades en las capillas literarias.

Un libro interesante de estos días se llama ¿Qué es el populismo? de Jan-Werner Müller, quien dice frente al problema inicial para definir siquiera el significado real de la palabra:

“…la noción de un populismo en cierto modo “progresista” o “de raíz”, es mayormente un fenómeno americano —del norte, del centro y del sur.

“En Europa hay una preconcepción distinta del populismo que ha sido condicionada históricamente. Ahí el populismo está relacionado, sobre todo a través de comentaristas liberales, con políticas irresponsables o diversas formas de beneficios políticos (“demagogia” y “populismo”, con frecuencia se utilizan de manera indistinta).

“Como lo expresó alguna vez Rali Daherendorf, ‘el populismo es simple; la democracia es compleja’.

“Más puntualmente, existe una antigua asociación del ‘populismo’ con el crecimiento de la deuda pública, asociación que también ha dominado las discusiones recientes en partidos como Syriza, en Grecia y Podemos, en España, clasificados por muchos comentaristas europeos como ‘populismo de izquierda’.

“… se dice que a quienes defienden públicamente las aseveraciones populistas y , sobre todo, a quienes emiten votos para los partidos populistas: los motivan ‘miedos’ —a la modernización, la globalización, etc.— o sentimientos de furia, frustración y resentimiento.

“… Los populistas siempre han sido los fieles comunicadores del ‘pueblo real’ y han elaborado los términos del contrato, pero el hecho es que el mandato imperativo no ha venido del pueblo; sus instrucciones supuestamente detalladas, están basados en una interpretación de los políticos populistas… los populistas siempre pueden volver con el pueblo y decir: ‘pusimos en práctica exactamente lo que querían, lo que ustedes nos autorizaron; si algo sale mal, no es nuestra culpa’…”

El libro en cuestión, en realidad un largo ensayo de germana precisión, es, no obstante, breve. Se puede leer en un día de asueto y meditar a lo largo de vario tiempo, sobre todo si se guardan en la memoria algunos discursos interminables.

Otro libro, diametralmente opuesto a ése, y con una cierta novedad por los recientes hallazgos fotográficos del universo, es de Stephen Hawkins y se llama Agujeros negros y pequeños universos; otra vez con respeto para doña Lourdes Ruiz, (por aquello de los pequeños y los agujeros).

En él hay ideas alucinantes. Por ejemplo:

“…la ciencia no es capaz de predecir en la sociedad humana, ni siquiera si ésta tiene algún futuro. El peligro estriba en que nuestro poder de cambiar o de destruir el medio ambiente aumenta con una rapidez mucho mayor que la prudencia en el empleo de ese poder.

“…(pero), sea lo que fuera que le suceda a la Tierra, el resto del universo seguirá inafectado…”

Dicho de otro modo, el único mérito del autonombrado Rey de la creación será convertirse en el dictador de su propia destrucción y la del planeta, de paso.

Y un libro de estos días, muy de acuerdo con los modos, las modas y las recientes movilizaciones sociales, es Acoso, de Marta Lamas.

Un texto sin concesiones ni obsesiones para comprender las virtudes de la denuncia, pero también para entender —entre otras cosas— cómo sin avances legales, legítimos y necesarios de denuncia real, fuera del anonimato compulsivo y a veces vengativo, será difícil cambiar la “cultura machista”, sólo desde la “perspectiva victimista” de algunos grupos femeninos.

 

 

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