+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo Emérito de SCLC

VER

Está por concluir en Roma el Sínodo sobre los jóvenes. Se votan las últimas propuestas, que serán la base para que el Papa elabore, con ayuda de sus asesores, la exhortación o documento final, que con seguridad nos ofrecerá una visión de la realidad mundial de los jóvenes, una iluminación desde la Palabra de Dios y unas propuestas para una pastoral juvenil renovada, que ayude a los jóvenes a crecer en la fe y discernir su vocación en la Iglesia y en el mundo.

En el Cuaderno de trabajo, precisamente porque se afirma que «los jóvenes no están en el corazón de muchos obispos, sacerdotes y religiosos», se proponen ya algunos caminos que deberíamos seguir para acompañarlos más de cerca y, así, la Iglesia pueda cumplir su misión con ellos: ayudarlos a encontrar el Señor, a sentirse amados por Él y a responder a su llamada a la alegría del amor. Para esto, se necesita ofrecer un acompañamiento espiritual y psicológico, familiar, educativo y social, en la vida cotidiana y en la comunidad eclesial, especializado para seminaristas y jóvenes consagrados, abierto a las diferentes vocaciones juveniles, en particular al matrimonio y al servicio comunitario, no sólo al sacerdocio, aunque sin excluirlo.

PENSAR

La preocupación pastoral de la Iglesia por los jóvenes no es moda del momento. En las diferentes Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, ha estado presente esta inquietud. Ya desde Río de Janeiro (1955), Medellín (1968) y sobre todo Puebla (1979), se ha hecho la opción por ellos, que ratificamos en Santo Domingo (1992) y en Aparecida (2007).

En Santo Domingo, dijimos: “Nos proponemos reafirmar la opción preferencial por los jóvenes proclamada en Puebla no sólo de modo afectivo, sino efectivamente; esto debe significar una opción concreta por una pastoral juvenil orgánica, donde haya un acompañamiento y apoyo real con diálogo mutuo entre jóvenes, pastores y comunidades. La efectiva opción por los jóvenes exige mayores recursos personales y materiales por parte de las parroquias y de las diócesis. Esta pastoral juvenil debe tener siempre una dimensión vocacional” (SD 114).

Se propone “una acción pastoral que responda a las necesidades de maduración afectiva y a la necesidad de acompañar a los adolescentes y jóvenes en todo el proceso de formación humana y crecimiento de la fe. Habrá que dar importancia especial al sacramento de la Confirmación, para que su celebración lleve a los jóvenes al compromiso apostólico y a ser evangelizadores de otros jóvenes. Que capacite para conocer y responder críticamente a los impactos culturales y sociales que reciben y los ayude a comprometerse en la pastoral de la Iglesia y en las necesarias transformaciones de la sociedad” (SD 115).

Todo esto exige un proceso de acercar a los jóvenes a un encuentro vivo con Jesucristo, pues no se trata de simples estrategias de reunirlos y presumir que contamos con ellos. Por eso, se pide que nuestra pastoral “dinamice una espiritualidad del seguimiento de Jesús, que logre el encuentro entre la fe y la vida, que sea promotora de la justicia, de la solidaridad y que aliente un proyecto esperanzador y generador de una nueva cultura de la vida” (SD 116). “La Iglesia, con su palabra y su testimonio, debe ante todo presentar a los adolescentes y a los jóvenes a Jesucristo en forma atractiva y motivante, de modo tal que sea para ellos el camino, la verdad y la vida que responde a sus ansias de realización personal y a sus necesidades de encontrar sentido a la misma vida” (SD 119). “Para responder a la realidad cultural actual, la pastoral juvenil deberá presentar, con fuerza y de un modo atractivo y accesible a la vida de los jóvenes, los ideales evangélicos” (SD 120).

Esto me recuerda lo que me dijeron los jóvenes de Pijijiapan, diócesis de Tapachula, cuando hice la visita pastoral a esa parroquia. Me pidieron que les dijera a los sacerdotes y a las religiosas que, en las reuniones semanales, ya no les pusieran tantas dinámicas para entretenerlos y hacerlos participar, sino que les hablaran más de Jesucristo. Esa es su hambre y su necesidad. Es que, cuando se encuentran con El, todo adquiere un nuevo sentido y son capaces de entregar su vida por Cristo y por el pueblo.

ACTUAR

Hagamos caso a esta voz del Espíritu, que nos pide no tener miedo de acercarnos a los jóvenes, sino buscarlos, escucharlos, comprenderlos, orientarlos y, sobre todo, acercarlos más a Jesús.