En el tema electoral hay una verdad absoluta; todas las elecciones son diferentes en sus condiciones, universo de electores y estrategias post electorales; al día de hoy la judicialización de los procesos electorales ha llevado a tal nivel los argumentos legaloides que hasta los “patos, los conejos y los pies de cría” son “prueba” –aportada en ocasiones- de la compra de votos y en consecuencia del reclamo de anulación o modificación del resultado; por supuesto, las condiciones de la competencia han cambiado substancialmente a partir de los años noventa, cuando, consecuencia de la elección de 1988 y fundamentalmente de la presión ejercida desde la izquierda se aprobaron –en el Congreso- dos reformas electorales de fondo; la iniciada el 9 de enero de 1989 en la Comisión Federal Electoral, presidida por el entonces Secretario de Gobernación, Fernando Gutiérrez Barrios; y la que, producto del levantamiento zapatista, se pactó –realizar- el 27 de enero de ese año; llamada de “Barcelona”, por ser el nombre de la calle donde se instalo la mesa de negociación presidida por Jorge Carpizo y como representantes de los partidos, Carlos Castillo Peraza y Antonio Lozano Gracia por el PAN, Fernando Ortiz Arana y Santiago Oñate por el PRI y Porfirio Muñoz Ledo y Ricardo Valero por el PRD. Las que vinieron después, fueron más que otra cosa, buenas intenciones y ocurrencias, que lo único que han logrado es convertir la legalidad en una serie de subterfugios, galimatías y recovecos legales en descredito y perjuicio de la legitimidad electoral.

Ante tal escenario, muchas cosas han cambiado o se han sofisticado; aquellos tiempos de la sustitución de actas, llenado de urnas, casillas “zapato” y demás métodos de fraude electoral ya no son el centro de los reclamos; lo cual no quiere decir que no pueda ocurrir por otras “vías”; importante es señalar, que los recursos tecnológicos han evolucionado de tal manera, que –al día de hoy- le dan a los temas del debate en una campaña, un sentido mediático permanente, en el que las redes sociales juegan un papel fundamental; a ello hay que agregar, elementos subliminales, ayer en el programa de Fórmula Fin de Semana, Luis Estrada, analista político que mucho sabe esto, nos comentaba –en un corte- un tanto en broma y serio, que si México llega al quinto partido gana Meade y si es eliminado en la primera ronda gana López Obrador, producto del estado de ánimo que privará con uno u otro resultado; ya en el tema de los candidatos, comentó, cómo están impactando, adjetivos chascarrillos y hasta ocurrencias que inciden en la percepción de la base electoral; concluimos –también- que tendrán que venir las propuestas de fondo ya en la campaña formal –por lo menos eso esperamos- y que la elección de ninguna manera está decidida, aunque puntee en las encuestas el más conocido.

En este contexto, de las diferencias que marcan una elección; llamó mi atención la declaración de Aurelio Nuño, Coordinador de la campaña del pre candidato del PRI-Verde-Panal, quien fijó 20 millones de votos como meta para ganarle a Andrés Manuel López Obrador en la elección presidencial, argumentando “Meade es mucho más exitoso de cómo le va a López y a Anaya. Vamos en esa ruta y convencidos de que nuestra meta mínima de veinte millones la vamos a conseguir y a superar”. Por su parte Enrique Ochoa presidente del PRI, fue más allá al considerar que los 20 millones de votos no sólo les alcanzarán para que su candidato se siente en la “Silla de krauze” –versión Peña FIL de Guadalajara- sino también, para “eliminar un posible conflicto electoral” y agrego “vamos a trabajar todos por México precisamente para que José Antonio Meade gane la elección presidencial con cuarenta por ciento del voto, que es igual a veinte millones de votantes, con lo cual vamos a serenar al país”.

Frente a pronósticos tan contundentes, vino a mi memoria aquel lunes seis de junio de 1988 –un mes antes de La elección- cuando Carlos Salinas de Gortari, presidió la “Reunión Nacional de Movilización Electoral”, en la que el Presidente del partido Jorge de la Vega Domínguez, anunció que su candidato a la presidencia obtendría 20 millones de votos; meta, que 19 oradores que le siguieron en el uso de la palabra ratificaron con singular entusiasmo; emocionado ante tales ofrecimientos Salinas de Gortari aseguro “nuestro triunfo será claro, inobjetable y logrado a pulso en unas elecciones limpias”. Un mes después la necia realidad los desmentía, los resultados “oficiales” fueron: Carlos Salinas de Gortari 9 millones 641 329 votos, Cuauhtémoc Cárdenas 5 millones 956 978 votos, Manuel J. Clouthier 3 millones 267 159 votos, Gumersindo Magaña 199 494 votos y Rosario Ibarra 80 152.

Cómo se advertirá, la meta de Aurelio Nuño de buscar que su candidato alcance 20 millones de votos y de Enrique Ochoa de considerar que con esa cifra, veinte millones, obtendrán el 40% de los votos, se eliminará un posible conflicto electoral y van a serenar al país; además de dar la impresión de ser -por decirlo comedidamente- “buenos propósitos”. Irreductiblemente nos hace recordar a Jorge de la Vega Domínguez, quien en su calidad de Presidente del PRI hace 30 años le ofreció los mismos 20 millones de votos al entonces candidato Carlos Salinas.

Por supuesto, hay una gran diferencia con aquella elección; en la pasada del 2012, el Presidente Peña Nieto obtuvo 19 millones 226 784 votos y López Obrador 15 millones 896 999 votos, en total votaron 50 millones 323 153 electores, el 63.34 de la lista nominal; en el ochenta y ocho el padrón electoral erá de 38 millones 074 925 ciudadanos; para esta elección están inscritos según cifras del INE 88.7 millones de electores.

En tales condiciones, es posible que las cuentas alegres de Nuño y Ochoa, aún alcanzando la “meta” propuesta por de la Vega Domínguez hace treinta años; no sean suficientes para obtener el cuarenta por ciento de la votación, evitar un conflicto post electoral y serenar al país; tendrán que aplicarse más y ojala la apuesta no sea una elección de Estado como se pretendió y en los hechos se logro en el 88. El país no lo resistiría.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh