CIUDAD DE MÉXICO.- No fue crimen pasional.

Es el primer dato favorable difundido por la autoridad sobre la relación del seminarista Leonardo Avendaño y su presunto asesino, el sacerdote Francisco Javier Bautista Avalos.

Hoy la Procuraduría General de Justicia (PGJ) de la Ciudad de México aclaró que no había relaciones sentimentales entre víctima y victimario.

Esto abre la otra tesis, dicha por familiares y amigos del alumno de la Universidad Intercontinental (UIC): iba a denunciar malos manejos del presbítero de la Parroquia Cristo Salvador.

La procuradora Ernestina Godoy todavía está confundida.

Dice que la necropsia todavía no permite determinaron certeza si el joven seminarista fue asesinado en casa de su amigo o fuera ella, allá por al Ajusco.

En el cuerpo del ex diácono no se encontraron huellas de golpes, por lo cual se concluye que murió a causa de la asfixia.

-Se salió de control -dicen los peritos, aunque no precisan qué significa exactamente ese término.

¿El crimen lo hizo solamente el sacerdote o hubo otros partícipes?

Ernestina Godoy no sabe precisar:

“ay muchos indicios que estamos trabajando y que pusimos a disposición de un nuez de control”.