Una llamada telefónica de Morelia me sorprendió ayer por la mañana.

Me decía una persona conocida de hace muchos años, la cosa está grave, se ha desatado una psicosis y han llegado al extremo de asaltar pipas de Pemex. Hemos pasado de las compras de pánico al pánico cuando no hay nada para comprar.

Y tras eso leí la versión oficial:

“…Petróleos Mexicanos informa que, como parte del Plan Conjunto del Gobierno de la República para combatir el robo de combustibles, se ha privilegiado el uso de medios de transporte más seguros, lo que implica cambios en la logística de entrega a las estaciones de servicio.

“Esto ha ocasionado retraso, afectando mayormente a los estados de Hidalgo, Estado de México, Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Querétaro.

“Cabe recalcar que no se enfrenta escasez de producto ni especulación de precios; nuestras Terminales de Almacenamiento y Despacho cuentan con suficiente inventario para cubrir la demanda de la población.

“Pemex está haciendo su mayor esfuerzo para incrementar hasta en un 20 por ciento más su distribución en los estados afectados, todo ello mediante auto-tanques y carro-tanques, para cumplir con el abasto oportuno y suficiente a nuestros distribuidores y consumidores.

“Asimismo, se hace un exhorto a los usuarios para que eviten compras extraordinarias de gasolina, ya que el abastecimiento se normalizará a la brevedad”.

Tanto la llamada de Morelia, como el boletín de Pemex  son poco atendibles como respuesta. Especialmente la información oficial.

¿Cómo es posible afirmar “que no se enfrenta escasez de producto ni especulación de precios” cuando por otra parte se reconoce una situación de desabasto tan evidente como para intentar la tranquilidad con esta declaración:

“..Pemex está haciendo su mayor esfuerzo para incrementar hasta en un 20 por ciento más su distribución en los estados afectados…

—¿Afectados por?

Las fallas de distribución, las cuales se traducen en escasez, lo cual genera especulación (no sólo financiera) y traer una psicosis cuya manifestación son las “compras de pánico”.

Si no hubiera estas compras excesivas, no se entendería este texto de la información oficial:

“…se hace un exhorto a los usuarios para que eviten compras extraordinarias de gasolina, ya que el abastecimiento se normalizará a la brevedad…”

Pues si el abastecimiento fuera normal, no se necesitaría normalizarlo, excepto si el señor Octavio Romero Oropeza nos lo puede explicar de otra manera.

Lo interesante de la información oficial es como el velorio donde todos eran muy honrados, pero a Doña Chonita le robaron el rebozo: todo esto es por combatir el “huachicoleo”, o sea el robo de combustibles, actividad ilegal en cuya comisión todos están implicados, o estaban, pues esta administración ya nos dijo cómo se daba adentro y afuera de Petróleos Mexicanos y cómo había complicidades entre despachadores, controladores de flujos y demás funcionarios y empleados de la anémica empresa nacional.

Pues sí, loable compromiso de sanear Pemex, pero cuando las cosas se hacen sin cálculos  administrativos correctos, todo sale a la trompa talega; como bien prueba este caso.

“…como parte del Plan Conjunto del Gobierno de la República para combatir el robo de combustibles, se ha privilegiado el uso de medios de transporte más seguros, lo que implica cambios en la logística de entrega a las estaciones de servicio. Esto ha ocasionado retraso, afectando mayormente a los estados de Hidalgo, Estado de México, Jalisco, Michoacán, Guanajuato y Querétaro”. Cambiaron ductos por “pipas” controladas.

El texto de Romero Oropeza es tan ingenuo como para dar risa: los cambios en la logística de entrega han ocasionado retraso.

—¿Y el retraso ocasiona algo más?

Sin ser un genio se entiende: al no satisfacer el ritmo de consumo (por el retraso), se disloca el mercado y se genera la escasez.

Pero la tónica de todos los gobiernos del mundo, en cualquier tiempo de la historia, es minimizar la realidad, explicarla bajo el comprensivo manto de una justa causa y prometer la solución del problema, en un indeterminado lapso, comprendido en esta frase feliz y promisoria: “… el abastecimiento se normalizará a la brevedad…”.

Lo evidente en este caso es el salto sin redes de protección. Este gobierno tiene prisa, nos lo ha demostrado en muchos momentos y hace bien; no se puede desperdiciar el tiempo. Nadie puede oponerse.

Pero prisa no es sinónimo de imprudencia. Se puede actuar con velocidad y precisión; es lo deseable.

Pero a estas evidentes faltas de oficio (como aquel célebre “tortillazo” de Calderón), se les suele llamar “curvas de aprendizaje”. Ojalá aprendan pronto.

 

 

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