CLARO QUE SÍ-. Amante de la transparencia en todo, de la que presume en cada oportunidad que tiene, ahora extraña que el presidente electo haya acordado en lo oscurito, el acuerdo al que llegó con 17 de los 25 empresarios involucrados en el “Proyecto Texcoco” del fallido aeropuerto.

Después de la comida-reunión todos salieron sonrientes, declarando a medios que todo estuvo bien, lo único que les faltó decir que estuvo de “rechupete” pero en sus sonrisas se adivinaba.

DETALLES-. Acostumbrados a que el tiempo es el mejor aliado, pronto nos enteraremos, así sea parcialmente y de acuerdo a las fuentes que tengamos, que el presidente electo expuso sus fortalezas, -entredichos en la asignación de contratos-, y enterados, los empresarios tuvieron que aceptar las condiciones en la reparación de daños que les ofreció la próxima administración.

Cierto que 17 de los 25 empresarios que tienen el 90% de los contratos de operación para la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, NAIM de hoy en adelante, son mayoría en todo como número de socios y capital invertido, y que el 10% de faltantes a la reunión-comida del lunes, tendrán que aceptar lo que se les ofrezca.

La incógnita en la mente de todos es saber lo que AMLO ofreció a los inversionistas quienes por arte de magia cambiaron hasta de estado de ánimo, máxime si se compara su comportamiento con las furibundas últimas declaraciones de los presidentes de las cámaras a las que pertenecen como CCE, COPARMEX y demás. ¿Qué dirán ahora Gustavo de Hoyos y afiliados?.

Las fortalezas de negociación de AMLO pudieron haber sido descubrir algunas o muchas irregularidades en las asignaciones de obra, -sólo es suposición-, ante el descubrimiento de las cuales los empresarios pudieron haber quedado desarmados por lo que renunciaron a sus deseos de ampararse ante tribunales para que el gobierno los indemnizara como amenazaban.

Otra arma es que algunos de esos empresarios se hayan asociado con ciertos funcionarios federales de alto nivel para comprar extensiones considerables de tierras cercanas al inmueble que albergaría el aeropuerto. Esta versión, de ser cierta, es el rumor más generalizado entre comuneros no solo de Atenco, también de poblaciones circunvecinas.

Si este “pequeño detalle” fue descubierto por AMLO y sus colaboradores, es prudente para las partes involucradas evitar que trascienda, de ahí que se haya hecho secreta la “reunión-comida”, pero que conste, sólo es suposición, no se la vaya a creer y adjudique a empresarios gran visión para la compra de tierras en el ¿futuro? aeropuerto.

Pero si por equivocación le atiné, AMLO tiene la sartén por el mango.