México vive, a pesar de su clase política

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La vida cambia en un instante; un segundo basta para cruzar la frontera que el destino nos tiene deparada. Paradoja o mensaje de la naturaleza, 32 años después nos volvió a llamar la atención sobre la vulnerabilidad del ser humano, pero también hoy como ayer hizo evidente que no todo está perdido, que aún la solidaridad entre los comunes y corrientes que formamos la gran base de la sociedad está presente, activa. El terremoto de este 19-S-17 si bien en los grados fue menor al del 19-S-85, los testimonios dan cuenta de un impacto mayor en la percepción general –ayer la chica que suele atenderme en la “Bibliotaco” a donde suelo acudir me decía “queríamos salir corriendo y el temblor nos rebotaba hacia dentro”-; el edificio donde se ubicaba mi “cueva” en la que normalmente trabajaba, escribía y grababa por la mañana hasta las 2, 3 de la tarde, está desalojado sujeto a revisión estructural; las paredes de mi piso literalmente se desprendieron, por esas cosas raras de la vida ese día había salido; toda esa zona de la Colonia Roma está acordonada, hay muchos edificios afectados; y así podríamos seguir narrando la misma escena en la Condesa, la Del Valle, Portales, Narvarte, Tlalpan y en toda la Ciudad de México.

De lo más relevante en todo lo ocurrido y sus secuelas –a mi juicio- es el contraste en las respuestas: En un extremo, la excepcional sociedad en su conjunto; en el otro, la mezquindad de la clase política –con honrosas excepciones- . A diferencia del ochenta y cinco del siglo pasado hoy las redes sociales son un instrumento fundamental para la denuncia y el reconocimiento, pero sobre todo para dar cuenta del estado de ánimo de una sociedad cansada, harta de la impunidad, el abuso y la manipulación; aquí una muestra de los mensajes más recurrentes que han circulado: “Tenemos que unirnos para exigir que los partidos no reciban ningún dinero para campañas, no queremos ver espectaculares, ni volantes ni promocionales en TV ni radio. El dinero queremos que se utilice para la reconstrucción”; “El sismo dejó 628 desaparecidos, desde ayer no se les ha vuelto a ver; son los 500 diputados federales y 128 senadores, Sí alguien los localiza, recuérdenles que ¡La Patria es primero!”.

Finalmente y ante la presión popular, uno por uno, los “líderes” de los partidos políticos fueron saliendo a dar su “apoyo” a la iniciativa y al mismo tiempo buscando cómo trampear el tema. El PRI, en voz de Enrique Ochoa, anunció que había decidido “renunciar a 258 millones de pesos que les otorga el Instituto Nacional Electoral, que equivale al 25% de los recursos anuales que recibe el partido, para que sea destinado a los damnificados por los sismos del 7 y 19 de septiembre”. Ya en pleno acto de fe, Ochoa aseguró que tal “rechazo” del financiamiento es “legal, inmediato, transparente y apartidista”. Como se advertirá, no dijo nada sobre el “cash” para las campañas de 2018; como era de esperarse el Partido Verde, fiel escudero del tricolor hizo lo propio y siguió la misma ruta; Dante Delgado fue más allá, por la mañana del viernes, en plena euforia mental le dijo a Ciro Gómez Leyva “Movimiento Ciudadano ha planteado de tiempo atrás que se elimine el financiamiento público a los partidos políticos, por el excesivo costo que tiene el ejercicio electoral en el país, que es ofensivo. Por eso a partir de este momento Movimiento Ciudadano se compromete, en congruencia con la posición que tiene a renunciar al financiamiento público, cero pesos de financiamiento a Movimiento Ciudadano desde ya”.

Y ya por la tarde, Dante cambió de opinión. En conferencia de prensa con Alejandra Barrales, administradora del PRD y Ricardito Anaya el “niño Fidencio” de la Mafia Azul, los tres condicionaron, luego de rasgarse las vestiduras y flagelarse en el discurso a favor de los afectados por el sismo, la “renuncia” al financiamiento público de los partidos políticos a cambio de que se eliminen los seguros de gastos médicos de los altos funcionarios, acabar con el derroche de recursos, eliminar los viáticos, celulares y gasolinas de los altos funcionarios y eliminar todos los gastos de publicidad gubernamental con excepción de los de turismo, salud y protección civil; lo cual, la eliminación o racionalidad no es una mala propuesta, lo que sí es una manipulación, es proponer un “uno por otro” sabiendo que tales decisiones corren en diferentes pistas. Finalmente, el sábado el Consejo Nacional de Morena propuso la creación de un “fideicomiso” para apoyar a los damnificados, lo cual me recuerda los buenos tiempos de Luis Echeverría que proponía “fideicomisos” para todo mal y para todo bien también; cuentan las anécdotas que durante una visita de Estado a Venecia al dirigirse al pueblo desde el Palacio del Ducado postuló: “Ante estas inundaciones, formaremos un fideicomiso”.

Como se advertirá, la actitud de los partidos políticos, de todos, demuestra una pobreza cívica alarmante, en contraste con la respuesta de miles de mexicanos que se volcaron a las calles; ellos –los partidos- sus regenteadores, anuncian en voz alta la renuncia a recursos públicos y en voz baja planean miserablemente cómo entorpecer la entrega de sus prebendas perpetuando los “cómos”, los “sí…pero”. No entienden que la idea no es que donen sus recursos a la reconstrucción del país, sino que el dinero de todos los compatriotas –vía una legislación o una modificación al presupuesto de egresos que está en la decisión de los diputados- no se vaya a sus arcas, a sus disputas protagónicas, sino a los más necesitados.

Por otro lado, la convicción del Presidente Peña Nieto de reconstruir las zonas afectadas antes del inicio de las campañas del año que viene es un planteamiento, si bien positivo, peligroso. Se puede prestar para la manipulación política para “la foto”, o para apresurar un proceso que al día de hoy no dimensionamos en su magnitud. Creo que no es alarmar, el afirmar que estamos ante la mayor crisis de vivienda que el país haya enfrentado, es un reto inmenso.

En este tenor resulta alarmante la ausencia de Miguel Ángel Mancera en la narrativa de la acción cívica solidaria tras el sismo. Encerrado a piedra y lodo en el C-5, el académico José Merino lo describe mejor que nadie en un tuit: “Qué increíble capacidad de Mancera para no estar. No hay una frase, una foto, un momento de él, que guardaremos con calidez para el futuro”. Y es que tal parece que lo único que le falta a Mancera es recriminar al terremoto haber arruinado su proyecto presidencial. ¿Con qué cara va a pedir licencia?

Finalmente, el remanso de esperanza entre tanto absurdo y dolor se lo debemos a los miles de voluntarios que se han apropiado –literal- de la Ciudad de México, principalmente los jóvenes. En un hecho terriblemente bello, el sismo representa el despertar ciudadano de una nueva generación de mexicanos que ahora saben lo que juntos son capaces de hacer. Largos y duros días hemos vivido, otros más nos esperan. ¡No nos soltemos! ¡Juntos somos muchos más! ¡Oaxaca Vive! ¡Chiapas Vive! ¡Morelos Vive! ¡Puebla Vive! ¡México Vive!

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

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