Matrimonios gay han enfrentado a la sociedad

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Vaya tema ese del matrimonio entre personas del mismo sexo que ha enfrentado a sectores completos de la sociedad.

Lo que escribo a continuación, supongo que lastimará a algunos pero, entiendo que así como los homosexuales y lesbianas tienen derechos, nosotros los “naturales” también los tenemos.

¿Homófobo?, Si, me declaro homófobo naturalito como dijera un cuñado y eso no quiere decir que no respete la libertad de homosexuales y lesbianas a hacer con su vida, sus cuerpos y sus fluidos, lo que les plazca.

El tema es la permisión de los matrimonios entre personas del mismo sexo, sin embargo bien podrían ahorrarse discusiones si en vez de usar la palabra “matrimonio”, los homosexuales y lesbianas usaran la palabra “unión”.

A la Iglesia Católica y a otras ordenanzas religiosas como a los “naturalitos” como yo, nos brinca un poco la conjunción de las palabras “matrimonio homosexual” o “matrimonio gay”, por la simple definición de la misma.

Matrimonio, dice la primera acepción del Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española: es LA UNIÓN DE UN HOMBRE Y UNA MUJER CONCRETADA MEDIANTE CIERTOS RITOS  O FORMALIDADES LEGALES PARA ESTABLECER Y MANTENER UNA COMUNIDAD DE VIDA E INTERESES.

Es entonces, una unión entre un hombre y una mujer, no entre dos lesbianas o dos homosexuales; lo mismo dice la Iglesia Católica y ésta va más allá dice: ES LA UNIÓN PERPETUA, ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER.

Y ambas acepciones tienen que ver con la conservación de la especie humana porque su misión fundamental es crear una familia donde exista una madre que pare a los hijos y un padre que los sustenta; las uniones gay, no producen hijos por tanto no pueden llamarse matrimonios.

Vámonos ahora a la etimología de la palabra “matrimonio”. Esta viene del latín matrimonium, compuesta a su vez de matre (madre) y monium (calidad de), es una palabra parecida a “patrimonio”, aunque esta última, refleja los bienes adquiridos mientras que la primera, la unión de la mujer y el marido.

Una mujer se une en matrimonio con un hombre para adquirir la calidad de madre, por eso la Iglesia Católica y los naturalitos como yo, defendemos la definición a rajatabla de la palabra matrimonio, porque entraña la concepción de nueva vida.

En ningún caso un matrimonio gay producirá nueva vida, ni estará destinado a preservar la especie. Lo que los gays buscan es entonces el reconocimiento social y jurídico de su unión para poder heredar su patrimonio a la pareja, para conseguir créditos y para un sin fin de situaciones que tienen que ver más con la protección jurídica que con la preservación de la especie.

Un “matrimonio gay” entonces es contra natura o por decir lo menos, una incongruencia porque el destino de una mujer en el matrimonio, es convertirse en madre.

Claro que en legislaciones sodomitas como la de la Ciudad de México, un matrimonio es la unión de dos personas y están buscando ahora la legalización de un tema mucho más escabroso que es la adopción de infantes por parte de estas uniones gay, lo que nos llevaría a estadios de descomposición social mayores.

¿Por qué?, porque no es natural tener dos papás o dos mamás y peor aún, tener dos papás y dos mamás y no llevar sangre de ninguno de los dos o de ambos como debiera ser.

Al rato los  diputados a la Asamblea de la CDMX, van a legislar para que puedas tomar en matrimonio a tu mascota, total, “si el amor es puro, no importa con quién o a qué te unas”.

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