Martin Luther King: seguimos soñando

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RAÚL CASTELLANOS
1968 fue un año marcado por acontecimientos surgidos de la intolerancia política, el abuso de poder y la miseria humana; fue el año en que surgieron movimientos estudiantiles en varias partes del mundo, desde el mayo francés hasta el octubre de Tlatelolco. En Estados Unidos, la lucha por los derechos civiles de los afroamericanos cobró relevantes víctimas; Robert Kennedy es asesinado la madrugada del 5 de julio en los ángeles California cuando se perfilaba para obtener la nominación del partido Demócrata; y la sociedad norteamericana se preguntaba por qué sus hijos tenían que volver en ataúdes desde Vietnam donde libraban una guerra que nunca podrían ganar.

En marzo de ese año, Martin Luther King Jr. se sumó a la lucha de los afrodescendientes de los sanitarios públicos en Memphis que demandaban un aumento de salario y que se les pagara –como a los blancos- cuando eran enviados a sus casas debido a la lluvia; el 3 de abril, después de llegar con retraso debido a una amenaza de bomba en el avión que volaba, pronunció su premonitorio discurso “He ido a la cima de la Montaña”.

“Bien, no sé lo que ocurrirá. Tenemos unos días difíciles por delante. Pero ahora no me preocupa a mí. Porque yo he ido a la cima de la montaña. Y no me importa. Como cualquiera me gustaría vivir una vida larga, la longevidad tiene su lugar. Pero no me preocupa eso ahora, solo quiero realizar la voluntad de Dios y él me ha permitido llegar a la cima de la montaña y he mirado desde ahí. Y he visto la tierra prometida. Puede que no llegue allí con ustedes. Pero quiero que ustedes sepan, que nosotros, como pueblo, llegaremos a la tierra prometida. Estoy feliz esta noche. Nada me preocupa. No le temo a ningún hombre. ¡Mis ojos han visto la gloria de la venida del señor!”.

Al día siguiente, 4 de abril, hospedado en el cuarto 306 del Motel Lorraine; cuando desde el balcón saludaba a sus seguidores, fue abatido por el certero tiro de un francotirador. Ganador del Premio Nobel de la Paz cuatro años antes por su tenaz y pacifica lucha en favor de la igualdad racial y el reconocimiento de los derechos civiles, tenía 39 años de edad. Su muerte desencadenó protestas masivas a lo largo y ancho de Estados Unidos con un saldo de cincuenta muertos. Después de su asesinato la ciudad de Memphis llegó a un acuerdo favorable con los trabajadores en huelga.

Casi 5 años antes, el 28 de agosto de 1963 pronunció el que hasta le fecha es su discurso más importante delante del monumento a Abraham Lincoln en Washington DC, en la culminación de una manifestación que congregó a cientos de miles de personas en pro de los derechos civiles para los afroamericanos. Por su sentido universal esa alocución se ha convertido en un símbolo para todos aquellos que persiguen un ideal, “YO TUVE UN SUEÑO”.

“¡Hoy tengo un sueño!. Sueño que algún día los valles serán cumbres y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados y la gloria de Dios será revelada y se unirá todo el género Humano. Cuando repique la libertad en cada aldea y en cada caserío, en cada estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: ¡libres al fin! ¡somos libres al fin!.

Y como si la necia realidad de los que aún mantienen el dogma de la supremacía blanca, de la represión por motivos de raza le jugara una broma pesada a la historia, al tiempo que se conmemoraba el aniversario de la muerte de Luther King, lo honraban en todo el mundo y se elevaban miles de voces demandando respeto a los Derechos Humanos de migrantes y refugiados, el fascista Donald Trump ordenaba al Pentágono elaborar un plan para militarizar la línea divisoria con nuestro país con la Guardia Nacional para asegurar dijo “la frontera sur y tomar otras medidas necesarias para detener el flujo de drogas mortales y otro contrabando, pandilleros y delincuentes, e indocumentados a este país”.

Como era de esperarse tal decisión causó reacciones inmediatas de rechazo y condena, los candidatos presidenciales se pronunciaron con diferentes matices, López Obrador convocó a “formar en los tres mil ciento ochenta y cinco kilómetros de frontera una cadena humana todos vestidos de blanco pidiendo la paz y el progreso”.

Ricardo Anaya hizo un llamado a “cerrar filas”, dado que la amenaza “rompe directamente con las bases de una relación bilateral entre dos países que somos socios, vecinos y amigos”. Margarita Zavala dijo “a la hora de defender la dignidad nacional todos hablamos con una sola voz”.

Meade con sentido de Estado se pronunció “por poner a un lado las diferencias políticas entre aspirantes a la presidencia y conformar un pronunciamiento conjunto en favor del país” y agregó “es momento para que todos los candidatos presidenciales nos unamos en la defensa de la soberanía y la dignidad de la nación, articulando una convocatoria para manifestar nuestro repudio y rechazo a este tipo de medidas”.

Por su parte el Presidente Peña cuestiono a Trump, “somos una nación soberana, si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso diríjase a ellos, no a los mexicanos. Nada ni nadie está por encima de la dignidad de los mexicanos”.

En tales condiciones, a la luz de los tiempos convulsos que atraviesa la sociedad norteamericana, con la Presidencia del Sociópata que despacha en la Casa Blanca, el legado de Luther Kink sigue vigente y se engrandece. La lucha pacífica por el reconocimiento permanente de los Derechos Civiles y Humanos de las minorías sigue siendo la batalla de miles de activistas en todo el mundo.

Sin duda, seguimos soñando.

Es viernes “¡hoy toca!” diría Germán Dehesa.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

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