Los retos para el próximo gobernador de Oaxaca

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Faltan 58 días para que Alejandro Murat Hinojosa asuma el Gobierno de Oaxaca, un estado donde la vida se ha vuelto más cara, respecto de hace seis años y donde los ilícitos, han alcanzado índices de terror.

Con una deuda de unos 16 mil millones de pesos, gabino cué, deja el gobierno de Oaxaca a Alejandro Murat que ya adecua la situación por lo menos legislativa, para crear el andamiaje legal que le permita sacar a Oaxaca del pozo donde lo metió la Alianza por “la Paz y el Progreso”, mescolanza política que llevó al estado a los últimos lugares en educación, salud e infraestructura y a los primeros en corrupción y endeudamiento.

Vaya paquete el que le dejan a Alejandro Murat que debe echar mano de toda sus cualidades y su preparación, además de sus relaciones para operar lo que él mismo prometió que sería el “milagro oaxaqueño”.

Por lo pronto y derivado de los problemas político-magisteriales, Oaxaca está sumida en la pobreza. No hay una sola obra pública del gobierno saliente que se pueda llamar representativa en ninguno de los 570 municipios a pesar de presupuestos “históricos” que alcanzaron los 85 mil millones de pesos.

El Gobernador saliente deja un estado en harapos y la crisis social ha tocado fondo; la polarización de la sociedad ha creado un nuevo orden: los que están a favor del magisterio y los que están en contra que son los más y eso supone una tensión social que se nota en la vida cotidiana no sólo de la capital, sino de los municipios más importantes del estado.

Por otro lado, al haber un vacío de autoridad en todos los sentidos, el crimen organizado se ha enseñoreado de ciudades tan importantes como Tuxtepec en la Cuenca del Papaloapam y Juchitán en el Istmo de Tehuantepec donde a diario, las noticias dan cuenta de “levantados”, secuestrados, ejecutados, abatidos, etcétera.

El miedo que siente la sociedad ante la delincuencia organizada y desorganizada, tuvo su clímax apenas la semana pasada en Totolapam, una población de escasos 7 mil habitantes ubicada a 74 kilómetros al oriente de la capital Oaxacqueña.

Ahí una horda de personas enardecidas, sometieron a un presunto ladrón (al que no se le encontró botín alguno en su mochila), le cortaron los dedos y posteriormente lo quemaron en una pira de madera rociándolo de gasolina.

Oaxaca es la moderna Fuenteovejuna donde los comendadores abundan y eso pasa por la desconfianza del pueblo hacia sus autoridades, pasa porque no hay una verdadera y justa aplicación de la ley y porque los ciudadanos están cansados ya de que sean sobajados y sometidos por delincuentes que pisan la cárcel unos días en tanto dure la inacción de los Derechos Humanos que parecen diseñados para proteger a los malechores.

De acuerdo a un estudio del INEGI, Oaxaca es la entidad donde los ciudadanos han incrementado hasta en un 112 por ciento el gasto en seguridad personal en sólo un año, de 2014 a 2015 de la administración de gabino cué.

La encuesta Nacional de Victimización y Percepción Sobre Seguridad Pública dice que los oaxaqueños pagan hoy 7 mil 215 pesos por seguridad adicional, cuando en 2014 pagaban 3 mil 389 pesos, un incremento de más del doble y eso incluye desde un cambio de chapa en una puerta, hasta la contratación de servicios de seguridad privada que no siempre son efectivos.

Mucho de ese panorama de inseguridad es propiciado por la Sección 22 del SNTE-CNTE que motiva a la delincuencia rompiendo todas las leyes posibles sin que haya una autoridad, federal, estatal o municipal que les marque el alto.

Esta situación de ingobernabilidad, propicia la delincuencia en todos los sentidos, desde la organizada hasta los primodelincuentes que por necesidad, por estar en pobreza extrema, tienen que delinquir para poder llevar sustento a sus familias.

Si es crítica la situación en Oaxaca que se ha depauperado gracias al escandaloso suministro de recursos del Gobierno a la Sección 22 que no tiene fondo y al saqueo indiscriminado de funcionarios públicos que, como Germán Tenorio Vasconcelos ex secretario de Salud Pública, son castigados sólo con inhabilitación, como si no hubiese robado –presuntamente- dinero suficiente para vivir rascándose la panza lo que le resta de vida.

No obstante Oaxaca no puede ir más para abajo porque ya tocó fondo. Alejandro Murat tiene que jalar duro para sacar al estado del pozo en el que se encuentra, convirtiendo en fortalezas las debilidades que tiene y conjurando las amenazas, políticas y sociales todas ellas externas.

Una tarea descomunal pero no imposible si tomamos en cuenta que Oaxaca es un estado con mucha riqueza pero depauperado; con muchas posibilidades pero aletargado por la inacción de gobierno.
La buena nueva es que a la etapa más oscura de Oaxaca, le quedan sólo 58 días.

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