La sombra de los siglos; un breve aliento

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El doble mensaje del presidente Enrique Peña Nieto del pasado jueves —simultáneamente un recordatorio eficaz a la necesaria unidad nacional y también una postura frente a la displicente y grosera arrogancia del incurable presidente de los Estados Unidos— tuvo un necesario efecto a futuro en la posible agenda de trabajo, de quien resulte ganador de la presidencia.

Quien gane el poder Ejecutivo se enfrentará con un Donald Trump cuya frustración será aun más grande. Los tiempos de la reelección en aquel país sólo van a endurecer las posturas defensivas del POTUS, quien se sentirá amenazado por el tiempo.

El presidente Peña y su equipo, especialmente Luis Videgaray, el secretario de Relaciones Exteriores, comprendieron perfectamente la condición emocional y de conducta de Trump: su frustración por los fracasos internos lo impele a buscar soluciones en el exterior y recurre a la parte más grotesca de su actitud: el muro, la persecución de criminales foráneos cuando alienta en los suyos la feria de las armas; la xenofobia irracional, el desconocimiento o la falta de respeto a los derechos humanos de los migrantes, el aislamiento, la protección excesiva y la guerra comercial.

El problema no es ahora darse cuenta de cuántos fracasos carga en sus espaldas el presidente de Estados Unidos sino cómo la relación en sí misma es un crónico desgaste. La movilización de la Guardia Nacional, en una cifra de efectivos mayor, en 2006, no tuvo como razón el enfermizo comportamiento de Trump. Con la crónica estupidez de George W. Bush fue suficiente.

Y ni siquiera las educadas formas del afroamericano Barack Obama lograron distender la política migratoria y expulsora con la mayor cantidad de migrantes deportados en toda la historia americana.

El problema de México con Estados Unidos no depende de sus gobernantes; depende de nuestra historia. Por eso es un problema sin remedio. Podremos tener tratados comerciales, pero no podremos tener jamás un trato de respeto.

También a los Estados Unidos —diría León Portilla—, los miramos con la “Visión de los vencidos”.

Y la falsa idea de los pueblos amigos ya debería comenzar a ser desplazada del discurso nacional. Ni son nuestros amigos, ni son nuestros socios. Son el imperio más grande de la historia humana, forzosa e incómodamente cercanos a un país de mestizos despreciables, pobres y sucios tanto como para pensar en una muralla entre los dos. Eso piensan de nosotros y eso somos para ellos. Para todos ellos.

Y en cuanto al muro, justo es decirlo: Trump no va a construir, en todo caso lo va ampliar. Y para acentuar la dependencia, obligará a México a pagarlo tanto como en los tiempos de la intervención.

No fue necesaria la altanería de Trump para Amado Nervo cuando escribió estas famosas líneas, estos versos:

“¡Ay, infeliz México mío!/Mientras con raro desvarío/Vas de una en otra convulsión/Del lado opuesto de tu río/Te está mirando, hostil y frío,/el ojo del sajón/…

Tampoco estaba en Washington el zafio Trump cuando Sebastián Lerdo de Tejada nos advirtió, “Entre el fuerte y el débil, el desierto” o cuando nos dijo Porfirio Díaz con lacónica teología: “pobre de México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”.

Tampoco estaba Trump en Veracruz de 1914, ni en la frontera mexicana de 1916 cuando la “Punitiva” desplegó casi 25 mil soldados de aviones y tanques en este territorio y sus cielos, sin causa bélica declarada, para perseguir a Francisco Villa quien “estaba en todas partes y en ninguna”, según refiere Rafael F. Muñoz.

Hoy tanto esa cercanía geográfica como esa distancia divina se han agudizado. La globalización del mundo nos ha encadenado tecnológicamente de manera invisible e indolora. Además de la elegancia diplomática, la invocación del derecho, la corrección, el respeto, México carece de armas.

Ahora es imposible decirle a los Estados Unidos, tienen ustedes un plazo de 48 horas para retirar a sus agentes de la DEA, por ejemplo. Sus agentes, puesto otro caso, de la Agencia Central de Inteligencia deben salir de México en 24 horas. Sus servicios de Aduanas no contarán más con nuestra colaboración; sus drones deben suspender los vuelos sobre nuestro territorio, sus embarcaciones no pueden cruzar nuestros mares. Eso es imposible.

Ya no digamos—como entre Rusia y Gran Bretaña—, una expulsión de diplomáticos.

No podemos siquiera retirar su barricada del Paseo de la Reforma, a doscientos metros de la Columna a la Independencia para protección de su embajada. Un enclave colonial dentro de la capital del país, con sus guardias, sus barreras; las calles confiscadas y sus soldados vigilando las puertas.

Como no podemos hacer más, decimos esto. Y bien dicho está. Pero nada más.

“Presidente Trump, si usted quiere llegar a acuerdos con México, estamos listos. Como lo hemos demostrado hasta ahora, siempre dispuestos a dialogar con seriedad, de buena fe y con espíritu constructivo.

“Si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos. No vamos a permitir que la retórica negativa defina nuestras acciones.

“Sólo actuaremos en el mejor interés de los mexicanos.

“Evocando las palabras de un gran Presidente de los Estados Unidos de América: no tendremos miedo a negociar. Pero nunca vamos a negociar con miedo.

“Estamos convencidos de que poniéndonos de acuerdo, como amigos, socios y buenos vecinos, a ambos países nos va a ir mucho mejor que confrontándonos.

“Estamos listos para negociar, sí, pero siempre partiendo de la base del respeto mutuo.

“Hay algo que a todos, absolutamente a todos los mexicanos, nos une y nos convoca: la certeza de que nada, ni nadie está por encima de la dignidad de México”.

Pues sí, tenía razón don Vicente Guerrero quien nos dijo para siempre, la patria es primero. Lástima. Tuvo como discípulo a un zafio quien dijo: “America First”.

Pronto se va a asentar la polvareda de estas declaraciones y este rapapolvos al presidente Trump quien ha escuchado a Peña como quien oye llover desde el jardín de las rosas, será para ellos una anécdota sin importancia. Para nosotros, un espléndido momento de dignidad. Para la historia, una brizna en el viento arrebatado de la vida triste entre México y Estados Unidos.

 

Como si fuera una forma de responder, el gobierno de Estados Unidos sigue con los ejemplos de nuestra condición generalizada de ”bad hombres”, tras la cual se justifica el intento protector del Muro de Trump.

“(SDP).- El promotor musical Jesús Pérez Alvear, alias Chucho Pérez, está bajo la mira de Estados Unidos por presuntamente lavar dinero para cárteles de la droga, por lo que incluso lo señaló como como ‘narcotraficante especialmente designado’.

“De acuerdo con Reforma, el Departamento del Tesoro impuso la designación por su supuesta relación con el Cártel Jalisco Nueva Generación, así como con el Cártel de Los Cuinis.

“Esta categoría además aplica a Gallística Diamante, la empresa de Pérez Alvear, y al “fotógrafo de moda” Miguel José Leone Martínez, conocido como “Miguel Leone”, ciudadano dual venezolano-italiano que reside en México, que en realidad es líder de la red de prostitución de Los Cuinis.

“Víctor Fuentes señala en su nota que, de acuerdo con el Tesoro, “el dinero del narco es blanqueado al mezclarlo con ingresos legítimos por la venta de boletos, alimentos y estacionamiento en grandes eventos controlados por Gallística, como el Palenque de la Feria de San Marcos y la Feria de San Isidro en Metepec”.

 

Escribe Madeleine Albright un luminoso texto frente a la terrible amenaza de Trump en su país y el mundo, convocando fuerzas cuya potencia quizá ya no pueda controlar una vez desbordadas.

—“Qué debemos hacer? Primero, defender la verdad. Una prensa protectora de la sociedad, no considerada su enemiga. Después, reforzar la idea de igualdad ante la ley. Nadie, ni el presidente (sobre todo el Presidente), por encima de ella. Y tercero, reforzar la organización política para crear nuevos votantes.

“Y que todo mundo sepa, algo se puede hacer”.

rafael.cardona.sandoval@gmail.com
elcristalazouno@hotmail.com

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