Reconocida por sus investigaciones académicas, sobre las cuales ninguna influencia tiene el poder político de su esposo, Andrés Manuel López Obrador, ni el movimiento al cual ambos pertenecen (sus labores doctorales se deben a su exclusiva capacidad profesional) Beatriz Gutiérrez, se enlazó ayer con el pueblo de Costa Rica, el cual, a través de la Academia Morista Costarricense, la honró con la “Orden del Mérito”.

Como se sabe, ella ha publicado varios ensayos sobre la figura de Rogelio Fernández Güell, como ya se explicará en las palabras del presidente de esa academia, Armando Vargas Araya, de quien se reproducen las palabras pronunciadas anoche en San José.

Vargas trazó algunas líneas históricas de las relaciones culturales entre México y Costa Rica.

“Vicente Sáenz, el ensayista de “Rompiendo cadenas”, publicó lo mejor de su obra antiimperialista en la Editorial América Nueva que él dirigió allá.

“El maestro curridabatense Raúl Cordero Amador fundó y presidió la Academia Mexicana de Educación.

“Dos primos (en realidad tío y sobrino), marcaron impronta literaria: Rafael Cardona Jiménez, el vate modernista del “Poema de las piedras preciosas”, quien fue editorialista de “Excélsior”, y el ensayista, narrador y poeta Alfredo Cardona Peña, autor de una extensa obra y editorialista de “Novedades”.

“Este rápido esbozo sugiere la conveniencia de realizar una investigación sistemática sobre las relaciones culturales entre Costa Rica y México, con el fin de conocerlas, profundizarlas y ensancharlas.

“Hace 46 años, un joven corresponsal de aquel honrado y prestigioso “Excélsior” dirigido por Julio Scherer García, entrevistó en una suite del Hotel Waldorf Astoria, Nueva York, a Carlos Fuentes, encuentro que el escritor nacido en Panamá calificó como “una conversación a toda madre”.

“Enterado de que soy costarricense, no sin cierto retintín de arrogancia, me dijo: “¡Ah…! San José es como un lleno de la Plaza México”.

“Usted, señora Gutiérrez Mueller —prosigue Vargas—, demuestra un esclarecido sentimiento fraterno hacia Costa Rica en sus eficaces hechos escriturales sustentados en una perspicaz investigación.

“Esa amistad intelectual sobresale en sus estudios focalizados en la personalidad de nuestro Mártir de la Libertad Democrática, Don Rogelio Fernández Güell, compañero de ideales del presidente Francisco I. Madero.

“Venimos a la celebración espiritual de confraternidad, prestos a escuchar en este acto académico una lección magistral suya, sobre nuestro compatriota mejor conocido allá que aquí. Los costarricenses que reconocemos esta respetuosa camaradería de usted, sabemos ser agradecidos.

“El gran Rubén Darío dijo: “Si pequeña es la Patria, uno grande la sueña”.

“La Academia Morista Costarricense — institución de la Sociedad Civil empeñada en cultivar el pasado y construir el porvenir— tiene entre sus fines establecer relaciones de reciprocidad con academias, centros, instituciones y personalidades afines, dentro del país y en el exterior.

“En tal objetivo se enmarca el acuerdo unánime del Pleno de sus Miembros de Número para conceder a usted la Orden del Mérito Morista, con fundamento en nuestra gratitud por su labor de años en el desarrollo del conocimiento literario e histórico sobre vínculos fraternos que unen entrañablemente a Costa Rica y México.

“Los académicos valoramos su edición y estudio preliminar de “Episodios de la Revolución Mexicana”, de Don Rogelio Fernández Güell; su organización en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, de las Jornadas por el Primer Centenario del Fallecimiento de Don Rogelio; el estudio “La ciencia filosófica y el gobierno del espíritu” en su libro “Dos revolucionarios a la sombra de Madero”; así como sus ensayos “Un cercano amigo de Francisco I. Madero” y “Madero, ¿un santo? Hagiografía espírita liberal en un escrito de Rogelio Fernández Güell, de 1911”.

“Estos trabajos académicos la colocan a usted en un enaltecido rango del espacio cultural y educativo de Costa Rica.

“Cabría preguntarse por el vínculo entre Don Juan Rafael Mora y Don Rogelio Fernández Güell, dos civiles que lideraron guerras patrióticas. Sacrificados en sendos asesinatos de Estado, sucumbieron el uno a los 46 años y a los 35 el otro:

—“Aquellos a quienes los dioses aman, mueren jóvenes”, sentenció Menandro.

“Oriundos de San José, los Mártires de la Libertad cayeron los dos en la misma provincia: en la localidad de Buenos Aires el menor y el mayor en la ciudad de Puntarenas.

“Aunque ninguno tiene aún biografía digna, ambos dieron nombre a importantes vías de la ciudad capital: Avenida Central Rogelio Fernández Güell y Avenida Segunda Libertador Juan Rafael Mora.

“Sus ideales, virtudes y valores son como manantial que brota de la tierra para la niñez y la juventud, en la formación del carácter y la construcción de ciudadanía. Ambos héroes estarán de plácemes hoy en el empíreo costarricense.

En fin, doña Beatriz, expreso en nombre de todos los colegas académicos, el anhelo de que usted vuelva a visitarnos pronto, ojalá para inaugurar una estatua de Don Rogelio Fernández Güell, a quien usted nos lleva de la mano para descubrirlo y mirarlo con ojos de esperanza en el destino conturbado de nuestros pueblos, unidos en la esencia por la geografía, la cultura y la fraternidad”.

 

 

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