Ayer, cuando el reloj rebasaba con sus implacables manecillas la línea del mediodía, Andrés Manuel López Obrador miraba el pergamino de sus sueños; la declaratoria de Presidente electo. La banda presidencial está al alcance de la mano. Ya no la bordan las ilusiones, ahora la decoran hilos de oro en las alas del escudo nacional, cuyo fulgor pronto resplandecerá en su pecho.

En contraste, el gobierno saliente (nunca más saliente), cuya firmeza política fue tan feble como su capacidad jurídica, miraba el vuelo libre de Elba Esther Gordillo, cuyo proceso sobreseído por mal hecho, insuficiente y equívoco, terminó de una manera vergonzosa para sus promotores. Cuatro procuradores le metieron la mano. Ninguno fue capaz de probar las acusaciones. Cinco años —en un sentido político—, para sentarse en la puerta de su casa y ver pasar el cortejo…

Y ahora, el resto de la vida para la venganza.

Pero 24 horas antes, al pie de las murallas de Campeche, el gobernador Alejandro Moreno disparó la bombarda. En términos aún más firmes de los empleados semanas atrás por Enrique Alfaro en Jalisco y Jaime Rodríguez, en Nuevo León, le advirtió al, futuro Presidente su decisión de  proteger el federalismo y rechazar figuras intermedias en la relación entre los poderes estatal y federal.

Una defensa vehemente, enjundiosa, implacable de la soberanía del estado de Campeche, con tintes de oratoria emotiva, regionalista, localista.

Moreno hablaba de la cosa pública, los logros y las inversiones. Se refería al fin del periodo electoral; el cambio de poderes, su futura relación con el futuro Presidente, quien ha anunciado el nombramiento de delegados plenipotenciarios, y su voluntad de cumplir los compromisos adquiridos. Dijo entonces:

“…En consecuencia, ningún orden de gobierno es jefe de otro orden de gobierno. Y por ello mismo, ninguna figura federal puede convertirse en autoridad intermedia entre el gobierno federal y los gobiernos estatales.

“Todo es y todo será conforme a la Constitución federal: de gobierno a gobierno. Ésa es la esencia del federalismo, que haya una relación de equilibrio entre los intereses federales y los intereses locales. Antes que contraponerse, se deben complementar en beneficio de nuestros ciudadanos.

“Los campechanos tenemos carácter, orgullo y categoría política, para hacer valer nuestra soberanía; y con base en ella, nos pronunciamos a favor de una relación federal y estatal caracterizada por el respeto, el reconocimiento y el respaldo mutuos, para así detonar más alternativas de crecimiento y desarrollo para los campechanos.

“En este contexto, sugerimos a la próxima administración federal, pasar del federalismo político al federalismo económico. Que no sólo estén reconocidos los órdenes de gobierno en la Constitución, sino también en los presupuestos, mediante el fortalecimiento de las capacidades económicas de los estados y los municipios…

“…Por todo ello, tendremos con la nueva administración federal, una relación política de respeto, de colaboración y de coordinación. Del tamaño de la amabilidad federal será la amabilidad estatal. Seremos recíprocos en los escenarios de diálogo y entendimiento; y tenemos los tamaños suficientes para los escenarios que requieran de toda nuestra firmeza y de todo nuestro carácter”.

Obviamente el planteamiento desató los aplausos del público en el centro de convenciones de Campeche. Nadie le podía quitar su contenido altamente partidario. Así se refirió a esto Moreno Cárdenas:

“…En el México plural de hoy, existe una corriente de pensamiento en la que creemos millones de mexicanos. Y la buena relación entre gobiernos de diferentes filiaciones partidistas y ciudadanas no impedirá que nos conduzcamos conforme a nuestros ideales. Damos la mano sin claudicar en ninguno de nuestros principios. Ni lo cortés quita lo valiente ni lo valiente quita lo cortés.

“Vamos a decirlo directo: con el gobierno federal nos vinculará una profunda relación institucional, pero tenemos puntos de vista diferentes en muchos temas de carácter nacional…

“…Tengo la mirada bien puesta en el horizonte; y México entero es ese horizonte. Lo que hacemos bien en Campeche, lo podemos hacer bien en todo el país. Nuestra visión de desarrollo no es del México que fue, sino para el México que viene. Con trabajo en equipo, con  unidad, con amor a la nación y con la meta más alta en la mente, estoy listo para construir un nuevo liderazgo nacional…”

Esta frase llamó la atención ante la raquítica conducción actual del PRI. Pero no se trata de eso, la construcción  de un nuevo liderazgo nacional, no es igual a la construcción de un liderazgo partidario.

Como  diría alguien, no se hagan bolas. “Alito” no quiere la presidencia del PRI; quiere la otra.

El tema da para más. Mañana.

PALABRAS

En el pasillo se oyó una frase: el gobernador Moreno se le puso al dueño de Morena.

CIRCO

Lo dicho, el Primer Foro de Pacificación naufragó en el concepto mismo de su intención. La polémica entre víctimas, culpables, olvidos y perdones, no fue sino una previsible pérdida de tiempo.

¿Y Corral? Bueno, Corral, es un ave de corral.

 

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