Hace muchos años, desde la cátedra en la cual estaba instalado como el más serio intelectual de México, Alfonso Reyes, por petición del secretario Jaime Torres Bodet, —acuciado a su vez por el presidente Ávila Camacho, en plenitud de la Segunda Guerra Mundial, escribió una “cartilla moral”, como complemento de los esfuerzos educativos y alfabetizadores de este país.

Reyes en su prefacio, explica la forma y parte del fondo:

“…bajo la expresión más simple que fue dable encontrar, se han tocado, sin embargo, los problemas de mayor tradición en la filosofía ética, dando siempre por supuesto que nos dirigimos a hombres normales y no a deficientes.

“El constante error del intermediario consiste en suponer al consumidor más candoroso de lo que es.

“Se ha usado el criterio más liberal, que a la vez es laico y respetuoso para las creencias.

“La brevedad de cada lección responde a las indicaciones que se nos dieron. Dentro de esta brevedad se procuró, para el encanto visual y formal —parte de la educación—, cierta simetría de proporciones”.

Estos puntos valen porque de ahí se desprende la naturaleza del asunto: se trata de lecciones, lo cual las coloca en el campo de la pedagogía; no de la organización social ni política.

Esta aclaración vale porque el futuro Presidente de México (con todo y sus 30 millones de votos), confunde la gimnasia con la magnesia.

En una de sus recientes conferencias desde la escalinata de Chihuahua, la cual se parece cada vez más a una caja de sorpresas o a la chistera de un mago, pues cada día brota de tan significativo escenario una novedad estremecedora, el candidato triunfante nos ha dicho una vez más cómo se prepara su Constitución Moral, cuya potencia ignoramos, pues no se sabe si va a sustituir a la actual Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (Carta Magna, le dicen los cursis), cuya parchada condición de vejestorio centenario (no es igual antigüedad o vejez), bien justificaría sustituirla, como hizo —sólo como ejemplo, sin intenciones más allá—, Hugo Chávez, cuando juró el cargo sobre los restos de la moribunda Constitución, con  cuya vigencia llegó al poder y después sustituyó por el texto bolivariano.

Reyes, al parecer inspirador parcial de los empeños espirituales de nuestro futuro Ejecutivo, decía:

“…Dentro del cuadro de la moral, abarcan nociones de sociología, antropología, política o educación cívica, higiene y urbanidad.

“Se ha insistido en lo explicativo, dejando de lado el enojoso tono exhortatorio, que hace tan aburridas las lecturas morales. No tenía objeto dictar los preceptos como en el catecismo, pues son conocidos de todos. Se procura un poco de amenidad, pero con medida para no desvirtuar el carácter de estas páginas”.

Y don Andrés Manuel, al comentar su labor moralizante y constituyente, afirma:

“…Andrés Manuel López Obrador informó que ya se está trabajando en la elaboración de un anteproyecto de ‘Constitución Moral’ que será sometido a la opinión de la ciudadanía; refirió que esta idea se sustenta en que “no sólo se debe buscar un bienestar material, sino también un bienestar del alma, fortalecer valores culturales, morales, espirituales”.

“La idea de una Constitución Moral, paralela a la Constitución y las leyes nacionales, fue expuesta durante la campaña AMLO, pero hasta ahora no la había retomado. Ayer indicó que debe ser elaborada en conjunto con la sociedad y lo presentó, sin pregunta de por medio, como uno de los proyectos a los que ha destinado tiempo de trabajo en los últimos días.

“En campaña delineó un poco más lo que entiende por Constitución Moral: bajo el principio de que la reconciliación nacional sólo puede lograrse mediante el amor (la república amorosa a la que ha hecho alusión en diferentes ocasiones), argumenta que mejorar las condiciones materiales de la población es importante, pero en la misma medida lo es recuperar valores morales”.

Aquí uno puede ver la divergencia entre los asuntos terrenales y los espirituales. Sin entrar en discusiones más propias de Baruch Spinoza. No vayamos tan lejos.

Lo verdaderamente notable es cómo se puede imaginar la moral, como materia de consulta. Eso es llevar las cosas más allá del absurdo.

Es como aquella frase de Barba Jacob en la cual “en rútilas monedas” se tasan el bien y el mal.

Hacer una consulta sobre la moralidad sobrepasa los límites de lo humorístico, para caer en los linderos de lo incomprensible. Por ese camino terminaremos sometiendo a consulta popular la existencia de Dios, el calentamiento global o la presencia del diablo entre nosotros.

LA CASA

La maestra Sheinbaum, Claudia de primer nombre, futura jefa de Gobierno de la Ciudad de México, ha presentado a su secretaria de Salud: Olivia López Arellano, a quien le ha encargado la gratuidad de los servicios y medicamentos, entre otras plausibles encomiendas.

Pero del programa estelar del “Médico en tu casa”, no se ha dicho nada. Y fue la mejor aportación a la asistencia médica para inválidos y postrados en la historia de la ciudad.

 

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