La madre de explosiones y Judas Iscariote

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Son las mismas escenas de toda la vida.

Las enormes plataformas se deslizan con la remolona lentitud de la ostentación del poder. El desfile de los metales forjados y armados para transportar explosivos, cerebros electrónicos cuya capacidad podrá dirigir las cargas destructivas  a lugares muy remotos, como si las largas espadas de la guerra moderna pudieran sustituir el asombro de los años pasados, como cuenta George R.R. Martin en la enorme e interminable “Guerra de tronos”:

“…Llevaba en la mano una espada larga que no se parecía a ninguna que Will hubiera visto en la vida. En su forja no había tomado parte metal humano (¿?) alguno. Era un rayo de luna translúcido, una esquirla de cristal tan delgada que casi no se veía de canto. Aquella arma emitía un tenue resplandor azulado, una luz fantasmagórica que centelleaba en su filo, y sin saber por qué Will comprendió que era más cortante que cualquier hoja”.

Hoy esas espadas tiene su equivalencia en los larguísimos cilindros con los cuales Corea del Norte y los Estados Unidos se muestran los colmillos ante el azoro del mundo. Cómo decía el machismo adolescente, a ver quien la tiene más larga.

El delirante Donald Trump les muestra a los habitantes del planeta un artefacto altamente destructivo (GBU-43 (MOAB). Massive Ordenance Air Blast), al cual han llamado “La madre de todas las bombas”, en abierta y burlona alusión a la mejor y más inútil frase de Saddam Husein quien nos previno a todos de cómo una invasión americana a Irak desencadenaría (obviamente en su favor y la gloria de Alá) , “la madre de todas las batallas”; solamente para morir poco después –sin madre ni batalla–, colgado de un mecate y con la lengua de fuera, tal y como, dice la leyenda, pendía de una higuera Judas el Iscariote, después de morir vencido por los ponzoñosos alacranes de su remordimiento, los cuales le picaron el alma y destruyeron su voluntad de vivir con la pena y el dolor de sus traiciones.

Pero mientras algunos mexicanos gozan con la nueva figura para sus piñatas y a Judas, el amarillo y rígido copete de cartón  de Donald Trump cuyo cuerpo de brazos abiertos rodean con cohetitos de pirotécnica infantil, lo hacen estallar colgado de postes y ramas de árbol, el extravagante dictador norcoreano, Kim Jong-Un, festeja el centésimo quinto aniversario del nacimiento de su abuelo, Kim Il-Sung, en una pantomima llamada, como suelen hacer los grandes populistas, quienes para todo tienen nombres celestiales o infernales, “Día del sol”, pues siempre quiso Kim Il-Sung compararse con la cursilona retórica y las alegorías  del  aquel “Gran Sol Rojo”, a quien le llamaban también Mao Tse Tung, cuya estrategia de exhibición militar —como a los soviéticos–, le daba resultados anuales bastante favorables.

A cada disputa internacional los dictadores y belicistas de cualquier índole, responden siempre igual: muestran su musculatura, sacan a la plaza pública, en lento recorrido de ensayada marcialidad,  los largos cohetes, los misiles, los tanques; los ejércitos perfectamente alineados, los guardias, los aviones cuya estela colorida cubre el cielo con los colores de su bandera.

Toda la escenografía del poder, toda la exhibición en el interminable juego de responder una cosa con otra similar.

–¿Han tirado los americanos su gran bomba en contra del Estados Islámico en Afganistán?

–Pues mostremos nosotros los arsenales o parte de ellos en el aniversario de Kim Il-Sung. Veamos:

“(SE).- Corea del Norte celebra  este lunes el 101 aniversario del nacimiento de su fundador, Kim Il-sung, con unos fastos iniciados a medianoche por Kim Jong-un, su nieto y actual líder del país, que le rindió tributo en su mausoleo, el Palacio del Sol de Kumsusan, en Pyongyang.

“Kim Jong-un, acompañado por miembros de la elite militar del país, visitó el palacio donde descansan los cuerpos embalsamados tanto de su abuelo como de Kim Jong-il, su padre y predecesor, para ofrecer “un gran homenaje y la más humilde reverencia”, informó la Agencia estatal KCNA.

“La KCNA describió que el joven líder, cuya edad se estima en 29 o 30 años, y altas autoridades militares presentaron cestas florales en nombre de las principales instituciones del país con cintas cuyo mensaje rezaba: “Los grandes camaradas Kim Il-sung y Kim Jong-un siempre estarán con nosotros”.

“Hoy por la mañana, ciudadanos ataviados con trajes tradicionales coreanos depositaron flores en la gran estatua de bronce del fundador y las principales calles de Pyongyang amanecieron decoradas con banderas, carteles y flores, según describieron los escasos medios con presencia en la ciudad.

Conocido como “el Día del Sol”, cada 15 de abril Corea del Norte celebra con diversas actividades el aniversario del nacimiento de su fundador, considerado el festivo más importante en Corea del Norte.

“…En este contexto, muchos expertos vaticinan que Corea del Norte podría realizar una inminente prueba de misiles, después de que los servicios de inteligencia surcoreanos detectaron la semana pasada que el país comunista había movilizado misiles de corto y medio alcance en su franja oriental”.

Los perros y los lobos y hasta los coyotes, se muestran los colmillos (o los artefactos nucleares), o como dice Martin, una vez más:

—Por lo menos se muere sin hacer ruido —dijo el príncipe—. El que arma escándalo es el lobo. Esta noche casi no he podido dormir.

“Clegane proyectaba una sombra alargada sobre la tierra dura mientras su escudero le ponía el yelmo.

—Si lo deseas puedo silenciar a esa bestia —dijo a través del visor abierto.

“El escudero le puso la espada larga en la mano. Clegane la sopesó y la probó blandiéndola en el aire frío de la mañana. A su espalda el patio resonaba con el estrépito del acero contra el acero.

—¡Enviaré un perro para matar a otro perro! —exclamó el príncipe; parecía divertirle enormemente la idea—. Son una auténtica plaga en Invernalia, los Stark no lo notarán si les falta uno…”

Un perro para matar a otro perro.

Pero en esas condiciones llega el Sábado de Gloria.

Luego vendrá el día de la resurrección, misterio mayor entre todos los gozosos y los dolorosos, los dogmáticos y más si los hubiera. Misterio de fe, cosa de religiosidad o al menos de tradición mal entendida, pero allá cada quien con sus creencias y sus iglesias.

Por lo pronto en la otra esquina se ha retorcido el pobre cartón del monigote de Donald Trump, a quien sólo de esa simbólica manera los mexicanos repudiamos un día si y otro también, o como decía una manta colgada en la costera de Acapulco todavía hace unos días: “Somos Mexicanos y tu Madre te Mentamos”. Y en el fondo la vera efigie del truculento e incompresibles Donald Trump.

Ellos tienen la madre de todas las bombas y nosotros aludimos a la madre de todas las mentadas. Esa es la diferencia, ese es el desequilibrio.

Los coreanos siquiera poseen el padre de todos los desfiles (también los rusos dicen tener la paternidad de los arsenales), mientras nosotros no tenemos nada, absolutamente nada; excepto una colección de bandoleros y narcotraficantes siempre dispuestos en fila india para irse ante la justicia estadunidense, la cual es magra y oportunista pues no desea castigar sino prolongar su control sobre una ruin actividad de control del mercado de narcóticos en el mundo. Ese, junto con el de las armas, es otro de sus grandes negocios.

Pero todavía hay quien se conmueve con esta lectura.

El mundo celestial, el misterio, la palabra de los siglos, la voz remota, el otro cielo, el fulgor de la divinidad.

“Jesús muere y muere –dice José Saramago–, y ya va dejando la vida cuando de pronto el cielo se abre de par en par por  encima de su cabeza, y Dios aparece , como estuvo vestido en la barca, y su voz resuena por toda la tierra…”

Se acabó la Semana Santa. ¡Bendito sea Dios!

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