La Cámara contra la Cámara

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Dejemos por ahora el resultado final de la integración de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados (la magia del reloj legislativo la traslada hasta mañana), cuyo boicot por parte de Acción Nacional colocó al Congreso Nacional a la altura de una asamblea bananera, y centrémonos ahora en una pieza oratoria digna de mejores circunstancias: el breve y elegante discurso de Jorge Carlos Ramírez Marín, ayer, quien dijo algo tan simple como para resultarle incomprensible a muchos: actuemos como lo que somos, legisladores al servicio de México.

Y ésa fue la deficiencia por la cual los diputados obstruccionistas (secuestradores, les habría llamado César Camacho) actuaron como saboteadores. Con tal de sacar adelante un  capricho de última hora del jefe nacional del PAN, Ricardo Anaya, en el Senado de la República (tras una minuta aprobada con su concurso), detuvieron la normalidad parlamentaria en perjuicio de su propia labor.

La Cámara de Diputados ha sufrido agresiones, bloqueos, tomas de tribuna, asaltos de caballería, intentos de bombardeo, pendencias sin fin, escenas de dormitorio, ocupaciones, pero nunca se les había negado a los diputados el derecho de comportarse como tales. Hasta ahora.

Estos sucesos ya han ocurrido de manera similar en tres ocasiones anteriores. En dos –ésta y la previa cercana– le ha tocado al propio Ramírez Marín ser actor principal. “Quizá sea cosa de mi mala suerte”, dijo ayer en tono de humor.

Sin embargo, en los dos casos anteriores la interrupción había pillado a los legisladores en la negociación y la búsqueda del acuerdo. Ahora, ni siquiera cuando se ha terminado la “litis” (la carta de los cinco panistas, cuyo voto será contra el pase automático del procurador a fiscal general, debió haber removido el pretexto “anayista” en el Senado), se pudo llegar con prontitud a  los resultados. Eso prueba nada más la condición de recurso malevo en el tema de la Fiscalía.

Pero la vida parlamentaria no está ajena a estas intrigas y estos recursos. No guarda mucha relación con el caso actual, pero un poco de historia a nadie le hace daño. La abdicación napoleónica y el papel determinante de Fouché nos pueden recordar los límites infinitos del poder cuando se manipula una asamblea.

 

Leamos a Zweig:

“…en la primera elección (como la de ayer a las cinco de la tarde), tiene Carnot 324 votos; Fouché sólo 293. No hay duda pues; la presidencia del nuevo gobierno provisional le corresponde a Carnot.

“Pero en este instante decisivo, a una pulgada de la meta, hace Fouché la más hábil jugada de tahúr, la más deliciosa e infame de sus piruetas. Según el número de votos la presidencia le corresponde, naturalmente a Carnot, con ello Fouché sería en este gobierno, como en los anteriores, la segunda figura, precisamente cuando espera, por fin, ser la primera: el amo omnipotente.

“Se vale entonces de un ardid perverso: apenas se reúne el Consejo de los Cinco, y cuando Carnot se dispone a tomar asiento en el sillín presidencial según le corresponde, dice Fouché como la cosa más natural del mundo  a sus colegas, que ‘ha llegado el momento de constituirse’.

“—¿Qué entiende usted por constituirse, pregunta Carnot asombrado.

“—Pues elegir nuestro secretario y nuestro presidente, contesta Fouché con la mayor ingenuidad. Y añade con falsa modestia:

“—Yo le doy, desde luego, mi voto para la presidencia.

“Carnot muerde el anzuelo y replica muy fino:

“—Y yo a usted el mío.

“Y como dos de los miembros están ganados en secreto por Fouché, tiene tres votos contra dos, y se sienta en el sillón presidencial, antes de que Carnot se dé cuenta de que le han birlado el puesto… la intriga ha triunfado sobre la idea,  la habilidad sobre el genio…”.

 

OPTIMISMO

Ramírez Marín comenzó su discurso de ayer con la autodefinición de optimista persistente. Pero el optimismo a veces es un pequeño anhelo. No siempre se empatan la realidad con sus vuelos. Vea usted:

“La Secretaría de Gobernación se alista para ‘atenuar’ o evitar la deportación masiva de jóvenes mexicanos procedentes de Estados Unidos.

“La dependencia confía en la atención jurídica de los paisanos, ‘como primera línea de defensa’, porque se trata de mexicanos que no han cometido ningún delito. Pero también se refirió a los elementos legales vigentes para su incorporación al sistema educativo nacional, en caso de que se concrete la deportación.

“Lo anterior, luego de la cancelación del Programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés)”.

Todo eso está muy bien, incluyendo el reforzamiento del programa Somos Mexicanos para darles a los expatriados oportunidades sociales, laborales y educativas.

Pero si vamos a impedir o disminuir las deportaciones (¿cómo?), no tendría caso tan bienhechor programa. ¿O sí? Ahora, si las repatriaciones no son  tantas, ¿cual es el caso entonces del programa?

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

elcristalazouno@hotmail.com

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