Quizá como una prueba de la alta fecundidad de las mexicanas, doña Guardia Nacional, soltera ella, ha tenido ya —al menos en los proyectos de gobierno—, descendencia. Le ha nacido una hijita: la señorita Guardia Financiera.

Así se explica en el decreto presidencial, publicado el jueves anterior en el Diario Oficial de la Federación, de cuya seriedad nadie puede dudar, con todo y el arcaico y un tanto monárquico proemio, cuya redacción anuncia (sin trompetas ni fanfarrias en el Palacio):

“Al margen un sello con el Escudo Nacional, que dice: Estados Unidos Mexicanos.- Presidencia de la República.

“ANDRÉS MANUEL LÓPEZ OBRADOR (con jerárquicas; no gramaticales mayúsculas),Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, a sus habitantes sabed:

“Que la Cámara de Senadores del Honorable Congreso de la Unión, se ha servido dirigirme el siguiente

“DECRETO (más mayúsculas jerárquicas)

“LA CÁMARA DE SENADORES DEL HONORABLE CONGRESO DE LA UNIÓN, EN EJERCICIO DE LA FACULTAD QUE LE CONFIERE EL ARTÍCULO 76 FRACCIÓN XI DE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS,

DECRETA (entre otras muchas cosas, pues éste es apenas un  fragmento entre varios seleccionados para esta colaboración):

“…Implementar en la Guardia Nacional una Unidad Policial Especializada en la Investigación de Lavado de Dinero denominada Guardia Financiera, que debe estar adscrita a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.

“16.- Coadyuvar en la creación de una Unidad de Investigación y Litigación especializada en lavado de dinero y robo de hidrocarburos en la Fiscalía General de la República…”

Pero también:

“…Vamos a proponer, entre otros aspectos, la Ley Federal de Combate de Conflictos de Interés, limitar las adjudicaciones directas y en su caso propiciar su revisión por parte de los órganos fiscalizadores, investigar y clausurar las empresas denominadas fantasma, establecer la obligatoriedad de las declaraciones patrimonial, fiscal y de intereses de todos los servidores públicos, eliminar el fuero de altos funcionarios, fomentar la colaboración internacional tendiente a erradicar los paraísos fiscales, monitorear en línea y en tiempo real el dinero para adquisiciones y realizar verificaciones obligatorias de los precios de mercado antes de cualquier adquisición.

“El combate al lavado de dinero es una prioridad de la presente Estrategia.

Mediante el uso de la inteligencia financiera, se combatirá al crimen organizado como un sistema económico, es decir, en su fortaleza económica.

”Ya se ha derramado demasiada sangre combatiendo las actividades vinculadas al narcotráfico. Concentraremos nuestros esfuerzos en atacar los esquemas financieros de manera paralela a los llamados objetivos prioritarios.

“Con el apoyo del Congreso de la Unión se promoverán las acciones legislativas, operativas, orgánicas, presupuestales para consolidar una unidad policial especializada en la investigación de lavado de dinero (Guardia de Finanzas) y se orientará a la Policía Cibernética a la plena operatividad…”

“…Se fortalecerán asimismo los mecanismos para detectar y sancionar conforme a derecho las diversas modalidades de evasión fiscal, una práctica que causa graves daños al erario y reduce severamente el margen del gobierno para procurar el bienestar colectivo…”

Si bien nadie podría, en su sano juicio, oponerse a la persecución de defraudadores y delincuentes de cuello blanco, hay una aparente contradicción entre los esfuerzos contra el lavado de dinero y la emulación de centros y ciudades enteras (todas ellas hijas del voraz capitalismo y la insana ambición por el dinero),  dedicadas al blanqueo de capitales, el juego azaroso, la ruleta, el veintiuno, la prostitución, las apuestas ilegales,  y demás lindezas propias de quien hace del Becerro de Oro, el dios de su vida.

Por eso causa extrañeza esta idea redentora:

“¿Qué ofrecer a los delincuentes para que dejen de delinquir?

“En primer lugar (dice en otra parte el extenso y deslumbrante decreto), un aumento en la esperanza de vida: los integrantes de las organizaciones criminales suelen morir jóvenes (el promedio de vida de un joven que ingresa a la delincuencia organizada es de seis meses) y de manera violenta.

“Ensanchar las perspectivas de la existencia resulta una posibilidad que casi todo mundo ambiciona.

“En segundo lugar, la posibilidad de llevar una vida tranquila y sin sobresaltos; en tercero, la posibilidad de que encabecen negocios legales y regulares.

“En cuarto, alcanzar la respetabilidad social.

“Ésta es la manera en la que actuó el gobierno de Estados Unidos en los años treinta del siglo pasado para acabar con las mafias que asolaban sus ciudades.

“De ese proceso surgió la bonanza en Atlantic City (con todo y fraudulento casino de Trump), Las Vegas, Miami y otros centros de inversión”.

¿Centros de inversión?

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