Fiebre amarilla

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Por Eleazar Flores

SE ALOCARON.- Además del medio centenar de aspirantes independientes a la presidencia de la república, los azules son tantos que hasta sacaron a Margarita Zavala y respecto a los amarillos ni se diga, ahora resulta que hasta el nezahualcoyense Juan Zepeda buscaría la candidatura.

Eso significa faltarle el respeto a la investidura, la de mayor responsabilidad en México.

PAN.- En las filas del Partido Acción Nacional sigue la guerra fratricida entre el poblano Rafael Moreno Valle y el exitoso  empresario queretano Ricardo Anaya y no obstante haber otras cartas más, la lucha podrían dilucidarla ellos, siempre y cuando Anaya no doble las manos ante la dirigencia del Frente, léase Alejandra Barrales y el jarocho Dante Delgado.

PRD.- En el Partido de la Revolución Democrática Alejandra Barrales no puede salirse del libreto que le escribieron Los Chuchos, -Zambrano y Ortega- por más que quiera demostrar independencia. En esta misma semana definirá si el Frente sigue o de plano hay divorcio pues la senadora también tiene otro compromiso moral con Miguel Ángel Mancera.

Tema separado no es Dante ni el matrimonio Bejarano-Padierna sino el zacatecano Ricardo Monreal, cuyo encuentro con el dueño de MORENA Andrés Manuel López Obrador, agendado para mañana, podría dar algunas variantes. Incluso los chuchos podrían cambiar de actitud en el remoto caso de que el zacatecano regresara a las filas del sol azteca.

ZEPEDA.- Lo que para muchos no tiene nombre es la actitud del hijo predilecto de  Nezahualcóyotl Juan Zepeda, cuya fama trascendió los límites de su municipio para llegar hasta los rincones más apartados de su estado, cuando con la divisa perredista buscó la gubernatura mexiquense. Tan buen papel hizo que quedó en tercer lugar, adelante de la panista Josefina Vázquez.

Pero de ahí a que ahora se sienta con derecho a buscar la candidatura presidencial hay una gran distancia. Seguramente a Juanito Zepeda la dio la enfermedad del tabique, -cuya altura marea a quienes enferman prematuramente el éxito-, pues debería saber que dentro de su partido, incluso sin alianza alguna, hay cuadros con mayor experiencia y merecimientos.

Lo malo de Juan Zepeda es que no hay alguna persona que lo centre para matizarle sus alcances pero sobre todo señalarle sus limitaciones, pues nunca será lo mismo gobernar ciudad Nezahualcóyotl, con una población de millón y medio de habitantes, aproximadamente, contra una población de 120 millones de mexicanos que habitamos este país.

Imagínese que por esas cosas del destino Zepeda ganara, ¿qué haría?, ¿a quienes llamaría para integrar su gabinete?. Ni se preocupe, el rockero e hijo predilecto del que alguna vez fue el municipio 120, no ganará.

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