WASHINGTON.- La estrategia eas disímbola.

Estados Unidos endurece sin política comercial, grava a los productos mexicanos, amenaza con incrementar aranceles y manipula los convenios internacionales.

Mientras tanto, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador pregona la doctrina de «amor y paz» y de no confrontar con la administración de Donald Trump.

Bajo este signo se ha dado la nueva disposición contra el tomate mexicano, una exportación de dos mil millones de dólares anuales que deberá pagar 17.5 por ciento de arancel.

Mucho, si se considera que la mitad del jitomate importado es mexicano y sobre todo que los peques productores de Sinaloa se verán afectados porque exportan 400 millones de dólares anuales, informó el gobernador Quirino Ordaz.

Tras meses de negociación sin acuerdo ni interés de la parte mexicana, este martes se venció el plazo pare eliminar el llamado Acuerdo de suspensión a la Investigación Antidoping a las Exportaciones Mexicanas de Tomate.

Un arreglo vigente desde 1996.

Ha habido un marcado desinterés, de los sexenios anteriores y no se diga de Andrés Manuel López Obrador, porque es el tercer producto que se vende a Estados Unidos, después de la cerveza y el aguacate.

Ante las aplicaciones tan rígidas del gobierno de Donald Trump, la contraparte de López Obrado apena sha ezxpr4esado «decepción y preocupación» ante la falta de un acuerdo para el libre comercio.

Sólo aja opuesto cálculos: ante la imposición del arancel, los productores mexicanos tendrán que elevar sus costos en 350 millones de dólares para el próximo año, a fin de compensar los nuevos aranceles.

Pero no se sabe si el mercado estadunidense estará dispuesto a cargar con ese costo, pues la carga impositiva es para los exportadores y no para los consumidores, cuya protección está a cargo del gobierno estadunidense.

“Se espera que muchos pequeños y medianos exportadores se vean imposibilitados de hacer frente a esta pesada carga financiera”, señala un comunicado de la Secretaría de Economía (SE) como único argumento.