En recuerdo de Aquiles López Sosa: ¿qué es un hombre sin un sueño?

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Aquiles López Sosa fue un soñador de utopías, hombre de lealtades probadas, amigo entrañable y compañero en muchas batallas políticas. Siempre presente en el afecto y en el ejemplo de lo que debe ser el arte de la política, la buena política; Aquiles fue un constructor de puentes, honraba la palabra y sólo sabía sumar. Su ausencia aún duele, dolerá siempre, hacen mucha falta seres vitales como él en estos tiempos de confusión y agravios.

“Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son y cuando el pueblo las canta ya nadie sabe el autor. Procura tú que tus coplas vayan al pueblo a parar, que al volcar el corazón en el alma popular lo que se pierde de gloria se gana de eternidad” decía Facundo Cabral; se cumplen mañana 15 años de la partida de Aquiles, parece que fue ayer, tiene razón el poeta cuando afirma que “solo el olvido te puede matar”.

Otro grande-Alberto Cortez- sostiene “cuando un amigo se va queda un espacio vacío, queda un tizón encendido que no se puede apagar ni con las aguas de un río”; el sábado anterior en “A fondo y en contraste” habíamos platicado con él –Rosy Ramales, Jorge Teherán y yo-sobre sus planes futuros, recién había creado una organización que le serviría como base para intentar alcanzar el objetivo que era –políticamente- su causa de vida, que ese día nos confesó formalmente –era ya un secreto a voces- obtener la postulación de su partido –el PRI- a la gubernatura y de ahí lo que fuere.

Estaba emocionado, ilusionado, pleno, sonriente y confiado en que libraría de la mejor forma las batallas que le esperaban. Pocos días después nos reunimos, lo hacíamos con la frecuencia posible desde los tiempos del 88 en que nos conocimos, cuando, como operador político de Fernando Ortiz Arana, coordinaba la defensa y el debate en aquella Comisión Federal Electoral y había aceptado para el currículum ser suplente en la lista plurinominal. Luego la fortuna le sonrió, al renunciar Abraham Martínez a la diputación, ocupó su lugar, iniciando así una brillante carrera legislativa.

En marzo del 94 vivió con desolación el asesinato de Colosio y en 98 asumió el liderazgo del Congreso de Oaxaca. Esa noche, como la noche de hoy, me comentó que al día siguiente iría a Puebla, quería acompañar al gobernador en una conferencia que daría en la Universidad. Convenimos en vernos a su retorno; por la mañana desayuné con el entonces Secretario General de Gobierno, entre otros temas platicamos de nuestro amigo –que ya enfrentaba la rudeza por sus decisiones- y convenimos buscarlo a su regreso.

Nos despedimos. Eran no más de las diez y media de la mañana; a los pocos minutos de llegar a mi oficina me pasaron una llamada del Secretario, pensé -en broma- “se nos olvidaría pagar la cuenta”; “¿Cómo estás?” me dijo como preguntándome y guardó silencio, luego con evidente tensión agregó “nuestro amigo…del que hablábamos…”…volvió a guardar silencio…¿Quién? Pregunté…Aquiles respondió…se mató…nos quedamos callados… ¿estás seguro?…si, el comandante de esa zona está en el lugar del accidente tiene su credencial de elector…

Ambos nos cuestionamos ¿Cómo decirles a Pati, a sus hijas?…nos despedimos, lloré de rabia e impotencia. Le llamé a Jorge Teherán, lloramos juntos; esa noche lo acompañamos sus amigos –y algunos que no lo eran tanto- vino a su capilla a despedirse su camarada y compañero de muchas batallas Fernando Ortiz Arana, se cosecha lo que se siembra, Aquiles con su bonhomía, sencillez, carisma, se ganó el cariño y conquistó el respeto de cercanos y adversarios, de Tirios y Troyanos. No dejamos de preguntarnos por qué se van primero los buenos y no los malos –recién también recordábamos a otro grande Ildefonso Zorrilla-.

Decía Omar Torrijos que “el rango se otorga, la jerarquía se conquista”, Aquiles se ganó la jerarquía, su nobleza cobijaba incluso a sus adversarios, no fue un hombre de restas solo de sumas, no perdía el tiempo pensando en letras vencidas; convencidos de que “el hombre es él y su circunstancia”.

Con Aquiles, como lo escribió el trovador, le quedamos a deber “la ternura, las palabras de aliento y el abrazo” el haber compartido “la factura que nos presenta la vida paso a paso, las vanidades, los temores y las dudas”, muchos encuentros para soñar con mejores estadios para Oaxaca, algunos de bohemia, buenas viandas y mejor música, que más temprano que tarde volveremos a repetir cuando volvamos a vernos.

Hoy como ayer -cuando transitaba por mi Gulag y escribí parte de estas líneas- un abrazo fraterno para Paty su leal compañera y esposa y para Adriana, Andrea y Alejandra sus hijas, mis sobrinas, de las que Aquiles donde esté, estará muy orgulloso de la estirpe que creó.

Con buenos y bellos recuerdos de los tiempos compartidos, querido amigo.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

RAÚL CASTELLANOS HERNÁNDEZ / @rcastellanosh

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