El Zumbido del Moscardón

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Alejandro Leyva Aguilar

Murió Fidel, rezaban los titulares de la mayoría de los medios en el mundo, el sábado por la mañana, luego de la noticia que diera Raúl Castro sobre el deceso del Comandante el viernes por la noche.

Habría que hacer una investigación exhaustiva para saber cuántos cubanos, dentro y fuera de Cuba realmente están de luto o, como algunos piensan, parte de la Revolución cubana y parte del idealismo castrista, murió con él.

Aún con Fidel vivo, la Isla experimentaba un cambio y era interesante verlo. Me tocó estar en Cuba en 2014 después del anuncio de Barak Obama del fin del bloqueo económico a la Isla y pude ver ondear la bandera estadounidense en la sede de la Embajada
norteamericana en la Habana.

Los cubanos con los que pude hablar, me comentaban de “lo bueno” que era la apertura de las relaciones bilaterales con el imperio y se mostraban animados ante un futuro Lesperanzador para el desarrollo de la Isla.

Había posibles hechos que maduraban la idea de sacar de la miseria a Cuba, estancada en los años 60 posteriores a la revolución de Fidel que culminó el primero de enero del 59, esos posibles hechos, al menos dos, fueron la base de la esperanza cubana: la segura muerte de Fidel y el decreto de apertura de Barak ratificado por Hilary Clinton.

Tal vez, el anciano jefe comandante esperaba ver a su Isla en camino hacia mejores derroteros, pero el martes negro en Estados Unidos y el triunfo de Donald Trump –un tipo igual de populista que Fidel- terminaron por pararle el corazón al legendario guerrillero.

Hoy el futuro de Cuba es incierto. Mientras miles de cubanos festejan la muerte del
dictador, otros tantos miles le lloran en la Isla y lo despiden con tristeza y dolor además de una inmensa sensación de orfandad.

Y es que huérfanos de padre y madre han quedado los “hijos de la revolución”, así como huérfano ha quedado el socialismo latinoamericano.

Ya no está más el consejero precisode las repúblicas bolivarianas, ya cerró sus ojos el adalid del anti-imperialismo Yanqui, ya no hablará más Fidel, el de “la palabra precisa y la sonrisa perfecta”

Como dice Silvio Rodríguez “algo lo borró de pronto, una luz cegadora, un disparo de
nieve”, de allá de las ya no tan eternas nieves del norte, de donde salió otro brusco igual que él llamado Donald Trump.

Por cierto, circula en las redes sociales un decálogo sobre Fidel que dice, palabras más palabras menos:

“No cualquiera tumba una dictadura con 20 hombres desafiando al imperio norteamericano, no cualquiera elimina el analfabetismo en un año, no cualquiera
baja la mortalidad infantil de 42% a 4%… no cualquiera sobrevive a más de 600 atentados contra su vida y a 11 presidentes norteamericanos intentando derrocarlo”

Fidel en efecto aguantó 11 presidentes norteamericanos, pero no le duró 15 días al
presidente electo Donald Trump y entre todas esas verdades, habría que decir que Fidel nunca hubiese sido Fidel, si Cuba no fuera una Isla.

El Comandante confinó a esa Isla a millones de cubanos y a los que no estaban de acuerdo con él y su régimen, los deportó. Por eso los isleños tuvieron que aguantar 40 años de encierro no en una Isla, sino en una cárcel llamada Cuba.

Murió el verdugo y con él, me parece que parte del idealismo, por eso me parece que el futuro no puede ser peor y, con que los cubanos puedan verter en una urna sus deseos, habrán ganado la gloria, una gloria que, en efecto y en los hechos, Fidel les negó.

México recuerda al comandante porque aquí estuvo preso.

El creador de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad (DFS) Fernando Gutiérrez Barrios, detuvo a Fidel Castro y a Ernesto Guevara y los mantuvo presos en el Palacio Negro de Lecumberri.

Luego los soltó, les permitió entrenarse y –dicen los que saben- les regaló el barco
Grandma, con el que atravesaron el Golfo de México y desembarcaron en la Sierra
Maestra para comenzar desde ahí y con sólo 80 hombres, el hito revolucionario del siglo XX. Gobernaba entonces Adolfo López Mateos.

Ese “favor” de Gutiérrez Barrios le dio frutos al país luego de consumada la revolución cubana. Fidel y sus guerrilleros patrocinaron guerrillas en centro y Suramérica, pero nunca se metieron con México.

Y por eso, a pesar del “comes y te vas” de Vicente Fox, México y Cuba han sido y seguirán siendo aún en ausencia del Comandante, dos naciones hermanas.

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