Una de las ocasiones en las cuales la frase del garrote y la zanahoria, o su derivación, la zanahoria colgada de una vara frente a la jeta de una mula cuya corpulencia arrastra un carruaje, fue cuando Winston Churchill se refirió al surgimiento nazi.

“Así, a pesar de los recursos, desde el palo a la zanahoria, el demacrado burro austriaco está hecho para tirar de la carretilla nazi en una colina cada vez más empinada”.

El palo es la violencia, obviamente; la zanahoria, en algunos casos, la ilusión de una recompensa. Y los mexicanos ya hemos tenido en estos días, una dosis suficiente de ambas cosas.

Donald Trump juega al subibaja con el tuit y lo mismo ofende como alaba. La incertidumbre, la bipolaridad y la esquizofrenia a fin de cuentas, son  herramientas políticas para mantener el control de la barca en medio de las aguas agitadas, sobre todo cuando quien las mueve, es el mismo promotor del naufragio.

Pero entre los fenómenos menos visibles de todo este exaltado panorama derivado de la muchedumbre en éxodo de los millares de hondureños, algo cuelga de un hilo: la futura relación entre el gobierno mexicano entrante, y el presidente Trump. Quizá no se requiera la perspicacia de Marcelo Ebrard para darse cuenta de cómo se ha borrado la carta de afectuosa promesa enviada hace apenas unos meses a la Casa Blanca.

“…También, como se lo manifesté en nuestra conversación telefónica, considero que debe atenderse de manera integral y de fondo el problema migratorio, mediante un plan de desarrollo que incluya a los países centroamericanos, donde millones de habitantes no tienen oportunidades de trabajo y se ven obligados a salir de sus pueblos para buscarse la vida y mitigar su hambre y su pobreza.

“…Le comparto que mi gobierno está dispuesto (decía el 24 de julio) a presentar a nuestro Congreso de la Unión la iniciativa y propuesta presupuestal para contribuir con recursos económicos y experiencia propias en este esfuerzo en conjunto.

“Si en este plan participamos Estados Unidos y México e incluimos a los países centroamericanos, aportando cada uno de acuerdo a la dimensión de su economía, podríamos reunir una considerable cantidad de recursos para el desarrollo de la región, los cuales se destinarán en un 75% a financiar proyectos para crear empleados y combatir la pobreza, y el restante 25%, al control fronterizo y a la seguridad.

“De esta manera, reitero, estaríamos atendiendo las causas que originan el fenómeno migratorio”.

Como se puede ver el idílico discurso de la cooperación se ha estrellado con la realidad. Donald Trump no entiende sino con la fuerza (soldados) y los frenos físicos (muros) a la migración de los indeseables criminales cuyo peor delito es ser pobres, prietos e hispanoparlantes.

Por eso el proyecto binacional (lleno de racionalidad y justicia) del futuro presidente de México (lleno de racionalidad y justicia), se ha quedado como una hoja de papel mojado. Al menos cuando uno lee estos datos o las declaraciones del presidente de los Estados Unidos, para quien el problema migratorio mesoamericano y su enorme visibilidad y su resistencia y su insistencia, son pruebas de sus advertencias ante una oleada criminal cuya amenaza es “enorme” para el Tío Sam:

Según los últimos datos oficiales del Departamento de Estado, en el año fiscal 2018 Estados Unidos destinó 84 millones de dólares en asistencia extranjera a Guatemala, 58 millones de dólares a Honduras y otros 51 millones a El Salvador.

El Congreso no ha aprobado aún los fondos que la Casa Blanca solicitó para el año fiscal 2019, que comenzó este mes, pero la propuesta contempla la entrega de 69 millones de dólares para Guatemala, 66 millones para Honduras y 46 millones para El Salvador.

Pese a que Trump ya ha recortado un 29% la ayuda a Centroamérica desde que llegó a la Casa Blanca, en enero de 2017, insiste en que su gobierno entrega “mucho dinero” a esos países, unos fondos que se destinan en parte a programas de apoyo a la democracia y lucha contra la corrupción, además de esfuerzos destinados a prevenir y combatir la violencia, el crimen organizado y el narcotráfico.

“Cada año les damos ayuda extranjera. Y ellos no hacen nada por nosotros. Nada. Y les damos cientos de millones de dólares”, denunció.

Dicho de otra manera: no les vamos a dar dinero si con él se siguen financiando caravanas de migrantes. O regresan a los caminantes o suspendemos toda ayuda. Ese es el verdadero mensaje.

Y en cuanto a México, pues lo de siempre. Hacer cuatro días, bravo, bravo, cantaba la zanahoria porque se enviaron policías federales a la frontera con Guatemala.

Y después, “… la Policía y el Ejército de México son incapaces de detener la caravana de migrantes que se dirige al sur de la frontera de Estados Unidos”.

 

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