¿A QUIÉN CREERLE?-. Imposible ignorar la vista gorda de la que se hacían funcionarios de antaño en las tareas de distribución y venta de hidrocarburos, cuyos puntos finales son las gasolineras y los dueños de vehículos que acuden a llenar tanque pero hoy “sólo 10 litros por unidad”.

Esto es lo que dicen los despachadores de las pocas gasolineras abiertas para atender al público, pero por ejemplo domingo y ayer lunes casi todas estaban cerradas “hasta nuevo aviso”.

REAL O FICTICIA-. No debería verse con frivolidad esta escasez de gasolina que afecta al centro del país y cuyo mal se extiende al norte, dado que llega al transporte público por medio del cual se mueve cuando menos el 70 por ciento de la población rural y urbana. El dicho presidencial de que querer jugar a las vencidas sí que cae en frivolidad en un tema serio y delicado.

Siempre ha sido el camino más fácil culpar al gobierno anterior de todos los males del presente y casi siempre asiste la razón, pero también debería haber mayor responsabilidad de la cuarta transformación enfrentar este y todos los males que les vayan saliendo, valiendo aquí el argumento de que los 30 millones de votos que tuvieron, los comprometen a dar soluciones.

Sus asesores deberían orientar al mandatario quien en su conferencia mañanera afirmó que la “escasez de gasolina es una farsa”, pues la afirmación evidencia desconocimiento de la realidad ya que noticieros televisivos y fotografías de medios impresos no pudieron haber hecho “montajes” de las grandes “colas” de automovilistas para llenar tanque, así les hayan vendido poco.

Tan hueca la afirmación presidencial de que la escasez de gasolina es una farsa como la justificación para reconocer implícitamente la elección, permanencia y toma de protesta del presidente venezolano Nicolás Maduro, con el argumento de respetar en lo interno a todos los países y gobiernos del mundo. Sólo falta que también se elogie y reconozca a Daniel Ortega.

Para entender un poco la extrañeza en torno a la postura del actual gobierno mexicano hacia el gobierno venezolano, debe recurrirse al expediente de su reelección, del desconocimiento del poder legislativo, de la renovación y elección de otro con profundo olor a ilegalidad, tanta que la mayoría de los países latinoamericanos han cuestionado esta “renovación”.

Pero todos estos asuntos de escasez de hidrocarburos, de reconocimiento al gobierno de Maduro en contra de una opinión internacional mayoritariamente en contra, más nos vale irlos asimilando pues de lo contrario seguiremos con sorpresas cada vez mayores que en nada cambiarán el comportamiento oficial. Conste que apenas llevamos un mes de transformación.