Derogar la ley de la gravedad

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Por desgracia para algunos y por fortuna para otros, en este país todo termina siendo un acto militante.

La “sociedad civil”, cuya ideología es no tener ideología sino oportunidad para encabezar cualquier causa pía, ha logrado un acto de división muy notable en estos días en cuanto a si los escombros del terremoto se deben remover para dar paso a la reconstrucción o es necesario seguir en busca de personas vivas (difícilmente) o al menos de sus despojos.

Esa actitud se ha convertido en una postura militante cuyos extremos son a veces risibles. He escuchado a quienes gritonean por las radios “libres”, en torno de la custodia de picos y palas por parte de los compañeros, porque los soldados los están confiscando. Ahora resulta según estos cretinos: el Ejército se quiere robar una pala. O mil. Se necesita ser imbécil.

Pero también se necesita algo de eso para llegar al extremo de ampararse contra la reconstrucción. Y más, para conceder el amparo. Lea usted este ejemplo de cómo los tinterillos de juzgado pueden llevar al extremo una postura con base en la fría aplicación de una aparente violación administrativa:

“(AP).—Jueces federales concedieron suspensiones provisionales con las que no podrán ser demolidos edificios afectados por el sismo del 19 de septiembre, hasta que las autoridades de Protección Civil establezcan con estudios técnicos si es factible o no el uso de maquinaria pesada, siempre teniendo como prioridad preservar la vida de las personas que puedan estar entre los escombros.

“Las suspensiones derivaron de diferentes demandas de amparo, presentadas para defender la posibilidad de hallar más gente con vida.

“En las resoluciones se establece que las autoridades de Protección Civil tendrán bajo su responsabilidad el análisis de la situación en diferentes edificios, y que no podrán ser derribados, mientras haya expectativas de encontrar sobrevivientes.

“Entre los edificios a los que aplica esa medida, están: el edificio multifamiliar de Tlalpan; el de la calle de Puebla 282; el de Petén y Emiliano Zapata; el de Áms­terdam 107; el de Escocia 4, y el de Álvaro Obregón 286, en la Ciudad de México.

“En el caso del colegio Enrique Rébsamen, hubo un desistimiento de la demanda de amparo, por lo que legalmente podría ser demolido.”

A mí me parece interesante esta judicialización de la ayuda, la limpieza, el rescate, la demolición y las futuras etapas. Ya podrían los demandantes gestionar un amparo contra el sismo por venir y, si mucho estiramos la liga de la inocencia, podremos hallar la solución de todo mal: amparémonos primero contra ella y después deroguemos la Ley de la Gravedad. Así ya nunca se van a caer los edificios de La Condesa donde tanta piedad se ha acumulado en estos días.

Ya no habrá necesidad de nada. Seremos felices todos, nuestros edificios no se caerán ni será necesario establecer normas rígidas de construcción para evitar los efectos de los terremotos.

Pero en tanto eso se logra el gobierno debería darles gusto a todos. Dejar a los voluntarios solos al frente de todo afán de rescate y dentro de cinco o diez o los días necesarios para satisfacer su petición justiciera, entonces regresar a hacer las cosas en serio.

A final de cuentas la sociedad civil, dicen, ya se ha hecho cargo. Pues carguen con todo. Pero el gobierno va a hacer eso. Acatará el amparo y trabajará en las condiciones determinadas por los jueces, con los resultados previsibles en cuanto a nulos resultados ulteriores y una visible y satisfactoria pérdida de tiempo en el nombre de lo políticamente correcto.

Por desgracia este tipo de retardos judiciales han estropeado muchos intentos de mejoría en la ciudad. Un caso es el famoso edificio del Condominio Insurgentes 300, en su tiempo un prodigio urbano y hoy un verdadero cascajo vertical sostenido en pie de manera milagrosa.

Lleno de amparos y recursos leguleyos, tanto como los del otro ruinoso rascacielos chaparro en la confluencia de Liverpool, Niza e Insurgentes, ocupado hasta 1985 por la FSTSE y convertido en refugio de miserables y menesterosos. Y ni se cae ni lo demuelen.

El jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera ha dicho (Estrictamente personal, emisión del 25 de septiembre) de su intención de lograr lo imposible desde tiempos de Manuel Camacho en el extinto DFF: derribar los mausoleos urbanos.

A ver si lo consigue.

Por lo pronto cada vez se comprende más lo dicho por el presidente Enrique Peña:

“…lo que no se vale es que haya gente que pretenda obstruir la ayuda con los mexicanos y las autoridades y que quieran ser obstáculo de esa ayuda”.

rafael.cardona.sandoval@gmail.com

elcristalazouno@hotmail.com

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