De Miguel para Alejandra: ¡hasta que te conocí!

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Sin duda, el Divo de Juárez nos dejó un acervo que da para toda ocasión de amor y desamor. Sin embargo, partiendo de la definición de Oscar Wilde citada por Frank Underwood en House of Cards de que “todo se trata de sexo, excepto el sexo, el sexo se trata de poder”; podemos asumir que en las relaciones políticas también se gozan complicidades, alianzas y se sufren desencantos; tal parece ser el caso del lazo –de intereses políticos de futuro- que unía a Miguel Ángel Mancera y Alejandra Barrales, la hasta el pasado fin de semana presidenta nacional de lo queda del PRD. De sobra es conocido que ante la ausencia de cuadros relevantes para imponer una línea de acción en el Sol Azteca, sobre todo a partir de la renuncia del Ingeniero Cárdenas, por esas ironías que parecen ser bromas pesadas, Mancera sin ser militante del PRD tomó el control de la estructura burocrática del partido. En ese contexto se da la llegada de Barrales a la dirigencia, apuntalada desde el Gobierno de la Ciudad de México. La fórmula lucía impecable: Mancera candidato presidencial, Barrales a sucederlo.

Sin embargo, como suele suceder en política, las condiciones derivadas de la debilidad electoral que reflejan las encuestas y las ambiciones por hacerse de candidaturas de cara al año ya en puerta, fueron modificando los escenarios; así surgió el planteamiento del “Frente”, en un principio ciudadano y sin “fines electorales”, alentado principalmente por Ricardito Anaya –el niño Fidencio de la mafia azul-, Dante Delgado –Lex Luthor le llamó Roberto López- y #missprestamoshipotecarios Alejandra Barrales y otros actores que se sumaron para la foto. Visto en retrospectiva, queda claro que desde un principio los dos “caballeros” y la dama tejieron una alianza acorde a sus intereses y se propusieron llevarla hasta el final al costo que fuera.

Percibiendo que estaba perdiendo fuerza –si alguna vez la tuvo-, Mancera elevó la apuesta. Reunió a cuatro tribus que le ratificaron su “apoyo” para ser el candidato presidencial del PRD y en consecuencia disputarle al niño Fidencio la del Frente; cierre de filas que no fue más que pirotecnia, por lo menos dos de las corrientes que supuestamente lo apoyaban ya habían pactado en lo oscurito con Anaya por motivos de supervivencia. En esas andaban cuando Dante Delgado, de muy mala manera y sin cuidar forma alguna, descorrió el velo de los acuerdos: candidatura presidencial para el PAN –léase Anaya-, al gobierno del alguna vez “México Distrito Federal” versión Chava Flores para el PRD –léase Ale Barrales- y Mancera “líder del senado”, posición ofertada tan generosamente imposible de cuajar debido a prohibición legal; ante la “dantesca” propuesta realizada mientras andaba en uno más de sus viajes “frecuenta”, Mancera reviró reconociendo las enormes cualidades de Delgado para ser Secretario de Agricultura.

Finalmente, los acuerdos generales se concretaron. El pastel de candidaturas se pactó al margen de dirigencias estatales, lo cual al tiempo será una bronca; y como lo tenían acordado –el trío de tres- registraron el Frente por México y se impuso lo acordado desde el principio. A Mancera, por no dejar, lo han candidateado para ser un hipotético “Jefe de Gabinete” luego de que rechazó ser el Aurelio Nuño de la coalición. Este -Mancera- por su parte, amenazó y parece que lo cumplirá con mantenerse al frente del Gobierno de la Ciudad de México, como si los habitantes de la Ciudad de los Palacios tuviéramos –me incluyo sin renunciar a mi musa eterna- la culpa de sus fracasos. La Ciudad México lucía ya desde antes del terremoto del 19 de septiembre totalmente destruida, cual si hubiera sido bombardeada, insegura al tope, a lo que hay que agregar –ahora- las edificios derruidos que ya forman parte del paisaje. En este espacio lo apuntamos no hace muchas lunas -y algunos temblores, afortunadamente menores como el de hoy, de 5.5 grados- que era de pena ajena, advertir, que el gobernante de una de la urbes más importantes y emblemáticas del mundo, con todos los recursos en “cash”, políticos, de medios de comunicación y mediáticos para construir una imagen respetable y atractiva para el electorado nacional, estuviera perdiendo –como ocurrió finalmente- la candidatura presidencial, frente a un personaje de muy bajo perfil en su paso por la administración de Felipe Calderón, montado en los cadáveres de Madero, Zavala, Moreno y demás aliados a los que traicionó y en un pantano de negocios sucios, moches y medias verdades.

Consumado el numerito, Mancera, quizá como pago de marcha, recibió en comodato la administración de la dirigencia del PRD. Manuel Granados, su Consejero Jurídico, asumió la presidencia del partido; y para que la cuña apriete mandó a disputarle a Barrales la candidatura a la Ciudad de México a dos de sus funcionarios de primer nivel, en quienes hay que reconocer talento y buenos resultados, Salomón Chertorivski y Armando Ahued. Es evidente que Mancera, aunque muy tarde, comprendió, que Barrales lo utilizó como moneda de cambio y eso sí calienta. Va por la revancha.

En este escenario, su decisión de permanecer en su cargo, si bien es un balde de agua fría para los habitantes de la ciudad (que ya esperaban ver partir al peor gobernante que ha tenido en su historia democrática), le va a permitir operar en diversos frentes, que van desde pactar con Claudia Sheinbaum protección para el séptimo año que es el peor, hasta apoyar por debajo de la mesa a José Antonio Meade, para nadie es un secreto su buena relación con el Presidente Peña; o incluso, finalmente sumarse a su victimario político Ricardo Anaya. En este juego de espejos todo puede pasar.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

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