A lo largo de los años el discurso político en México nos ha propuesto dos extremos ideológicos: los enemigos de la patria y el pueblo capaz de defenderla. Invariablemente el gobierno, sea cual sea su signo partidario, es el intérprete infalible de ese pueblo. La relectura de algunas piezas mayores de la oratoria política nos permite hallar significativas similitudes con los días corrientes.

Veamos. Éstos son fragmentos del último informe de Luis Echeverría, quien llevó a grados espectaculares sus divergencias con  los empresarios y la llamada “clase patronal”.

“…En varias ocasiones he expresado, sobre todo a los jóvenes, que México, con una historia preñada de heroísmo y autor de la primera revolución social de este siglo, cuenta con muy altos ejemplos de entrega patriótica y acción revolucionaria.

“Con aprecio y respeto por el pensamiento universal y por las experiencias de otros pueblos, hemos insistido siempre en la necesidad de alimentar nuestro civismo en la savia de nuestra propia historia y de marchar hacia adelante en la emulación de nuestros héroes, de los nuestros, de los que en esta tierra y por esta tierra se afanaron, de quienes en México y por México vivieron y lucharon.

“Hoy como ayer, deben entenderlo los conservadores, los peones de intereses extranjeros y los pusilánimes: al pueblo, a nuestro pueblo, corresponde ser el protagonista de su historia…”

Estas palabras tienen cierta semejanza con lo dicho por el presidente electo durante la conferencia para anunciar el aborto aeroportuario de Texcoco:

“Imagínense al Estado Mexicano, un estado democrático de Derecho, supeditado a mercados financieros. ¿Quién manda? ¿No es el pueblo? ¿No son los ciudadanos? ¿No es eso la democracia? Ése es el cambio…

“…que se hagan los cambios en el país, que no haya corrupción, ya va a pasar a la historia la época del contratismo voraz…”

Pero habrá quien halle en este discurso ecos de las palabras de Lázaro Cárdenas:

“…El Ejecutivo federal está dispuesto a obrar con toda decisión para que se cumple el programa de la Revolución y las leyes que regulan el equilibrio de la producción y decidido, así mismo, a llevar adelante el cumplimiento del Plan Sexenal, sin  que le importe la alarma de los representantes del sector capitalista…”

Pero más adelante, en el anfractuoso camino de nuestra historia, en la cual conviven Sísifo, Penélope y Teseo, José López Portillo nos sacudió con una filípica contra especuladores y banqueros, contra agentes financieros internacionales y demás:

“…he expedido en consecuencia dos decretos: uno que nacionaliza los bancos privados del país, y otro que establece el control generalizado de cambios, no como una política superviviente del más vale tarde que nunca, sino porque hasta ahora se han dado las condiciones críticas que lo requieren y justifican.

“Es ahora o nunca. Ya nos saquearon. México no se ha acabado. No nos volverán a saquear”.

Hoy las noticias se encargan de la oratoria. Éstos son algunos despechos periodísticos del día de ayer, repercusiones inmediatas en el instantáneo mundo global y digital. No se trata de guiarse por ellas, sólo de tomar en cuenta su existencia:

“…La cancelación de la megaobra del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco afectó al dólar libre, que finalizó la jornada en 20.36 pesos a la venta, es decir 56 centavos más respecto al cierre del pasado viernes, y se compró en precio mínimo de 19.51 pesos en bancos de la Ciudad de México; provocó reacciones negativas en los mercados, aunque pueden considerarse limitadas.

“La reafirmación por parte del Presidente Electo, Andrés Manuel López Obrador, de que la obra emblemática del sexenio peñista no será terminada, provocó que el peso registrara su mayor depreciación frente al dólar en los últimos días, pero en realidad no se trata de una caída catastrófica”.

El presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), Gustavo de Hoyos Walther, llamó al Presidente Electo de México, Andrés Manuel López Obrador, a que reconsidere su decisión sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM) en Texcoco.

“Siempre hay tiempo para corregir”, manifestó el dirigente patronal a través de su cuenta de Twitter @gdehoyoswalther.

“Consideró que el país no merece perder recursos por 170 mil millones de pesos destinados en la inversión de la obra y gastar 120 mil millones de pesos de indemnizaciones”.

MADUREZ

En meses no muy lejanos,  Nicolás Maduro acusó al gobierno mexicano de tramar un  (cobarde) magnicidio en  su contra, o al menos de participar en la trama de un imaginario crimen, después de habernos insultado hasta la saciedad (¿suciedad?).

Luis Videgaray, canciller nacional,  respondió iracundo.  Y nada más.

En esos días nadie rechazaba tanto a Maduro como ahora, cuando ha sido invitado a la ceremonia de investidura de AMLO.

En aquel tiempo, si se hubieran roto relaciones, nada habría ocurrido. Pero nadie lo pidió con la actual vehemencia (¿Demencia?).

 

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