El viernes pasado, mucho antes de la metamorfosis del mitin en BC, —de la dignidad ofendida a la celebración solidaria—, cuando apenas se rellenaban los aviones del entusiasmo patriótico con rumbo a Tijuana y San Diego, —porque no todos caben en los peladeros agrestes de la ciudad de las Lomas, las taurinas y las otras—, ya sin amenazas, esta columna dijo:

“…Como se ve algo ha cambiado en el tono de las relaciones México Estados Unidos y —a mi juicio—, no han sido ellos. Las ofertas y propuestas del idealismo humanista, se han estrellado contra los muros (de todo tipo), del pragmatismo realista. Por eso anteayer la policía frenó otra caravana en Chiapas. Ya se construye el muro del Suchiate, en el Tercer País Seguro”.

El mitin tijuanense mutó de la defensa de la dignidad y la proclamación de amistad; a la exhibición de unidad del pueblo mexicano a cuya solidaridad el Señor Presidente atribuyó el éxito del acuerdo y el exorcismo del demonio arancelario.

Y no fue así: los americanos no llegaron a ningún acuerdo con nosotros. No nos necesitan según dijo el POTUS. Nosotros llegamos a un acuerdo con ellos, por la aceptación de sus condiciones, entonces retiraron el revólver de nuestra cabecita.

Donald Trump, con el dedo en el gatillo, logró en pocos días una definición de política migratoria mexicana, evitada por años: este país se endurece a su imagen y semejanza; y si en meses pasados, él envió 4 mil soldados a la frontera para detener las caravanas, ahora México planta seis mil policías militares de la Guardia Nacional, recientemente creada, en la zona fronteriza del sureste para no perturbar con el sueño americano de los hambrientos, la tranquilidad de los americanos, con miles y miles de centroamericanos a los cuales el Tío Sam no quiere ver.

Pero como no todo puede ser simple rudeza y se deben cubrir ciertas apariencias de humanismo, los Estados Unidos ofrecen asilo a algunos de los miles de demandantes, pero como los trámites en el lugar de solicitud implicarían ya una concesión de estancia en América, mejor enviamos a los hispanoparlantes a donde alguien les entienda, y México nos debe ayudar (si, al fin, es tan bueno), como enorme sala de espera en auxilio de los solicitantes.

La postura mexicana, cuya base fundamental ha sido el ilusorio desarrollo de Centroamérica y el fomento a las inversiones para arraigar a los desheredados; es decir, darles en casa aquello tras lo cual migran, se derrumbó como decía el poeta cursi; “…como cae un árbol cuando lo rajan de pronto los mil cuchillos de un rayo”.

Y ese rayo se llama Donald Trump.

En el documento conjunto se establece algo —entre otras cosas—, con toda claridad: el acuerdo no hace sino formalizar lo ya aceptado previamente: México se va a quedar con nueve de cada diez solicitantes de asilo a los Estados Unidos. ¿Qué hará con ellos? Nada, como no sea aumentar las filas del comercio informal.

Eso significa el críptico mensaje oculto en la “…Instrumentación de la sección 235(b)(2)(C)…”, contenida en el texto del acuerdo, cuyo logro es hoy algo así como la segunda edición de la Batalla de Puebla. O al menos así lo quiere presentar la 4T.

Esto se publicó en la página de la Embajada de los Estados Unidos en México:

“Ciudad de México a 29 DE ENERO DE 2019. A partir de hoy, los Estados Unidos comenzaron a implementar los Protocolos de Protección a Migrantes (MPP), citando la Sección 235(b)(2)(C) de la Ley de Inmigración y Nacionalidad.

“Bajo el MPP, algunos individuos que llegaron o entraron a los Estados Unidos por México —de manera ilegal o sin la documentación adecuada— podrán ser retornados a México durante la duración de sus juicios migratorios. Este plan no aplica para los ciudadanos mexicanos.

“En fecha próxima el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) comenzará a regresar individuos a México a través de los puertos de entrada…

“…A lo largo de los últimos cinco años, autoridades estadunidenses han visto un incremento de 2 mil por ciento de solicitudes de asilo, ya que muchos potenciales migrantes saben que solicitar asilo les da una oportunidad de permanecer en los Estados Unidos, incluso si no tienen un argumento válido para el asilo.

“La mayoría de estos argumentos no cumplen con los requisitos necesarios. De hecho, nueve de cada diez solicitudes de asilo son rechazadas por un juez migratorio por no cumplir con los requisitos”.

El NYT publicó el 13 de junio:

“…Esos casos (de solicitudes hechas a través de la frontera mexicana), se suman a una lista de procesos pendientes en las cortes migratorias que supera el número de 700.000, por lo que podrían pasar años antes de que se tomen decisiones, a pesar de que hace poco el Departamento de Justicia dijo que establecerá metas de tiempo para los jueces…”

Esto significa simplemente la residencia temporal en México de más de 600 mil centroamericanos a los cuales México les debe dar trato humanitario, salud, educación y techo, empleo y seguridad mientras dure un proceso burocrático en Estados Unidos, cuyo desenlace es de suponerse: no les van a dar la garantía de asilarse.

Y nosotros nos quedaremos con el problema.

Pero para evitar el desbordamiento mayor de algo ya de suyo incontrolado (el éxodo de los desesperados), México inaugura su Guardia Nacional Civilmente Militarizada, con un muro de seis mil elementos en la zona fronteriza.

El pacto logrado por Marcelo Ebrard, dice:

“…Los Estados Unidos extenderán de manera inmediata la instrumentación de la sección 235(b)(2)(C) —ya explicada— a lo largo de su frontera sur (o sea, México).

“…Ello implica que aquellos que crucen la frontera sur de Estados Unidos para solicitar asilo serán retornados sin demora a México, donde podrían esperar la resolución de sus solicitudes de asilo.

“A su vez, por razones humanitarias y en cumplimiento de sus obligaciones internacionales, autorizará la entrada de dichas personas mientras esperan la resolución de sus solicitudes de asilo.

“México, de acuerdo con sus principios de justicia y fraternidad universales, ofrecerá oportunidades laborales y acceso a la salud y educación a los migrantes y sus familias mientras permanezcan en territorio nacional, así como protección a sus derechos humanos…

“…Ambas partes están de acuerdo en que en el caso de que las medidas adoptadas no tengan los resultados esperados, entonces tomarán medidas adicionales.

“De ser necesario, México y los Estados Unidos, a fin de enfrentar los flujos migratorios irregulares y las cuestiones de asilo, continuarán sus conversaciones sobre los términos de otros posibles entendimientos, mismas que serán concluidas y anunciadas en un periodo de 90 días”.

Esto significa, simplemente, la fragilidad de este acuerdo cuya revisión será en 90 días. “En caso de que las medidas adoptadas no tengan los resultados esperados (¿por quién, por ellos o por México?), entonces tomarán medidas adicionales.

Pero a fin de cuentas queda, como una espada de Damocles, una palabra contenida en el mensaje de Twitter de Donald Trump cuando anunció la suspensión (no cancelación definitiva), de los aranceles con cuya imposición se iniciaría mañana la demolición de la economía mexicana de manera progresiva.

“Me complace informarles que Estados Unidos firmó un acuerdo con México. Las tarifas programadas para ser implementadas por Estados Unidos el lunes, contra México, quedan SUSPENDIDAS indefinidamente…

“…México, a su vez, ha acordado tomar MEDIDAS SÓLIDAS PARA DETENER LA MAREA MIGRATORIA a través del territorio mexicano y a nuestra frontera sur. Esto se está haciendo para reducir en gran medida o eliminar la inmigración ilegal procedente de México y en Estados Unidos…”

México, arrinconado por las amenazas cedió, aunque logró incorporar en el acuerdo sus principios de fomento económico regional, los cuales son tan ilusorios como distantes en el tiempo.

Sin embargo, hoy miles de voces se escucharán en la frontera. De la garita de Otay, Lomas del Valle, Camino Verde, el Rubí, Jardín Dorado, de las colonias pedregosas y resecas de Tijuana, bajarán miles y miles para acudir a una concentración masiva, convocada para defender una dignidad ya sin amenazas, pero sí un ejercicio de unidad en torno de quien ha salvado a la Nación.

Alabado sea.

 

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