*Urge a AMLO un baño de humildad, sobriedad y cautela

*No se ha desprendido de soberbia, arrogancia y narcisismo

Por Luis Repper Jaramillo*

lrepperjaramillo@yahoo.com

Es un hombre muy, pero muy querido en su país, por su humildad, carisma, don de servicio, agradecido, cercano a la gente. Amado por quienes gobernó de 2010 a 2015. De origen campesino en donde en casa de su padres labró la tierra, sembró y cosechó, no sólo alimentos, sino el cariño, afecto y respeto de los uruguayos.

Es José Mujica, ex presidente de la República Oriental del Uruguay, considerado como el hombre que cambió la forma de hacer política. Una leyenda viva.

Tras la culminación de su mandato Pepe Mujica regresó a su hogar, al campo, a sembrar y moverse en su famoso Vocho (VW Sedán), que tantos mandatarios del mundo, entre ellos Vladimir Putin, de Rusia, quisieron comprarlo ofreciendo lo que Pepe pidiera, la cantidad que deseara. No lo vendió.

Vive del dinero que le corresponde por pensión, rebasa los 80 años de edad y puede caminar por su país con la frente en alto, saludado con cariño por sus paisanos.

Su éxito: humildad y servir a sus compatriotas como uno de ellos, no con la soberbia, arrogancia, displicencia y patanería que caracteriza a los presidentes en el mundo (activos y en retiro). Pepe Mujica supo ganarse el afecto y respeto de su país, por honesto, transparente, por su vocación de servicio y sin corromperse. Hoy es admirado por propios y extraños y en las siguientes frases que acuñó se ve su grandeza: “no soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, vivo con lo justo para que las cosas no me roben la libertad

Una más, “el poder no cambia a las personas, sólo revela quienes verdaderamente son” y para culminar “lo imposible cuesta un poco más, y derrotados son sólo aquellos que bajan los brazos y se entregan

Así fue como mandatario, y hoy como ciudadano uruguayo, Pepe Mujica sigue cosechando lo que sembró: admiración, respeto y cariño.

Volviendo a la realidad, la situación es diferente en México y para ser preciso, en Andrés Manuel López Obrador, quien el 1 de diciembre de 2018, se convertirá en el 57º Presidente Constitucional, pero antes de llegar a Palacio Nacional, ya que rechazó utilizar la tradicional Residencia Oficial de Los Pinos, como hogar y oficinas, deberá quitarse el traje de soberbio que lo caracteriza y dejar de sentirse indispensable para rescatar un poco de la simpatía que le permitió ganar la elección del 1 de julio.

A AMLO le han fallado sus asesores (si los tiene) de imagen, pues por su figura nada han hecho y se conoce al mismo Andrés Manuel de hace tres batallas electorales (versus Calderón, Peña y Meade) y no cambia su personalidad, su discursiva y agresión.

Fue hasta 2018 cuando la fortuna y hartazgo de más de 30 millones de mexicanos –no menos, 30,113,483 como diría aquel- decidieron que ganara, al día siguiente, le afloró la soberbia y arrogancia que durante la campaña NO mostró. El triunfo lo transformó.

Los meses previos al 1 de julio, se vio a un Peje simpático, sencillo, accesible, bonachón, cercano a la gente, “cuate” con los reporteros “de la fuente”, ¡claro, quería votos, quedar bien! Nunca perdió su actitud agresiva y contestaría contra sus adversarios Anaya y Meade. Retador, simplón y afable.

Pero… una vez lograda la meta, sacar de Los Pinos al PRI y aplastar a sus oponentes al 2 y 3 a 1 en preferencias electorales, surgió un cambio radical en la personalidad del tabasqueño. ¡Desde luego! con el triunfo perdió la ecuanimidad, le afloró exponencialmente la arrogancia y hoy se siente indispensable, todopoderoso, el que resuelve con su dedo todas las cosas.

Él, sólo él, dicta, dispone, ordena, fija, decide y designa a la gente, aunque la sociedad, los medios, sus contrapartes lo increpen, descalifiquen y rechacen. Tal es el caso de Manuel Bartlet Díaz, un recalcitrante priista (aunque trate de disimularlo), a quien el Mesías tabasqueño designó como Director General de la Comisión Federal de Electricidad (CFE),  sin tener el perfil profesional, los conocimientos, la capacidad, experiencia y la currícula necesaria, “por las pistolas” de AMLO será titular de esa cartera.

López Obrador, oye, pero no escucha las razones y argumentos de sus detractores para echar atrás esa decisión: “no es el funcionario ideal para el cargo”, “su pasado político lo condena”, “es un dinosaurio ex priista, que responde a los intereses personales de su ex jefe Carlos Salinas de Gortari”; “es el responsable de la caída del sistema en la elección presidencial de 1988, cuando Cuauhtémoc Cárdenas (Frente Democrático Nacional/PARM) ganaban el proceso Siendo Bartlet, Secretario de Gobernación y Presidente del IFE, por oscuras razones “tiró” el Sistema de Cómputo que contaba los votos, y por arte de magia horas después se reanuda y oooh, sorpresa, Salinas de Gortari ya aventajaba y por mucho a su rival de izquierda”  López Obrador no hace caso.

De Manuel Bartlet Díaz se dice, “sólo conoce de la CFE cuando su esposa lo manda a pagar el recibo de la luz cada dos meses”. Aprendió a pagar en los cajeros automáticos de cobro.

La soberbia del próximo presidente de México para el sexenio 2018/2024 es tan desagradable, que cree que él sólo puede gobernar el país. No sabe delegar funciones, sus colaboradores, ahora, y próximos miembros de sus gabinetes legal, ampliado, descentralizados, etc. son estatuas de sal que sólo reaccionan a la voz del amo. No se les ve tamaño para tomar decisiones. Tal es el caso de Marcelo Ebrard Casaubón, quien por dedazo de “ya sabes quién” fue designado Secretario de Relaciones Exteriores (Canciller) y cuando lo acompaña a sus declaraciones de escalinata, no mueve un ojo, si López no lo ordena. Estatua, palo, estaca es lo que parecen sus colaboradores cuando están con el Jefe.

Desde luego que no comparo, sería un despropósito, a Andrés con Pepe Mujica, pero le sugiero al Peje, que le dé una leída, vea videos y pida consejos de la vida personal y presidencial del héroe uruguayo, para saber cómo ganarse el cariño de la gente; cómo gobernar sin la tentación del soborno, la corrupción, los favores y los entuertos que hicieron de las presidencias los gobiernos priistas (con sus honrosas excepciones) y panistas, para no caer en el mismo laberinto de opacidad cada seis años.

Si en su tiempo de Jefe de Gobierno del DF, hizo famoso al tsurito blanco y su chófer “Nico” Mollinedo, tiene en ese detalle un ejemplo para asemejarse a Pepe Mujica, pero los tiempos cambian y seguro será diferente cuando asuma el cargo, pues tendrá que utilizar camionetas último modelo blindadas por su seguridad.

Esto desde luego es sólo un ejemplo porque lo más importante será que desde el 2 de diciembre responda y muestre la verdadera 4ª transformación que prometió al país.

Está a menos de 120 días de protestar el cargo de Presidente de la República, 4 meses suficientes para una dosis de humildad, sencillez, respeto y agradecimiento. Hasta la casa de transición (Chihuahua 126, Colonia Roma Centro) debe acudir un grupo de psicólogos, expertos en imagen, profesores de inglés, conocedores de líneas discursivas, modistos, para ponerlo en sus manos y transformar al contestatario, agresivo, obsesivo, narcisista, arrogante y soberbio, en un personaje sobrio, templado, pensante, inteligente, cauto, modesto, humilde, seguro, que represente a México a nivel nacional e internacional.

Le urge un experto en Comunicación Social, que repase con él, horas antes, los discursos, palabras e improvisaciones para los eventos que presida. Insistirle que si no sabe improvisar, se ciña al discurso impreso o telepronter para no causar vergüenzas, malos ratos y escarnio entre sus similares, los medios de comunicación y vox populi. Ya soportamos por seis años la incapacidad del priista Peña Nieto para hablar en público o intentar decir “algo” sin guion.

Esto que parece nimio, no lo es. Recuérdese, la primera impresión marca para siempre a un político. Cómo no recordar la FIL de Guadalajara en diciembre de 2011, cuando el aun candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto, no supo decir a estudiantes cuáles habían sido los 3 libros que marcaron su vida.

Después, a otra pregunta tampoco supo y además confundió a dos autores de textos clásicos de la historia de México y creyó que mencionando la Biblia como que lo marcó, tampoco le creyeron. Así fue como Peña Nieto se convirtió en escarnio y burlas en FB, redes sociales, comentarios a lo largo del sexenio, como el hombre que nunca ha leído un libro.

Que Andrés Manuel tome estos dos ejemplos que cito: Pepe Mujica y Enrique Peña Nieto, para que forme su propia personalidad, su estilo, experimente en cabeza ajena y deje la arrogancia, soberbia y narcisismo que lo tiene atrapado.

 

 

*Miembro de la Academia Nacional de Periodistas de Radio y Televisión (ANPERT) y de Comunicadores por la Unidad (CxU)