Catequistas por la dignidad humana

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+ Felipe Arizmendi Esquivel

Obispo de San Cristóbal de Las Casas

 

VER

Más de 750 catequistas de comunidades y de adultos, no de niños, en representación de otros 5 mil que hay en nuestra diócesis, han realizado su V Encuentro de tres días, con el objetivo de Revivir, a la luz de la Palabra de Dios y el Magisterio del Papa Francisco, los valores de nuestra dignidad humana, para poder servir mejor a nuestras comunidades y construir un mundo con justicia y paz”.  El tema central ha sido: La dignidad de la persona humana. Su lema: Con dignidad y alegría, evangelizar para cambiar la realidad. Se ha seguido el método tradicional entre nosotros: ver, en la realidad, qué tanto se toma en cuenta o se viola la dignidad humana. Se han hecho exposiciones doctrinales sobre lo que esta dignidad implica, sobre todo a partir de la Sagrada Escritura y del Magisterio eclesial, desde el Concilio Vaticano II. Se han asumido compromisos para transformar lo negativo y para ayudar a que vivamos de acuerdo con el plan de Dios.

 

Desde hace más de 60 años, se inició aquí un fuerte movimiento catequístico en las comunidades. En aquellos años, no se le daba importancia a la catequesis de niños, pues la familia y la comunidad asumían esta tarea. Ahora, tenemos más de 2,000 catequistas de niños, y más de 6,000 de adultos, o de comunidades. La mayoría son indígenas, pobres, campesinos. Se hacen cargo de las celebraciones dominicales de la Palabra de Dios, en los lugares donde no hay presbíteros ni diáconos. Varios son ministros extraordinarios de la Comunión. Se encargan de las catequesis presacramentales y de visitar a los enfermos. Junto con los diáconos permanentes, son una fuerza extraordinaria de evangelización. Aumentan más y más las mujeres en estos servicios. Con su trabajo, se ha logrado disminuir la deserción de católicos y algunos que se habían adherido a otras denominaciones, están regresando al seno de la Iglesia Católica. Sigue habiendo deserción de católicos, pero cada día en menor proporción, gracias a estos catequistas y diáconos.

 

En un trabajo previo a este Encuentro, se preguntó a las comunidades qué tanto se respetaba o no la dignidad de las personas, y en sus respuestas reiteraron que hay avances, pero también persiste el machismo y la minusvaloración de la mujer, la discriminación y el racismo. Afirman que no siempre se respeta a los migrantes y se abandona a los ancianos y a los presos.

 

PENSAR

El Papa Francisco nos ha dicho: “Confesar a un Padre que ama infinitamente a cada ser humano implica descubrir que con ello le confiere una dignidad infinita. Confesar que el Hijo de Dios asumió nuestra carne humana significa que cada persona humana ha sido elevada al corazón mismo de Dios. Confesar que Jesús dio su sangre por nosotros nos impide conservar alguna duda acerca del amor sin límites que ennoblece a todo ser humano. Confesar que el Espíritu Santo actúa en todos implica reconocer que Él procura penetrar toda situación humana y todos los vínculos sociales” (EG 178).

 

“La dignidad de cada persona humana y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política económica, pero a veces parecen sólo apéndices agregados desde fuera para completar un discurso político sin perspectivas ni programas de verdadero desarrollo integral” (EG 203).

 

“Cualquier comunidad de la Iglesia, en la medida en que pretenda subsistir tranquila sin ocuparse creativamente y cooperar con eficiencia para que los pobres vivan con dignidad y para incluir a todos, también correrá el riesgo de la disolución, aunque hable de temas sociales o critique a los gobiernos. Fácilmente terminará sumida en la mundanidad espiritual, disimulada con prácticas religiosas, con reuniones infecundas o con discursos vacíos” (EG 207).

 

“Un ser humano es siempre sagrado e inviolable, en cualquier situación y en cada etapa de su desarrollo. Toda violación de la dignidad personal del ser humano grita venganza delante de Dios y se configura como ofensa al Creador del hombre” (EG 213).

 

ACTUAR

Debemos educar y educarnos para respetar y amar a todo ser humano, desde que empieza su vida en el seno materno, hasta su muerte natural, independientemente de su sexo, raza, color, edad, condición social, opción política, cultura y religión. Toda persona es imagen y semejanza de Dios. Jesucristo dio la vida por todos. Somos hermanos, hermanas, y por encima de todo, está la dignidad natural y sobrenatural que Dios nos ha regalado y que debemos conservar y proteger.

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