¿Candidata? Una actividad de alto riesgo para la mujer

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Jacqueline Ramírez, compañera en el diálogo de las ideas, me hizo llegar la siguiente reflexión, la cual considero profundamente pertinente en el marco del proceso electoral en curso, la violencia de género estructural que padece el país y la indolencia con la que la mayoría de las instituciones del Estado mexicano afrontan o minimizan el problema. Se los comparto:

“Se avecina un proceso electoral muy importante para el país y por ende para nuestro estado. Los oaxaqueños tendremos la enorme responsabilidad de elegir a las mejores mujeres y hombres para que ocupen los distintos cargos de elección popular.

Dada la importancia del proceso electoral, donde están en juego 153 presidencias municipales, 25 diputaciones locales de mayoría relativa y 17 de representación proporcional, 10 diputaciones federales, 3 senadurías y la Presidencia de la República, las mujeres, tal y como lo exige la ley, deberán ser incluidas en igualdad de oportunidades como candidatas. Es aquí donde pongo el dedo en la llaga, porque pareciera que ser candidata a un cargo de elección se ha vuelto una actividad de alto riesgo para la integridad física y psicológica de una mujer.

Una mujer como candidata a un puesto de elección popular tiene que sortear un mundo de dificultades a diferencia de los hombres. Por ejemplo, se enfrentan a una distribución de espacios marcados por evidentes desigualdades al ser colocadas mañosamente en distritos o municipios llamados “perdedores” (por la baja posibilidad de determinado partido o coalición de resultar ganador), se enfrentan a una distribución inequitativa del tiempo en radio y televisión para dar a conocer sus propuestas, a la violencia política que proviene principalmente del electorado masculino, de los candidatos rivales y de los medios de comunicación tradicionales y digitales que se vuelven, muchas veces, replicadores o generadores de publicaciones estereotipadas y machistas que buscan incidir en el electorado.

Y ni hablemos de los problemas que enfrentan al resultar vencedoras de una contienda. Muchas veces son obligadas a renunciar, descalificadas o atacadas en medios de comunicación e incluso dañadas en su integridad física.

Por esto y por muchas cosas más, el avance de la participación política de la mujer se encuentra minado y sigue siendo insuficiente, marcado principalmente por la violencia política, que no respeta lugar geográfico ni partido político.

Me preocupa que este tipo de violencia sea replicada o generada a través de los medios de comunicación, que de una u otra forma permean negativamente a la sociedad.

Actualmente los medios de comunicación tradicionales ya no tienen el monopolio de la información, el internet trae a la arena política los medios digitales y las redes sociales, lo que puede convertirse en un arma de doble filo si estos se ocupan para descalificar o desprestigiar a una candidata; utilizados ambos comúnmente para generar violencia política por razón de género.

Y a estas alturas del proceso electoral, ya empezamos a saber de esas “notas” encaminadas a dañar la imagen de las candidatas, que tienen como fin último que la mujer desista en sus deseos de participar para un cargo de elección, o que el electorado se haga una “mala” percepción de la candidata a costa de dañarle su reputación y por ende sus derechos, sin que nadie se inmute por ello.

Tal y como lo hemos visto en anteriores procesos electorales, muchos comunicadores se encontraban tentados a publicar notas encaminadas a denostar la capacidad de las candidatas o a mostrar alguna foto o video que dañe su imagen, hablar de su vida privada y llenarla de calificativos negativos, sin comprender o en el peor de los casos, con pleno conocimiento de que la violencia política se vuelve en el principal factor por el que las mujeres deciden no participar en cargos de elección popular.

Estamos ávidas de sociedades más igualitarias, donde participar en política para nosotras no se vuelva un permiso para que nos ofendan, denosten, cosifiquen o pongan en duda nuestras capacidades.

Los avances de participación de la mujer en cargos de elección popular han llegado a cuenta gotas. Hablando de América Latina, alrededor de 3 de cada 10 mujeres pueden ascender a un cargo como parlamentaria y 1 de cada 10 gobiernos municipales o locales son dirigidos por mujeres. En México, está visto que a pesar de la exigencia legal de las cuotas de género surgida a partir de marzo de 1993, la inequidad persiste en nuestro país y evidentemente en nuestro estado.

Aunque hemos demostrado una y mil veces que tenemos la capacidad para desarrollar actividades y cargos públicos en igualdad de eficacia que los hombres, en sociedades como las nuestras, sigue pareciendo impensable ver mujeres presidentas o gobernadoras. Y sigue taladrando ese verbo tan recurrente para nosotras: “de-mos-trar”. Porque una mujer, a comparación de los hombres, siempre tiene que “demostrar”.

En esta lucha contra la violencia política a la mujer, los medios de comunicación tienen un papel importante como actores fundamentales de la democracia para promover y fomentar el voto informado. Por favor, que este proceso electoral marque la diferencia y podamos contrastar propuestas y visiones. No quiero saber sobre la vida privada de una candidata, no quiero ver una imagen que la humille o degrade, no quiero que se ponga en duda su capacidad sólo por ser mujer, no quiero saber que la taches de “amante”, de “relleno” y todos esos horribles calificativos que no hacen más que promover estereotipos e ideas misóginas y machistas.

Sé que queda mucho camino por recorrer en términos de lograr una representación más igualitaria para las mujeres en política, y como sociedad tenemos muchos retos, pero también muchas dificultades para entender y concientizarnos de la importancia de la paridad entre hombres y mujeres, porque no basta con que existan más espacios para que las mujeres puedan acceder a un cargo de elección, hace falta reeducarnos para obligarnos a suplir las desigualdades que arrastramos desde hace siglos, pero esto nunca podrá ser posible si como sociedad y como medios de comunicación no ponemos nuestro granito de arena”.

¿Alguien puedes asegurar que esto ya está decidido?

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