Barrales-Anaya: de Atlanta a Miami

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La imagen no tiene pierde. Un sonriente y satisfecho Ricardito Anaya, el Niño Fidencio de la Mafia Azul, observa a Alejandra Barrales, presidenta en funciones del Partido de la Revolución Democrática (teniendo como elemento decorativo las banderas de ambos partidos que representan), anunciar cual si fuera una fecha para recordar, con “bombo y platillo” el resultado de los pactos en lo oscurito a los que han llegado ambos dirigentes. El primero por su desbordada ambición de ser candidato presidencial, la señora Barrales por instrucciones de su jefe político Miguel Ángel Mancera, que anda en las mismas, mientras la Ciudad Capital que desgobierna se hunde en la inseguridad y la destrucción total. Los tres en acuerdo “estratégico” con Los Pinos, instancia que, ante la posibilidad de perder el poder en el 2018, está dispuesta a pactar su entrega a una oposición funcional y condescendiente.

Desbordando emoción, Barrales argumentó “para 2018 en el PRD, hemos hecho un llamado para conformar un gran frente opositor para transformar a México”. Por supuesto las letras chiquitas del “llamado” no las dio a conocer. ¿Transformar para qué? ¿A qué costo? ¿De parte de quién? Por lo que se advierte, el oportunismo es más fuerte que la memoria y ello en buen romance es traición, traición a los orígenes, a los principios y a sus muertos. Lejanos están aquellos días de 1988 en que el PAN, habiéndose acordado un fundamental intercambio de información con el FDN –Frente Democrático Nacional- que postulaba a Cuauhtémoc Cárdenas, de actas, cifras y estrategias; de pronto entró en un esquema de concertacesión que culminó la noche del 27 de agosto, cuando en la casa del entonces gurú empresarial Juan Sánchez Navarro, la dirigencia de Acción Nacional encabezada por Luis H. Álvarez y Manuel J. Clouthier pactaron con Carlos Salinas de Gortari y Manuel Camacho Solís la abstención que permitiría la madrugada del 11 de septiembre la calificación de la elección presidencial en el Colegio Electoral a favor del candidato del PRI.

Peor aún, la decisión de Barrales de sumarse como acólito de la Mafia Azul, por las reacciones que se han dado, hacen evidente que no fue consensada en el CEN de PRD. Fue unilateral, producto de una orden recibida desde el despacho del secretario particular de Mancera y por la ambición desmedida de Barrales de ser la candidata al gobierno de la Ciudad de la México. Recién hace unos días comentábamos en este mismo espacio la lucha tribal a navaja libre que mantienen las “corrientes” al interior del Sol Azteca, los unos por sumarse al PAN los otros por irse con Morena, en ambos casos sin reparar en acuerdos dignos y en las peores condiciones. Por si algo faltara para evidenciar lo evidente, Barrales emitió un comunicado donde pretende engañar con la verdad y lo peor, tratar a la opinión pública como ignorantes, dijo “Estamos convencidos de que requiere un acuerdo nacional. Sin embargo, a fin de evitar una incorrecta apreciación de lo expuesto, me permito precisar que de ninguna manera la conferencia referida tuvo como objeto pre configurar ningún tipo de alianza anticipada para el 2018”. ¿Entonces de qué se trata?

Como era de esperarse, no sólo de los frentes internos surgieron voces cuestionando la apasionada desbarrada de Barrales. El Ingeniero Cárdenas, fundador del PRD y al lado de Porfirio Muñoz Ledo de las figuras más respetables de la izquierda, afirmó que tal acuerdo era una “torpeza” y agregó que “los principios de ambos partidos se contradicen en esencia”; René Bejarano, dueño de la corriente Izquierda Democrática, se deslindó de las negociaciones conducidas desde los sótanos del Palacio del Gobierno de la Ciudad de México. En un mensaje le dijo “Hola. No comparto tu pronunciamiento del día de hoy acerca del llamado Frente Amplio. Es tan solo un disfraz de la alianza con el PAN. Te aviso que nos deslindaremos de tu actuación. Ojala nos hubieras consultado”; Carlos Sotelo, propietario de Patria Digna, sostuvo que la alianza anunciada por su lideresa con el PAN “es una vergüenza” y concluyó “El PAN como el PRI son igualmente responsables del desastre que vive el país”; Alejandro Sánchez Camacho, Secretario de Acción Política Estratégica del PRD, aseguró que lo dicho por Barrales “además de inoportuna, es sólo una opinión personal”.

No faltaron los analistas que consideraron el anuncio de Barrales como, además de fuera de tiempo y circunstancia, una forma de restar posibilidades al evidente ascenso en las predicciones electorales de Juan Zepeda en el Estado de México; a menos de que se tratara de una negociación de largo alcance que llevará a la declinación de Josefina Vázquez Mota a favor del perredista, lo que, si sucediera, en automático convertiría dicha elección en una contiendo de tercios; cosa por demás utópica, ni el “niño Fidencio” ni la señora Barrales tienen la dimensión política para pactar algo más allá de sus ambiciones personales y de grupo, concluyó otro politólogo; incluso, la posición entreguista de Barrales contradice, por decir lo menos, el posicionamiento de los gobernadores Graco Ramírez, Silvano Aureoles y Arturo Núñez, que están por un frente amplio de izquierda, incluyendo al MC, y al PT y actores y organizaciones relevantes incluyendo “Por México Hoy”.
Las redes reflejaron en buena medida el sentir popular. “El eje Atlanta – Miami por la transformación de México” –Irving Rojas-; “Parece que la alianza PAN-PRD en 2018 es inminente. Tan cínica que la pueden encabezar, Mancera, Anaya, Gabino Cué o Moreno Valle. Da igual” –Rodolfo Castellanos-; “El reparto está hecho: La presidencia para el PAN. El Estado de México para el PRI, las moronas para el PRD (o el DF quizá) ¿y AMLO?” –Emiliano Ruiz Parra-; “Barrales de seguro no tiene idea de quienes fueron Ovando y Gil”; “Al PRD le encanta tropezar siempre con la misma piedra. Le puede más su relación con el poder, que su compromiso con la gente” –Alejandro Encinas.

Ya en el desaseo total, ayer Alejandra Barrales, dijo que las alianzas no sólo deben darse con el PAN, sino “con todos”, incluyendo Morena. El colmo del cinismo y la desfachatez.

¿Alguien puede asegurar que esto ya está decidido?

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